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Apuntes de Historia CCLXXXIX
 
 
 
 
   
 
Apuntes de Historia CCLXXXIX PDF Imprimir E-mail
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22 de Julio de 2018
De qué hablamos cuando hablamos de Las Covachas (II)
Manuel Jesús Parodi Álvarez..-Hablábamos hace unas semanas de la naturaleza de Las Covachas, de su posible origen, de la identidad y naturaleza de este espacio casi mítico en el corazón de nuestra ciudad, que sirve como verdadera bisagra de conexión estética e identitaria entre los dos núcleos vertebradores de la Sanlúcar histórica, el Barrio Alto (en la corona de la Barranca sanluqueña) y el Barrio Bajo (el viejo Arrabal de la Ribera, engarzado junto a la no menos antigua -de hecho, incluso más- Judería de la Sanlúcar medieval), abierto al río y al océano.
    Retomábamos de ese modo una cuestión a la que nos habíamos acercado con anterioridad en varias ocasiones, dentro y fuera de esta serie, no buscando las claves funcionales históricas de Las Covachas, sino la naturaleza misma de este emblemático hito patrimonial sanluqueño, que hunden sus raíces en lo más profundo (literalmente) del pasado de estas tierras, de estas costas, de esta Barranca litoral.

  Las Covachas no son solamente los arcos de ojiva decorados profusamente, ese aparato de propaganda de la Casa Ducal de Medinasidonia abierto al río y al Atlántico, un proyecto de monumentalización de la Casa de Guzmán que acabaría quedando incompleto posiblemente por las cuitas internas de los Guzmanes hace 500 años…

    Al hablar de Las Covachas efectivamente estamos hablando cuando menos de una realidad triple, que se refiere a los arcos monumentales mencionados y bien conocidos, al espacio que se abre ante los mismos, así como a la oquedad que dichos arcos monumentalizan, una oquedad que como entendemos puede remontar su antigüedad a tiempos bien remotos.

    Los recientes trabajos arqueológicos llevados a cabo en el contexto de la recuperación del histórico Mercado de Abastos de Sanlúcar, recientemente reabierto al público, han arrojado nueva luz sobre la Historia de nuestra ciudad merced a los hallazgos materiales muebles (cerámica, por ejemplo) en curso de estudio en el momento presente, así como inmuebles -como es el caso del pavimento del siglo XVI correspondiente al viario sanluqueño de la época de la Primera Vuelta al Mundo (la antigua calle Jardines de la Sanlúcar tardomedieval y altomoderna), conservado “in situ”, en su emplazamiento original, el que fuera dispuesto hace medio milenio.  

    Cerámicas medievales y modernas, procedentes de Europa, América y aun de Asia han aparecido en el transcurso de estas intervenciones arqueológicas, así como otros materiales arqueológicos (igualmente en curso de estudio y que por ello han de ser tratados con suma discreción y prudencia) que pueden incluso llegar a retrotraer la presencia humana, la huella antrópica, en el contexto de la Barranca sanluqueña y especialmente en este ámbito de transición entre la orilla y la tierra firme que sería precisamente el actual contexto de la Cuesta de Belén y la Trascuesta, hasta varios milenios atrás en el tiempo respecto al momento presente, lo que podría llevarnos quizá hasta la Protohistoria.

    Esta huella antrópica protohistórica podría señalar en la dirección de la naturaleza acaso primera de la oquedad de Las Covachas, un abrigo abierto en una barranca, en ámbito costero, que no es de descartar pudiera haber incluso sido empleado como espacio de hábitat en sus primeros momentos de ocupación y que ha de relacionarse justamente con el poblamiento de este espacio (Sanlúcar hoy) en época protohistórica.

    Un espacio, el de la oquedad de Las Covachas, quizá creado por mano humana en esta ladera (en cualquier caso, totalmente antropizado hoy día) y que habría desempeñado una función “nodal” en la Historia del poblamiento en la desembocadura del Guadalquivir (que cuenta con paralelos en las costas andaluzas, así como en otros contextos de la misma Sanlúcar de Barrameda), y muy especialmente en la Historia de nuestra localidad, del poblamiento en Sanlúcar de Barrameda.     

    Y quizá por ello Sanlúcar ha ido cubriendo, siglo a siglo, Las Covachas con capas y capas de Historia, al modo paciente y callado en que la ostra, en su hábitat del lecho marino, va poco a poco envolviendo el granito de arena que una vez se coló en su seno con capas y capas de sí misma hasta que acaba por convertirlo finalmente en una perla, precisamente como ha hecho Sanlúcar con la vieja oquedad de su Barranca.

De esa misma manera este espacio auténtica y singularmente nodal de nuestra Historia, quizá el testigo de una de las más remotas fases del poblamiento humano permanente (de la sedentarización del poblamiento humano) en el ámbito costero de la desembocadura del Guadalquivir, y más concretamente en el contexto del actual término municipal y casco histórico de Sanlúcar de Barrameda, el espacio de Las Covachas, ha ido siendo recubierto por distintas capas de Historia, por diferentes capas de la Historia de Sanlúcar de Barrameda.

De este modo el espacio y el entorno de Las Covachas (entendidas como esa realidad múltiple que subyace bajo el concepto y la realidad de Las Covachas) ha ido viéndose envuelta de la mano del devenir de la evolución histórica de la ciudad, que lo ha ido modificando incluso materialmente, al tiempo que lo ritualizaba, lo fosilizaba y lo monumentalizaba, dándose forma a dicho espacio múltiple, verdadero corolario de la Historia sanluqueña, que son Las Covachas (entendidas como conjunto, como realidad múltiple, como venimos señalando: oquedad, aparato estético monumental y espacio urbano).

Así, quizá, la ciudad ha ido encapsulando bajo capas de su Historia uno de los espacios esenciales del poblamiento primigenio en el entorno de la Barranca, quizá en la época Antigua, quizá incluso en la Protohistoria, de manera que lo que pudo ser un hábitat en cueva en el contexto de la Barranca, más concretamente en el espacio de interacción entre la Barranca y la playa.

Se trataría, quizá, de un ámbito funcional (la oquedad que es la verdadera matriz de lo que entendemos como “Las Covachas”) activo ya acaso hace miles de años, y al que una suerte de inconsciente colectivo de la comunidad que sigue viviendo aquí mismo milenios después de que esa oquedad, de que ese abrigo costero comenzase a prestarse como espacio de hábitat humano, entiende de algún modo como parte de su pasado más remoto y precisa justamente por eso –andando el tiempo- sacraliza, ritualiza, monumentaliza…, e incorpora al elenco de sus elementos clave, al corolario de sus esencias más propias, más íntimas, más estrechamente vinculadas con lo sanluqueño.  

Todos los trabajos de Manuel Jesús Parodi publicados en SD  VER

 
 
   
 
     
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