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Apuntes de Historia CCVII
 
 
 
 
   
 
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18 de Diciembre de 2016
Acerca del posible origen de Las Covachas (IV)
Manuel Jesús Parodi.-Como es bien sabido, Las Covachas es uno de los hitos históricos esenciales de Sanlúcar de Barrameda, al tiempo que se trata, asimismo, de uno de los espacios auténticamente “nucleares” de la Historia de la ciudad.
Para hablar de Las Covachas es preciso (es imprescindible, en realidad) hacerlo entendiendo como un todo la triple naturaleza del concepto en sí mismo de “Las Covachas”, algo acerca de lo cual ya hemos hablado en las semanas precedentes y que tiene que ver con “Las Covachas” como sitio, como lugar, como “tópos” en la ciudad, con “Las Covachas” como espacio monumental, como aparato propagandístico del Poder de la Casa Ducal de Medinasidonia, .....
.....un despliegue iconográfico inacabado, incompleto (y alterado por el tiempo) compuesto por los diferentes elementos simbólicos y estéticos que muestra, como los arcos de distinta naturaleza que presenta, junto a otras piezas decorativas, y especialmente los dragones alados marinos (con cola de pez), sobre los que volveremos (y que entran en el mismo horizonte estético y mítico relacionado con seres fantásticos de naturaleza acuática que envuelve a la Casa en unos determinados momentos, como la Sirena de Doble Cola del castillo de Santiago o los Kraken, los calamares (alusivos al kraken, amén de otras explicaciones de índole amatoria…, en una multiplicidad de sentidos que no resultan excluyentes entre sí), de San Isidoro del Campo, en Santiponce, sobre las ruinas de la vieja Itálica famosa), así como con “Las Covachas” como oquedad, como cueva propiamente dicha, como espacio matriz en el seno del perfil de la Barranca sanluqueña, que es sobre lo que venimos tratando en los últimos artículos de esta modesta serie de trabajos dedicados a la divulgación histórica sobre Sanlúcar de Barrameda.
 
Las Covachas como oquedad, como cueva, como espacio interior en la Barranca no son, como alguna vez se ha dicho, un “refuerzo” de la plaza fuerte sanluqueña: mal podían serlo, mal puede ser un refuerzo de una ciudad fortificada precisamente un hueco en el seno mismo de la colina sobre la que se asienta dicho núcleo defensivo, pues la propia naturaleza y situación de dicha oquedad (u oquedades) necesariamente debe obrar en contra de la propia seguridad de dicho emplazamiento, al representar un punto aprovechable, ya como refugio en un ataque y apoyo al mismo, ya como “mina” (en tiempos de la pólvora y los explosivos, ya a partir de la época medieval), lo que ciertamente habría de obrar en contra de los ocupantes y  moradores de dicho núcleo murado.
 
Las Covachas como oquedad pueden ser una formación natural, o pueden deberse a la mano del hombre, o al efecto combinado de la acción de la naturaleza y del elemento humano; sea como fuere, el aspecto actual de la oquedad (y su aspecto histórico, cabe decir) se debe a la mano del hombre, a la acción antrópica, que ha modelado ese espacio del seno de la Barranca hasta hacerlo tener el aspecto que muestra en este momento de su Historia.
 
Las Covachas como oquedad pueden ser mucho más antiguas (y de eso venimos escribiendo en los últimos artículos, como en éste) de lo que la Historiografía tradicional (e incluso la contemporánea) vienen considerando, pues si hasta el momento se ha venido centrando la atención en los aspectos estéticos de la monumentalidad del hito, o en su funcionalidad hipotética a lo largo de la Historia (dando por sentado una analogía entre la cronología de “Las Covachas-todo” y “Las Covachas-estética” o “Las Covachas-funciones”, por así decirlo), es preciso (y eso intentamos) considerar también el origen mismo del espacio en sí, de esa oquedad en el perfil de la Barranca sanluqueña.
 
Las Covachas como oquedad, y lo señalamos al calor de las recientes investigaciones desarrolladas en el contexto de la intervención de conservación del histórico Mercado de Abastos de Sanlúcar de Barrameda, el Mercado de San Lucas (cuyas primeras fases constructivas datan de mediados del siglo XVIII), pueden estar relacionadas con la época protohistórica, si ponemos en relación dicho espacio matriz con su entorno inmediato.
 
Dichas intervenciones arqueológicas (que se suman al estudio arqueológico de los paramentos desarrollado en el propio muro medieval de los Jardines del Palacio, en cuyo entorno se inserta el conjunto de Las Covachas –pues una intervención arqueológica de este tipo se ha realizado sobre la muralla medieval de Sanlúcar en estos días, en lo que puede representar uno de los primeros ejemplos de este tipo de intervención acometidos en Sanlúcar de Barrameda), dirigidas por Diego Bejarano (con un equipo en el que hemos podido participar) han contribuido a arrojar luz sobre la Historia de estos elementos esenciales de la ciudad, como son las propias Covachas, el Mercado, sus espacios inmediatos (con, por ejemplo, el hallazgo del pavimento del siglo XVI al que hemos dedicado ya no pocos párrafos en éste y en otros medios y contextos) y la misma muralla medieval de la Sanlúcar de hace centenares de años, muy posiblemente en época ya guzmana.
 
Y entre los elementos a considerar en cuanto a los avances realizados merced a las intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en el Mercado de Abastos y su entorno inmediato, es menester considerar los materiales que pueden hablar de un poblamiento, de una presencia humana en dicho entorno, sin exclusión de Las Covachas, de la oquedad (u oquedades) que hoy conforman el espacio interno de Las Covachas, hace varios milenios.
 
Podríamos, pues, estar hablando de un poblamiento protohistórico en dicho entorno de transición entre el litoral, la playa (aquélla de la que hablaba Agustín de Horozco a finales del siglo XVI, refiriéndose quizá sin saberlo, a una realidad histórica remota y cristalizada en el imaginario colectivo de los sanluqueños) y la Barranca sanluqueña, precisamente en el camino más corto entre una y otra, entre uno y otro espacios de interés para los moradores de este entorno.
 
Quizá, pues, podría tratarse de un espacio de transición, de unos abrigos litorales, de una cavidad (no parece propio llamarla “cueva” por su envergadura, aunque realmente no sabemos si el espacio puede –o pudo- ser mayor antes de la reordenación de dicho espacio en tiempos históricos, quizá medievales) en un espacio costero, que nos remite a –cuando menos- la Protohistoria de estas tierras, a tiempos muy anteriores, por ejemplo, a los romanos, cuando los primitivos moradores de este entorno quizá encontrasen en la oquedad de Las Covachas (como en tantos otros sitios, sin ir más lejos, en otros espacios sitos en el mismo término municipal actual de Sanlúcar de Barrameda) un abrigo, un refugio, un espacio de morada, junto  a la playa, al pie de la Barranca.
 
Lo demás lo dirá la investigación, el avance de la misma, confirmando quizá nuestra hipótesis del abrigo costero protohistórico (o incluso anterior) para el origen primero, lejano, milenario, de Las Covachas.
Todos los trabajos de Manuel Jesús Parodi publicados en SD  VER
 
 
   
 
     
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