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Apuntes de Historia CCIV
 
 
 
 
   
 
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27 de Noviembre de 2016
Acerca del posible origen de Las Covachas (I)
Manuel Jesús Parodi.-El Poder (sí, el Poder escrito con la inicial en mayúscula, en letra capital), sabe muy bien que la construcción de imágenes de sí mismo, la construcción de imágenes icónicas del Poder, resulta fundamental a la hora de ir haciendo más rotundas, vigorosas y profundas las raíces sobre las que se asienta.           
Los grandes reyes de la Antigüedad, desde las orillas del Nilo y los faraones egipcios al Extremo Oriente y los Hijos del Cielo en el Reino del Dragón, ese Centro del Mundo que aún recibe ese nombre, pues lo llamamos China, hasta ese ámbito pretendidamente central del Mediterráneo y los emperadores de Roma (por mencionar, sólo por mencionar, algunos ejemplos) se han servido de la propaganda imperial, la propaganda del Poder, como medio, como mecanismo, como herramienta y arma de la consolidación del Poder, de la extensión del Poder, del arraigo del Poder, tal como hoy vemos que sucede con lo que damos en llamar marketing, ya sea económico o político y que en fin de cuentas, es una herramienta que busca lo mismo: la promoción de un elemento dado de Poder, ya se trate de una empresa, una corporación o un determinado gobierno o líder político.
       
Así pues, la construcción de referencias visuales, morales, históricas, la puesta en marcha y en funcionamiento de referentes icónicos, es, como vemos, inherente a todo discurso del Poder que quiera perpetuarse en el Tiempo (algo intrínseco al Poder: la búsqueda de la perpetuación y la continuidad propias), de modo que no se dejará al simple azar (a la serendipia, que está más en boga como término hoy día, y como concepto) la extensión y consolidación, el afianzamiento en fin de cuentas, de las estructuras de dominio, no; ni al azar ni tampoco al albur de una buena gestión, de un trabajo bien hecho sin más: es imprescindible, y todos los teóricos –y los prácticos- del Poder lo saben, consolidar las raíces (como decíamos, empleando el símil arbóreo) del Poder a través de la Propaganda imperial (sí, de eso que hoy llamamos marketing y que a veces se limita a la presencia en las redes sociales, con o sin fundamento).
           
Pues bien, entre los muchos elementos históricos simbólicos del Poder con los que contamos en el paisaje de nuestro Patrimonio Cultural, Monumental, en Sanlúcar de Barrameda, quizá uno de los más inmediatamente visibles, y de los más llenos de carga simbólica sea el que conocemos como “Las Covachas”, esa fachada monumental y mistérica, a la vez, del Palacio Medinasidonia y de la Barranca, del núcleo histórico del Poder en nuestra ciudad y de la ciudad misma.          Hay mucho que decir aún sobre Las Covachas, que son a la misma vez la oquedad en el frontis de la Barranca y el aparato de propaganda del Poder que las reviste, pues el mismo nombre identifica a ambas cosas, a ambas realidades, anexas pero distintas entre sí y con carácter propio.
           
Y mucho se ha dicho sobre Las Covachas, pues a nadie pasan por alto en su singularidad (¿unas cuevas al pie de una Barranca, unos dragones marinos, a la vez alados y serpénteos, en la cuesta, en el ascenso desde la playa hasta la Corona de la Barranca?), y no pocos historiadores (por ejemplo) se han detenido a reflexionar sobre el tema, aunque centrando su atención más en la funcionalidad (nos incluimos en ello, en lo que toca a lo que hasta hoy -hasta hoy mismo- hemos dado de un modo u otro a la imprenta, no en nuestras reflexiones…) y en sus aspectos monumentales que en lo relativo a su origen, a su posible origen, al origen no de los dragones y del aparato monumental (un origen de este aparato iconográfico que la investigación histórica, de la mano de la Arqueología, frente a las opiniones de algunos, se empeña en situar en el siglo XV, como sabemos, y no en el tardío XVI), ni de la funcionalidad fiscal o comercial de esos espacios…, sino en lo relativo al propio origen de la oquedad -u oquedades- que dan pie y principio a lo que hoy conocemos como Las Covachas.
           
Un origen, el de esa oquedad (u oquedades…) que podría remontarse muy atrás en el tiempo, tanto como a nuestra Protohistoria, a unos milenios atrás en nuestra Historia común. Lo cierto es que, en lo esencial, hasta el momento presente y como hemos señalado hace un momento, a la hora de considerar el monumento, el sitio histórico -tan especial, tan singular, y de tanto significado en el imaginario colectivo de los sanluqueños- de Las Covachas se ha venido poniendo el foco de atención en, de una parte, sus características estéticas (desde una u otra perspectiva: atendiendo a lo estrictamente formal o a los aspectos simbólicos del monumento), o en, de otra, algunos de los diferentes usos y funciones que dicho espacio haya podido tener a lo largo de su historia (así, como en nuestro caso, en sus posibles connotaciones como espacio de control fiscal a los pies de la Barranca, en el acceso a la ciudad medieval cristiana desde el mar, o en sus conocidos usos comerciales ya en época Moderna -como el representado por esas “Tiendas de las Sierpes” ya conocidas en el contexto de la propia historia de Las Covachas).
           
Queremos centrar nuestro interés en el posible origen mismo del espacio, en el origen primero y remoto del espacio, de esa oquedad que existe al pie de la Barranca y que supone uno de los nudos gordianos de la Historia de Sanlúcar de Barrameda, que viene a ser uno de los elementos referenciales en el paisaje sentimental de la ciudad, constituyendo además una de las más íntimas e inequívocas -y estamos seguros de no equivocarnos en ello- señas de identidad de Sanlúcar de Barrameda.
           
Por ello, y a tenor de algunos de los resultados obtenidos en los trabajos arqueológicos realizados en el contexto de las obras de rehabilitación y restauración del histórico Mercado de Abastos de nuestra ciudad (unas intervenciones arqueológicas dirigidas por nuestro colega Diego Bejarano, en cuyo equipo hemos tenido la fortuna de participar), especialmente, de algunos de los materiales (aún sujetos a estudio), cuyas cronologías y posible origen nos hablan de tiempos muy remotos, podemos aventurarnos a poner negro sobre blanco, finalmente, algo que lleva en nuestra cabeza (nótese que utilizamos un plural de cortesía) mucho tiempo: la oquedad de Las Covachas puede ser mucho más antigua de lo que se considera habitualmente; no es de poner en relación la funcionalidad medieval y moderna, ni la monumentalidad del espacio y su exorno exterior, con el origen primero del espacio (de la oquedad), que es muy anterior a su aspecto actual (externo, e interno).
           
Esa oquedad, tan imbricada en nuestro imaginario colectivo, puede datar de épocas pretéritas (algo que desarrollaremos más adelante), y estar relacionada con la ocupación protohistórica de la Barranca y del espacio de transición entre ésta y la playa: pudiera tratarse de un espacio de abrigo en un entorno de transición entre la Barranca (en el perfil de la misma) y la orilla, un espacio, quizá relacionado con un poblamiento protohistórico (si no anterior) y con un hábitat costero humano muy antiguo, mucho más que los dragones que adornan su exterior.      
     
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