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Desventura del Gran Antonio y el funcionario municipal.
 
 
 
 
 
 
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Desventura del Gran Antonio y el funcionario municipal. PDF Imprimir E-mail
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18 de Octubre de 2009

Imagen activaSiempre he pensado que la vida es una caja de sorpresas y que acaba dando más vueltas que un trompo. Este humilde desarticulita no va a realizar ningún alegato sobre el repentino interés de nuestro gran amigo Prats en todo lo referente a las condiciones de trabajo de los  trabajadores municipales.

José Luis Zarazaga.-Tengo que aclarar que todo es ficticio, nada se corresponde con la realidad y simplemente es una simple ironía que refleja fielmente los comentarios de algunos miembros de la corporación  cuando no están los trabajadores aludidos delante.   Nuestra historia comienza con la salida de Antonio Prats, ya como ciudadano a realizar unas gestiones burocráticas que le son necesarias. Nada complicado, un simple trámite. Nuestro amigo se dirigía felizmente, una vez liberado de la pesada carga de ser concejal en activo de la corporación, a sacar un certificado de empadronamiento. Vamos lo típico que le puede pasar a cualquier ciudadano de a pie.

Una vez con los pies en la tierra, ya que algunos políticos locales se creen que están en el cielo, y con sus comentarios en los plenos, lo que están es en las nubes, descubre una raza superior: “los funcionarios”.

    Todos los aspirantes a gobernar la localidad, siempre han utilizado dicho comentario para definir al trabajador municipal: “los funcionarios no son igual que el resto de los humanos”.

   Nuestro amigo Antonio en su feliz aventura por el Palacio Municipal se dirige a la oficina correspondiente y tropieza con la cruda realidad: Para empezar, el ser humano desayuna una vez al día, los funcionarios no. Los funcionarios, vaya a la hora que vaya nuestro amigo, siempre los encontrará  desayunando. Nuestro gran amigo influido por esa gran capacidad de pensar que le caracteriza, acaba con la sana idea de que se ha establecido un servicio de guardia  para que siempre haya uno desayunando.

   Continuando con su periplo y tras cuatro horas de cola, puede exclamar. ¡Por fin, he llegado a la ventanilla!, ¡lo logré!, ah Antonio, tu gozo en un pozo, una voz angelical escondida detrás de un cristal, que parece el torno de un convento, le susurra al odio: “esto no es de mi competencia, lo lleva Fulanita”, ¿y sabe usted que pasa?, pues que está desayunando. Pero la voz angelical le abre un atisbo de esperanza ya que con otro breve susurro le comenta: “Mira Don Antonio, podría haber sido peor, porque hoy quizás no hubiera venido, ya que podría haber cogido asuntos propios”

     ¡Asuntos propios! Exclama nuestro ciudadano inquiriendo una respuesta. Asuntos propios, ¿eso que es una rama de la gripe a?

    La voz angelical cumpliendo con su correcto deber de informar a nuestro ciudadano le responde amablemente: “Es un día libre que tenemos. No es una gripe, pero es igual de contagiosa, porque hoy la tiene Fulanita, ayer la tuvo Menganita, la semana pasada el conserje y así un largo etc.

    Aunque uno sea ateo y republicano, a veces tiene que creer en un atisbo de santidad y como nuestro amigo Antonio ha perdido el sillón  no la santidad, ocurrió el milagro: “apareció Ffulanita”. A nuestro ciudadano Antonio al verla llegar, es que empezó hasta sentir temblores de piernas, la verdad es casi le dio ganas de pedirle un autógrafo.

   Antonio se sintió revivir, por fin había llegado a la cumbre de su objetivo, iba a conseguir salir con el tan ansiado certificado. Antes de poder articular una palabra, Fulanita le espeta de sopetón: “Pero Antonio, esto es urgente”, ¿Cómo has tardado tanto en venir a recoger el certificado?, y claro ante semejante disquisición, nuestro nuevo ciudadano se acojona y dice: “Pues mire, es que vine la semana pasada y usted tenía un día de asuntos propios y su compañero no sabía nada” .Entonces ella te mira como la de Fama , como diciendo: “Buscas el certificado, pero el certificado cuesta, y aquí es donde vas a empezar a pagar con sudor.”

