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07 de Octubre de 2012
Imagina… que eres Policía Nacional
"Anoche, al acostarme tras ver las imágenes de todo lo acontecido en torno al Congreso de los Diputados, y en medio de una enorme tristeza, venía a mi cabeza el eterno tema de Lennon “Imagine”, y por un momento cambié una estrofa para incluir una letra alternativa: imagina… que eres un policía nacional.
Imagino así a un niño feliz que descubre a través de las películas de policías y ladrones un sentido de la justicia que le resulta de pronto atractivo, imagino de este modo un joven idealista que poco a poco ve como sus preferencias profesionales se orientan hacia una vocación de servicio público: imagino cómo soy yo mismo ese joven, y cómo en pleno auge de ese idealismo juvenil me entusiasmo ante la idea de poder servir a mis vecinos protegiendo su seguridad, sus bienes, sus vidas, y de este modo poder contribuir a que desarrollen sus propios proyectos vitales en paz.


Imagino los años de preparación, de estudio, de entrenamiento y de desempeño laboral, imagino el buen ambiente de camaradería y compañerismo durante los mismos y entonces veo como mi sueño se transforma en pesadilla poco a poco, como aquel ideal de justicia a través de la ley comienza a convertirse en una quimera.

Las condiciones en las que desempeño mi trabajo son cada vez peores, el material queda caduco y sin renovar, y ciertos equipos empiezo a tener que pagarlos de mi bolsillo. Mi sueldo se va recortando, y los gastos de mi casa y mi familia van en aumento. Pero eso no es lo peor. Mi trabajo se ve continuamente cuestionado, y las leyes que yo he jurado defender no se aplican. Meses y meses de trabajo se tiran por la borda por absurdas decisiones judiciales, y los delincuentes que acabo de detener son inmediatamente puestos en libertad.

Me obligan a vulnerar la ley a mi mismo, tengo que dejar pasar y hacer la vista gorda ante los atropellos de la clase política y judicial, y encima algunos periodistas me presentan a mi como el malo de la película. Una parte de la sociedad me mira no ya como la persona que vela por su seguridad y sus bienes, sino como un perro de presa al que deben temer y despreciar. Y los que dirigen los servicios de seguridad del Estado ponen en la calle a los que han estado asesinando a mis compañeros. Y los políticos corruptos se tapan sus miserias a través de una justicia putrefacta y tiran todo mi trabajo a la basura.

Hoy me toca ir a trabajar al Congreso de los Diputados. Tengo que protegerles a ellos, a los que me desprecian, a los que esterilizan mi trabajo, a los que me están recortando el sueldo, a los que siempre salen impunes hagan lo que hagan porque han llegado a corromper todo el sistema hasta los tuétanos, a los que han robado y tirado por la ventana el dinero de todos, a los que han estado gastando unos fondos que ni siquiera tenían en contarnos a los ciudadanos el cuento de la lechera, para hacernos creer en los buenos que son, para intentar comprar nuestro voto prometiendo libros gratis, casas gratis, ordenadores gratis, médicos gratis, todo gratis que no pasa nada, se deja sin pagar y ya está.

Y ahora estoy frente a algunos de mis vecinos, que están tan cabreados como yo, y sin embargo no puedo decirles que yo soy el primero que estaría junto a ellos manifestando mi completo hartazgo y pidiendo una reforma total del estado, la apertura de un nuevo proceso constituyente. Pero por allí empiezan a asomar los de siempre, los que aprovechan por sistema las aguas revueltas, los alucinados que aún sueñan con absurdas revoluciones y que no conocen otro medio de volver a acceder al poder que abducir con sus soflamas antisistema a los más jóvenes e idealistas. Y ya vienen de bronca.

Comienzan a caer piedras y botellas a mi lado, los encapuchados ya están derribando las vallas de protección, y comienzan con su habitual letanía: sistema fascista, capitalismo criminal, banqueros malos y claro, como no, sus habituales gritos contra mí: ¡policía represora! ¡hijo de ....! ¡lacayos! ¡cipayos! ¿Cómo puedo seguir soportando todo ésto?. Pero conozco el protocolo de actuación, soy un profesional, seguramente tengo que dejarme agredir antes de iniciar ninguna acción, tengo que mantener la cabeza fría. Yo no puedo responder por mi cuenta, debo permanecer impasible. Sólo actúo cuando recibo la orden de hacerlo, cuando lo estimen conveniente mis jefes. Y la orden llega cuando ya han roto el cordón de seguridad, ahora hay que hacerlos retroceder, es absolutamente imposible NO HACER NADA.

Lo de siempre. Ya corren por la red innumerables fotos de jóvenes sangrando, ya somos de nuevo el chivo expiatorio, volvemos a ser los perros represores al servicio del sistema y del “capital”, ya tenemos de nuevo la gigantesca operación de propaganda y manipulación montada. Pero hoy, al día siguiente, lo único que veo es la factura de la luz de este mes, y veo cómo casi no podemos acabarlo sin entrar en números rojos, y lloro de rabia y de impotencia. Hoy me sobran los que, estando arriba han destrozado mi país, mi vida, mi familia y mi trabajo, y hoy me sobran los que, con sus ansias infinitas de poder, se dedican a manipular y pervertir a una juventud desesperada blandiendo sloganes del siglo diecinueve contra el capital o el fascismo. Hoy, la inmensa mayoría de españoles estamos desamparados, sin que nos represente nadie ni en los escaños ni en las calles. Y hoy estoy más harto e indignado que nunca."

Alejandro Campoy Osset  es profesor de Enseñanza Secundaria de Geografía e Historia
 
 
 
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