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Apuntes de Historia CCXXXII
 
 
 
 
   
 
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17 de Junio de 2017
La calle Jardines. Un recodo de nuestra Historia
Manuel Jesús Parodi Álvarez..-Algunas veces es posible rozar, siquiera rozar, la certidumbre de que algo en lo que has participado, algo en lo que has podido poner tu -como suele decirse- granito de arena, es objetiva y plenamente bueno, es, como diría el historiador griego Tucídides (uno de los padres de la disciplina histórica), un bien para todos y para siempre.
La investigación es una de las tareas más arduas, más calladas, más consagradas al largo plazo, más alejadas del cortoplacismo (sic), del inmediatismo (sic) a los que en buena medida nos vemos abocados tantas veces en virtud de unas urgencias también tantas veces tan poco relacionadas con la planificación, con la racionalización del trabajo, de la gestión de los recursos, de la puesta en marcha, desarrollo y ejecución de planes y proyectos, cuestiones que no deberían estar sujetas a la impaciencia de unos, las presiones e incluso la ignorancia de otros, la falta de sensibilidad de algunos y, a qué no decirlo, incluso la mala fe de algunos otros...

Además, conviene no olvidar que la investigación en materia histórica, arqueológica, en materia de Patrimonio Histórico, es una carrera de fondo, una carrera continua en la que los avances a veces (y no pocas veces, y es sano que así sea) implican la reconsideración de los planteamientos sostenidos y puestos negros sobre blanco en artículos, textos, libros, y defendidos en ponencias, conferencias, comunicaciones, congresos…
 
Es de señalar, además, que trabajar en pro de la difusión del Patrimonio Histórico, tratar de poner en valor una parte de nuestra Historia, de nuestro pasado, es una labor en la que se combinan ilusión y responsabilidad, una tarea en la que quien suscribe lleva empeñado años (años como más de veinte, en realidad: el primer artículo divulgativo que publiqué sobre Historia de Sanlúcar apareció en la Revista “Sanlúcar”, que edita Santa Teresa, allá por 1994…, que van siendo años…), una tarea que permite descansar con una cierta sensación de deber cumplido, de compromiso (personal, íntimo, vocacional, ideológico si cabe) llevado a cabo (la infinita mayor parte de las veces, además, de manera altruista).
 
Y si trabajar en la difusión del Patrimonio (escribir artículos, presentar comunicaciones, dar conferencias y ponencias, organizar talleres, jornadas y congresos, impartir docencia…) es una labor enormemente gratificante ya de suyo, uno de los más gratos momentos que puede vivir un investigador (que se dedica asimismo a la tarea del divulgador) es formar parte de una labor colectiva (desarrollada entre muchos, entre todos querríamos pensar, una tarea que tiene muchos nombres y apellidos, muchos perfiles, muchos rostros…) que finalmente ha llevado a que un jalón de nuestra Historia común, un recodo de nuestro pasado, pueda ser recuperado para el disfrute y el conocimiento de todo el mundo, para cumplir la función pedagógica del Patrimonio Histórico.
 
Y es aún mejor porque algo en lo que creemos, algo en lo que intentamos trabajar y lo hacemos poniendo en ello todo nuestro corazón, todas nuestras ganas, es en la socialización del conocimiento, como desde hace años son testigos los lectores de estos párrafos, de estas páginas.
 
Así, hemos podido asistir a la recuperación de un trozo de la Sanlúcar de Barrameda de hace varios siglos, un trozo de la Sanlúcar de Barrameda de principios del siglo XVI, de la época de la I Vuelta al Mundo, un trozo de la Historia de Andalucía, de España.
 
Un pavimento, el de la calle Jardines, de hace medio milenio quizá, por donde pudieron caminar Magallanes, Elcano, y miles de otras personas anónimas que forman asimismo parte de nuestra Historia, y que, desde lo público, ha sido recuperado para todos, ya que el Ayuntamiento de Sanlúcar está dando forma final a las labores de recuperación y conservación del fragmento del pavimento de la calle del siglo XVI descubierta en el contexto de la obra de rehabilitación del Mercado de San Lucas, la Plaza de Abastos de nuestra ciudad. 
 
Los trabajos de investigación arqueológica e histórica desarrollados en el seno de la antedicha tarea de rehabilitación del Mercado vienen permitiendo mejorar nuestro conocimiento acerca de uno de los momentos históricos de mayor entidad de nuestro pasado, como es el de la expansión de Sanlúcar hacia la ribera, con el crecimiento del antiguo “Arrabal de la Ribera”, origen del actual Barrio Bajo, en la transición de la Edad Media a la Edad Moderna, justamente la época de los grandes viajes oceánicos, de los grandes descubrimientos, momento histórico en el que tendría lugar un acontecimiento tan relevante como la Primera Vuelta al Mundo, con salida y llegada a Sanlúcar, una Sanlúcar que, como hemos puesto por escrito y dicho en muchas ocasiones, era el verdadero eje de ese Cosmódromo de la Modernidad que serían el Golfo de Cádiz y el río Guadalquivir, una Sanlúcar de Barrameda que era, como hemos ya dicho en tantas ocasiones, el Baikonur, el Cabo Cañaveral de finales del siglo XV y del siglo XVI.
 
Ahora, y gracias a la intervención de recuperación de nuestro Patrimonio emprendida y desarrollada desde lo público y que ha interesado al Mercado de Abastos y al recinto murado del Palacio Ducal de Medina Sidonia, será posible poner en valor para la ciudadanía el trozo conservado de una antigua calle del siglo XVI, la antigua Calle de los Jardines, situada al pie de las referidas murallas del Palacio Ducal, un pavimento de cantos rodados que sabemos se estaba instalando a principios del siglo XVI, un pavimento sobre el que quizá (como decimos) pudieron caminar los expedicionarios que zarparon con Magallanes en 1519, y los que regresaron con Elcano en 1522.
 
Sobre este recodo de nuestra Historia, ahora recuperado, y su situación a principios del siglo XVI, dice el gran historiador sanluqueño Narciso Climent Buzón, Insignia de Oro de la Ciudad, en su libro “Calles y Plazas de Sanlúcar de Barrameda. Recorrido Histórico” (libro editado por ASEHA, en Sanlúcar en 2003, con la colaboración de diversas entidades, entre las cuales Frutalla y el Ayuntamiento sanluqueño) que “…se accedía por aquel entonces a la Trascuesta por una callejuela denominada Calle de los Jardines, denominación que se le daba por los del duque, por debajo de los cuales pasaba” (pp. 93-94).
Y ahora será posible contar con un nuevo elemento (un elemento “nuevo” que “sólo” cuenta, quizá, con medio milenio de antigüedad, todo sea dicho…) para el disfrute de todos, para y por el bien común.
Y eso es algo enteramente bueno.
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