Por fin te da un impreso y te dice: 'Vaya a que se lo selle el oficial adjunto. Y ¿dónde está ese Señor?, bueno pues ahora justamente debe estar desayunando' y ahí se queda esperando al oficial adjunto, y viendo lo cariñosos que son los funcionarios, todos hablando por teléfono con la familia, con el padre, con el tío, con la prima, y claro está nuestro amigo Antonio acaba  solidarizándose con todos ellos, en fin, que se acuerda de la madre que los parió y de todos los santos, hasta los que se habían ido a tomar café.

    Por fin llega el  oficial adjunto, y antes de que nuestro amigo pueda abrir la boca le suelta de sopetón: “Enseguida te atiendo, espera un momento”. Nuestro infeliz solicitante  comprende que cuando un funcionario dice “espera un momento”, lo que para el van a ser dos horas de reloj, son unos minutitos de nada. Pero unos minutitos muy bien aprovechados, porque  cuando viene, vuelve cargado con las bolsas de la Plaza de Abastos, con el pescado congelado goteando.

 Llegados a este punto nuestro amigo comprende claramente que los  funcionarios, como raza superior, tienen el poder de dominar el tiempo. Si por ejemplo, se le pregunta a  un funcionario cualquiera: ¿En qué cae el año que viene el puente de la Inmaculada? Este en  menos de un microsegundo te dirá sin pestañear el año, el mes, el día y hasta te informará de que él ya tiene reservado el puente para irse a Extremadura. El Windows Siete a su lado es como la cuenta de la vieja.

      Por fin, y una vez concluido el milagro, como ya ha conseguido el   certificado sellado, se va corriendo a Eressan, que en el fondo es lo que estaba deseando. La cola de Eressan es como la cola del dentista allí siempre  sabes que algo te van a sacar. Y pasa una cosa curiosa, cuando por fin le toca, el funcionario que está detrás de la mesa  le dice: “Siéntese”.

¡Malo, Malo, Malo!, ¿Ustedes conocen a alguien que le hayan dado una buena noticia sentado?, pero bueno, Antonio se  sienta, abre su carpetilla azul con gomitas donde pone “Impuestos”, saca los papeles, él los coge, empieza a leerlos y también empieza a poner caras raras y mientras lo lee, le mira de una forma intermitente, como diciendo: “Es usted un político inhabilitado”, el muerto de miedo, pensando: “Que habré hecho, yo solamente tuve un tropezón y me caí encima de un policía” Nuestro Antonio acaba sintiéndose  como en el corredor de la muerte, esperando a que  le frían. Y en ese momento suena el teléfono, el tío impertérrito mirando el ordenador... y el teléfono sonando... y el tío mirando el ordenador. Y el teléfono vengar a sonar, y el tío sin hacer caso y vuelta a sonar lo que le da ganas a Antonio de gritarle: “Pero conteste por el amor de Dios,  que puede ser el indulto”

  Por fin le da a una tecla del ordenador y te dice: “pero es que esto está mal”, ¿Esto quién lo ha hecho?, y Antonio totalmente acojonado le  dice: “Pues, Fulanita, pero no le diga que se  lo he dicho yo”; ah vale, pero tendrá usted que traerme otro certificado antes de 24 horas, porque si no el recibo del IBI le va a venir con un 20% de recargo,  ya que estos datos no se corresponden con los de mi ordenador

¡Sacarle otro certificado a Fulanita en menos de 24 horas!, gritó nuestro amigo Antonio, y a continuación le inquirió: ¿No sería mejor y más fácil que yo le comprara a usted otro ordenador? .Pero la próxima vez a mi no me pillan, eh, no, no. La próxima vez, cuando yo acuda a sacar un certificado, primero sacaré el termo de café, mi bandeja con bollos, una exprimidora, dos kilos de naranjas... Y le diré a Fulanita: “Aquí tiene usted el desayuno, pero de aquí no se mueve”. Y colorin colorado creo que el cuento no se ha acabado.

    Debo de volver a aclarar que nada de lo expuesto corresponde con la realidad, ya que el trabajador municipal, o por lo menos la mayoría actúa con total profesionalidad, esto puede que ocurriera en épocas pasadas donde imperaba “el vuelva usted mañana” y que más de un aspirante a político aún añora.

    Espero que mi gran amigo Antonio no se enfade y se lo tome como lo que es, sana ironía, no correspondiendo nada con su forma de pensar, pero si que dejo abierta la duda de que otros de los que andan a la zaga del sillón, si utilizan dichos comentarios cargados de desconocimiento de cual es la verdadera situación del trabajador municipal.

 



  

 
 
 
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