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14 de Febrero de 2021
Anormalidad democrática 
"Esa anormalidad no impedirá, desde luego, que un español opine, aunque sea en campaña electoral donde todo se magnifica, para decir que todo es  mejorable, hasta la democracia española, porque a Islandia, la 1ª de las democracias plenas del Mundo, desde el puesto 19º de España, ni se la ve."
Pepe Fernández.-La vorágine informativa hace que pronto nos olvidemos de aquellas noticias que convirtieron nuestras vidas en otra cosa, en una nueva normalidad porque el SARS CoV-2 así lo mandaba.
Terminado el confinamiento, Pedro Sánchez nos animó a que tomáramos las calles, que moviéramos nuestros ahorros para dejarlos en comercios, cafeterías o viajes. Era la nueva normalidad. Normalidad necesaria pero impuesta que evolutivamente nos desplaza a estadíos muy remotos, casi siderales, de la especie humana cuando se impone un toque de queda a la socialización.
No fue la curiosidad, ni la ingesta de proteínas animales la que nos catapultó por encima de cualquier especie para conquistar el nicho natural  que nos trajo hasta aquí, que también. Fue, sobre todo,  la cooperación y la socialización que con los condicionantes anteriores nos moldearon para llegar en un salto evolutivo a homo sapiens, o casi.
 
Con la democracia ocurre exactamente los mismo por mucho que sobreactúe la derecha y las momias reaccionarias del PSOE que solo ven en Pablo Iglesias, alias "Metepatas", la utopía con la que ellos nunca soñaron, porque de nada sirve el cielo en la tierra cuando solo es reserva de unos pocos, de los más poderosos, priviligiados y  ambiciosos, restando  o suprimiendo  derechos adquiridos a las clases más desfavorecidas.
No es normalidad democrática que un partido político siga ahí con una corrupción sistematizada, juzgado y condenado como partícipe a título lucrativo en la Gürtel y cuando se estima en más de 120.000 millones de euros el coste de la corrupción del PP seguido por los más de 10.000 millones del PSOE. Que la actual dirección ejecutiva del PP en su totalidad, quiera desligarse de su pasado político en un intento vano para proteger a algunos de sus miembros acusados de recibir presuntamente sobresueldos en el gobierno de M. Rajoy, que ya va siendo "esa persona de la que usted me habla, es todo menos normal.
No es normalidad democrática que los miembros conservadores del CGPJ lleven dos años aferrándose a sus sillones para blindar al PP en todos los juicios pendientes relacionados con la corrupción.
 
No es normalidad democrática que el que fuera juez del Supremo y actualmente consejero de Justicia de la Comunidad de Madrid, Enrique López, se reúna con representantes del delincuente Luis Bárcenas y su partido para sondear la posibilidad de "callar" al ex tesorero a cambio de liberar a su esposa Rosalía Iglesias, delincuente también, condenada a trece años de prisión.
No es normalidad democrática que personas que sirvieron a España en las FFAA amenacen con fusilar al amanecer a 26 millones de españoles, incluidos niños, para "salvar España" y menos aún es normal que el jefe del estado callara ante tanta ignominia.
 
Es anormalidad democrática que un rey emérito con el dinero de todos huya - no se ha ido- a un país del Golfo y que el gobierno de la nación no diera cuenta, ni a sus socios, de esta decisión de la Casa Real que ponía tierra de por medio entre España y Juan Carlos I  porque su libertad de movimiento entraba dentro del “ámbito personal”, y normal no es que se fuera a un país donde las libertades y la democracia están ausentes o cercenadas pero al que tiene mucho que agradecer.
Algunos  tuvimos que sufrir esas carencias democráticas en varios países del petrolero Golfo porque profesar amor a España no es  monopolio de la élite castrense.
No es normalidad democrática que se sigan arrojando familias a la calle mientras que ayuntamientos como el de Madrid venden más de 3000 viviendas a fondos buitres.
 
No es normalidad democrática permitir, en uno de los peores temporales  de frio sufridos en España, que las eléctricas suban las tarifas de la luz, y desde luego tampoco lo es que cinco obispos, caterva de curas, políticos y otros cientos de personas hayan “robado” la vacuna contra el Covid a otros cientos de españoles que murieron por no estar en esa lista en la que todos ellos se colaron. La  Conferencia Episcopal española calla, pero tampoco el presidente del gobierno ha puesto ya coto a estos despropósitos. Impunidad e inversión moral. ¿Es eso normalidad democrática?
Si, acaso, estas razones no son convincentes para cualquiera que entienda la democracia como un ejercicio de transparencia que se ajusta a los dictámenes de la Carta Magna española, véase si la creación de una policía patriótica del gobierno de M. Rajoy para construir pruebas falsas contra un rival político o robar documentación de delincuentes que ponen en peligro la honorabilidad, por presuntas financiaciones ilegales y robo,  de los que nos han gobernado, véase, digo, si es eso normalidad democrática.
 
Muchos son las razones, indicios y evidencias que justifican que no existe una normalidad democrática como no hay una normalidad existencial en nuestras vidas encorsetadas con cierres y confinamientos por mor del Covid.
Que nuestra democracia está considerada una de las mejores del mundo –actualmente ocupa, según las fuentes, entre el puesto nº 17 y nº19 de las veinte mejores democracias del mundo- lo sabe hasta el mismo Pablo Iglesias, sin necesidad que se lo recuerden ni la señora Carmen  Calvo ni el señor Pablo  Casado.
 
Al Vicepresidente del gobierno de España se le niega el derecho a criticar una democracia, que siendo plena ocupa el penúltimo puesto de una lista de veinte, igual que se le niega el derecho a hacerlo con la Casa Real o sus miembros cuando llenan las portadas de todos los periódicos y televisiones del mundo por los escándalos del emérito y toda su familia, alguno encarcelado.
 
No es de extrañar que los poderes económicos de este país, que tan bien representa figuras como Felipe González, que fuera consejero de Gas Natural y  ahora consejero de Boluda en su sección de remolcadores, no quiera ver ni en pintura a quien con sus acciones en el gobierno de coalición quiere recuperar y avanzar puestos de ese ranking democrático mundial y poner sobre la mesa las carencias y la anormalidad de un país que antes o después darán la espalda a instituciones que se perpetúan gracias a los que ponen en tela de juicio la libertad de expresión o crítica. 
Esa anormalidad no impedirá, desde luego, que un español opine, aunque sea en campaña electoral donde todo se magnifica, para decir que todo es  mejorable, hasta la democracia española, porque a Islandia, la 1ª de las democracias plenas del Mundo, desde el puesto 19º de España, ni se la ve.


 

 
 
 
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