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Apuntes de Historia CCXXXVI
 
 
 
 
 
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16 de Julio de 2017
En torno a la Primera Circunnavegación de la Tierra (II)
Manuel Jesús Parodi Álvarez.-Hemos señalado en más de una ocasión que el río Guadalquivir (al que en textos anteriores de esta serie hemos denominado “río-puerto de la Modernidad”), tiene en Sanlúcar de Barrameda y Sevilla sus dos ejes fundamentales: el pivote de Sanlúcar de Barrameda, en la costa, y el de Sevilla, tierra adentro; no está de más volver sobre estas reflexiones de cara a reconsiderar el papel desempeñado por nuestra ciudad en el hito histórico de la Primera Vuelta al Mundo, en los albores del siglo XVI.
Sanlúcar de Barrameda y Sevilla. Son éstos los dos verdaderos núcleos articuladores principales del desarrollo histórico (en lo económico, lo, cultural y lo político…) del curso bajo del Guadalquivir, de forma que se hace harto complicado (en líneas generales, pero más especialmente en todo lo que se refiere al río y a la Primera Circunnavegación de la Tierra) atender la Historia de uno de estos espacios vehiculadores sin considerar el pasado del otro, de tal manera se encuentran anudados en el ovillo de la Historia.

Enclave verdaderamente privilegiado en el amplio marco general del Golfo de Cádiz, auténtico eje neurálgico del ámbito de la desembocadura del río Guadalquivir, Sanlúcar de Barrameda es un espacio determinante en el desarrollo histórico de las navegaciones oceánicas, un punto de inflexión total en el marco de los viajes marítimos y las exploraciones que vinieron a modelar los perfiles del Orbe terráqueo a caballo entre los siglos XV y XVI, en la transición entre las Edades Media y Moderna en nuestro horizonte cultural europeo, occidental.

Estas grandes expediciones marítimas (portuguesas, castellanas) señalaron un antes y un después en nuestra Historia, y permitieron dar los que habrían de ser los primeros pasos acometidos en el paulatino proceso de “mundialización” del planeta e hicieron de Sanlúcar de Barrameda (como venimos señalando desde hace ya años) un auténtico “Cabo Cañaveral”, un “Baikonour” de las expediciones marítimas de la referida época (en las citadas décadas a caballo entre los siglos XV y XVI).

El de Sanlúcar es, pues, e históricamente hablando (y no nos cansaremos de insistir en ello), un núcleo privilegiado, un espacio esencial para un marco histórico, geográfico y cultural fundamental para la Historia de la Humanidad como es el del Golfo de Cádiz y, muy especialmente, en lo que se refiere a la desembocadura y el curso bajo del gran y viejo río Guadalquivir, el Baetis de los romanos, el Tertis de los tartesios.

Sanlúcar es fundamental para la Historia de esta gran región, hasta el punto (y sirva un botón de muestra) de que la ciudad Sevilla se conquistó por el río, desde el mar, precisamente desde las costas sobre las que reina Sanlúcar de Barrameda, a mediados del siglo XIII; Sevilla volvió a la órbita cultural europea, de tradición cultural latina (a la que históricamente pertenecía esta región), desde el mar, por el río, desde Sanlúcar de Barrameda, reinando Fernando III el Santo en Castilla, hace tres cuartos de milenio.

Y Sanlúcar de Barrameda, lo hemos dicho y lo diremos, es el “Alfa” del contexto económico y del entorno portuario polimórfico que históricamente constituye el río Guadalquivir, con Sevilla como “Omega” del mismo, algo que se haría verdadera y notoriamente palpable, por ejemplo, con la organización, el desarrollo y la culminación de la Expedición Magallanes-Elcano, a principios del siglo XVI.    

En aquellos momentos, la Sanlúcar del principios del siglo XVI, capital de los estados del Señorío de la Casa de Guzmán, aparecía como una ciudad próspera, un auténtico crisol de culturas, un núcleo económico, estratégico, en la desembocadura del Guadalquivir, cuajada de iglesias, de conventos, y es fácil imaginarla agitada por el bullicio de los comerciantes aquí instalados al calor de la prosperidad de sus negocios, animada por el ir y venir de gentes de todas las procedencias, llenas sus calles por el sonido de muy diferentes lenguas…

Palabras pronunciadas con múltiples acentos, voces y tonos procedentes de uno y otro confín de la Geografía, hacían de la ciudad -y especialmente de su Arrabal de la Ribera, el embrión histórico (junto con la vieja Judería) del actual Barrio Bajo sanluqueño- un paisaje cosmopolita en el que los negociantes extranjeros se mezclaban con la población local hasta formar un todo, una realidad global y poliédrica, de la que sin lugar a dudas la actual Sanlúcar de Barrameda es en la actualidad heredera y continuadora.

Y ese escenario privilegiado será el testigo y protagonista de la partida y el regreso de la Expedición Magallanes-Elcano, cuando en septiembre de 1519 se hicieron a la mar desde estas playas cinco naves comandadas por Hernando de Magallanes (las naos San Antonio, Trinidad, Concepción, Victoria y Santiago), volviendo a estas orillas, en septiembre de 1522, sólo la Victoria, bajo el mando del euskaldún Juan Sebastián de Elcano

Lo que hacía singular, especial, el acontecimiento, el regreso de la nao Victoria a Sanlúcar de Barrameda tras tres años de viaje, no era sólo el éxito económico de la empresa, ni el hecho de que con la Circunnavegación el reino de Castilla se ponía a la cabeza de la geoestrategia europea de la época: sucedía que se completaba con éxito la Primera Vuelta al Mundo, y como consecuencia de ello, se abrían horizontes nuevos, ante los atónitos ojos de la Humanidad.

De este modo, podemos decir que lo que hizo verdaderamente especial a este “momento estelar” de la Humanidad (parafraseando la feliz expresión del escritor austríaco Stefan Zweig, biógrafo de Magallanes) fue el hecho de que tras el regreso de la nao Victoria a Sanlúcar un 6 de septiembre de 1519 nada, absolutamente nada, volvería a ser igual: se había probado que el Mundo era, sí, enorme, pero abarcable, que las distancias eran reales, pero abordables, que era redondo, y que allende las olas otros mundos (lejanos, quizá llenos de peligros, pero al alcance de los osados, a quienes siempre ayuda la Fortuna) esperaban a Europa.

Y en este contexto de enormes cambios, de grandes transformaciones, de despegue hacia el futuro, de Sanlúcar de Barrameda sería esencial, como alfa y omega de la expedición marítima que culminó la Circunnavegación, y por ello goza de la suerte y el gran honor de ser el lugar de referencia de este momento crucial de la Historia, entonces como ahora.

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Bajo el lema "es en nombre de los rocieros y rocieras de Sanlúcar", en nuestra abandonada ciudad por parte del Alcalde Víctor Mora y su equipo de gobierno como ya sabemos, se ha colocado (a pesar de la oposición de miles de sanluqueños/as) un colosal monumento en honor a la Virgen del Rocío; (decía en un anterior artículo de opinión "mamotreto"  porque se trata de un objeto grande, pesado, tosco y poco útil, pero me da igual el sinónimo a usar).
 
 
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