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24 de Enero de 2016
Gárgoris 8 (III)
Manuel Jesús Parodi Álvarez.-La socialización del conocimiento es una herramienta esencial de cara a la divulgación de la investigación (y del propio conocimiento en sí mismo, naturalmente): si como decía Agustín de Hipona, San Agustín, “sólo se ama lo que se conoce” (aserto famoso atribuido al santo africano y que tanto acierto lleva en sus sílabas), la difusión y la divulgación del saber (en cualesquiera de las facetas y aspectos del mismo, ya sean de una naturaleza o de otra) serán elementos fundamentales de cara a la mejor consecución de lo contenido en la idea del hiponense.
Esto viene a suponer, y según el pensamiento recogido hace más de milenio y medio en el citado aserto agustino, que es imprescindible conocer para amar, para apreciar, para valorar, y que sólo en el conocimiento de las cosas (y digamos “cosas” como término general, en el sentido del latino “res”) está la clave para alcanzar la inteligencia de las mismas, una inteligencia que no sólo habrá -para ser completa- de estar regida por el hemisferio izquierdo de nuestro cerebro, sino que habrá de ceder su parte igualmente al derecho, lo que es decir, a los campos de nuestra creatividad, de nuestro espíritu creativo más puro.

En lo que toca a la difusión del conocimiento histórico en (y sobre) Sanlúcar de Barrameda puede decirse que en nuestra ciudad somos verdaderamente afortunados, pues (y no es algo nuevo ni propio de estos últimos tiempos, con mucho) contamos con distintos entornos de acción del mismo (id est, entornos de acción del conocimiento histórico y patrimonial y su divulgación), con diferentes espacios (tangibles y virtuales, pero igualmente reales en uno u otro caso) -a su vez- desde los cuales se desarrolla esta tarea de socialización del conocimiento desde la convicción de que, como venimos señalando (y tratando de poner en práctica, queremos creer, con trabajos como esta serie de artículos dedicados a la divulgación histórica y de nuestro Patrimonio), se trata de una verdadera necesidad, de un construir para todos, de un trabajar por el bien colectivo más allá de particularismos, de puntualidades, de cuestiones pequeñas y parciales que en el fondo no afectan, ni en las formas deben afectar, al conjunto de las cosas, a la generalidad de las cosas, al espíritu de las cosas.

Una de las ventajas de ser no sólo historiador sino (dentro de los campos de especialización en el contexto de la Historia) especialista en Mundo Antiguo (lo que incurre en mi caso personal: es de creer que son de las pocas ventajas que tiene mi oficio, en realidad…) radica en saber (en tener la certeza de) que no somos los primeros en absolutamente nada que pensemos (bueno, esto es matizable), que hagamos (esto también admite matices) o que llevemos a cabo, y ello ya sea a nivel teórico o práctico: el “adanismo”, esa perversión propia de “culticatetos” o “tontifuriosos” (que dirían algunos), consistente en creer (o hacer como que se cree) que somos los primeros en algo, que aquello que hacemos es lo primero que se hace (en un determinado campo, espacio, o materia del trabajo, del conocimiento, y ello no como excepción loable, sino como regla y norma absoluta, como terreno de base), no es sino eso, una perversión propia de ignorantes y de malintencionados (en realidad no son cuestiones excluyentes: se puede ser ignorante y tener muy malas intenciones…).
 
  Uno de esos espacios propios para la difusión histórica es, precisamente, el de la revista de Historia y Arqueología del Bajo Guadalquivir, “Gárgoris”, que como sabemos viene haciendo su modesto camino desde el año 2012 y que este pasado mes de diciembre diera a la luz su octavo número.
En los dos anteriores artículos de esta serie hemos venido centrando nuestra atención justamente en el mencionado número 8 de la revista “Gárgoris”, correspondiente al segundo semestre del pasado 2015 y aparecido recientemente (hace unas pocas semanas respecto a la publicación de estos párrafos.
 
Abordábamos en dichos precedentes artículos de esta cabecera los contenidos de los diferentes apartados de la revista, y nos deteníamos a considerar algunas de las diversas cuestiones esenciales que guardan estrecha relación con la propia esencia de esta publicación divulgativa que edita la asociación de Amigos del Libro y las Bibliotecas “Luis de Eguílaz”, cuya presidencia de Honor desempeña la Excma. Sra. Doña Beatriz de Orléans-Borbón y cuyo presidente es don Rafael Pablos Bermúdez, maestro de generaciones de sanluqueños, Insignia de Oro de la Ciudad.
 
En otro orden de cosas, y siempre atendiendo a la realidad de la publicación, a todos los agentes, factores y elementos que la componen y que dan forma a sus perfiles, es de recibo señalar una vez más que la revista es posible gracias al esfuerzo realizado por todos los patrocinadores de la misma, por todas las empresas de la ciudad y la comarca que brindan su apoyo para que este espacio de divulgación histórica y patrimonial siga siendo una realidad que acude fielmente a su cita con los lectores cada semestre desde hace ya casi cuatro años.
Si en los artículos que han antecedido a éste nos ocupábamos de la Presentación de la revista, así como de las secciones “General” y “Miscelánea” queda ahora traer a colación el último de los contenidos de la misma, la sección que, como en todos los números anteriores da cierre a este octavo número de la revista de Historia y Arqueología del Bajo Guadalquivir, “Gárgoris”.
 
Se trata de la sección de “Reseñas”, que en cada número de la revista se ocupa de acercar a los lectores un libro que bien se ocupa de Historia de la ciudad, o de Historia de la comarca, con independencia del origen de su autor o autores, sin exclusión, igualmente, de libros escritos por autores procedentes de nuestra ciudad o de nuestra comarca aunque (en este caso) sus contenidos puedan no encontrarse directamente relacionados con Sanlúcar de Barrameda o con el entorno de esta gran región histórica del Bajo Guadalquivir.
En este caso la reseña corre a cargo de quien suscribe estas líneas, Manuel J. Parodi Álvarez, y se centra en el libro de Francisco Pacheco Isla titulado “En busca de las especias. La Primera Vuelta al Mundo”, editado por la Fundación Puerta de América y publicado por Gráficas Santa Teresa en Sanlúcar de Barrameda el pasado año 2015 (ISBN 978-84-606-9532-5 y Depósito Legal CA 282-2015).
 
El volumen cuenta con 299 páginas, con ilustraciones a color, y representa un estudio del trabajo de Antonio Pigafetta (su relato del viaje de Magallanes-Elcano) que se presenta acompañado de otro trabajo sobre el “Derrotero” firmado por Antonio Albo de ese mismo viaje, junto a un estudio preliminar a cargo del propio Pacheco Isla sobre la economía de la época y cuatro reseñas biográficas  (de Magallanes, Elcano, Pigafetta y el citado Albo), todo lo cual da forma a esta estudio de perfil sanluqueño del Viaje de Magallanes-Elcano.
 
Todos los trabajos de Manuel Jesús Parodi publicados en SD  VER