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Apuntes de Historia CLXXXIX
 
 
 
 
   
 
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09 de Julio de 2016
Expansión urbana medieval cristiana X
Manuel Jesús Parodi.-Venimos contemplando en estas últimas semanas la situación de la Sanlúcar bajomedieval, castellana ya desde mediados del siglo XIII… Unos momentos de cambio estructural en la realidad y la Historia de la ciudad (entonces villa), que se plasmaron en la evolución que la misma tomaría a raíz de ese “momento bisagra”, y que determinarían profundamente lo que Sanlúcar de Barrameda habría de ser andando los siglos, hasta nuestros mismos días.
Hemos ido esbozando pinceladas acerca de la manera en que la villa vieja islámica sería rebasada como realidad poblacional por la nueva villa cristiana, por esa “Dídime”, esa “ciudad nueva” que -al modo de lo que los Balbo cesarianos hicieran en la Gades de la transición de las Eras, a caballo entre los siglos I a.C. y I d.C.- los Guzmán crearon en Sanlúcar de Barrameda.
 
Habrá que matizar, ya que realizamos la comparativa con lo protagonizado hace dos mil años por los Balbo (Lucio Cornelio ambos, tío y sobrino, agentes de Julio César y de Augusto, su heredero y sucesor, del que el año 2014 se cumpliera el Bimilenario de su muerte) de laGades púnico-romana, que mientras aquellos nobles púnicos de la ciudad gaditana ya de época tardorrepublicana romana llevaron a cabo una ampliación de Gades (en tiempos julio-augústeos, esto es, a caballo entre las Eras…, arrancando dicho proceso en la segunda mitad del siglo I a.C.) por el procedimiento de crear una “ciudad nueva” junto a la preexistente y viejaGadir fenicio-púnica, los Guzmán optaron no por crear una villa nueva “junto a” la vieja villa islámica sanluqueña, sino por otra opción.
El desarrollo y puesta en marcha de esta opción guzmana para ampliar Sanlúcar (“su” villa de Sanlúcar desde 1297, como sabemos) pasaba por partir del embrión que representaba la villa islámica del corazón del actual Barrio Alto (articulada en todo o en parte en el entorno de la Plaza de la Paz, la Plaza de los Condes de Niebla, la Plaza Manuel Romero Pazos, la Calle Escuelas y la Calle Luis de Eguílaz) para, a partir de ahí, hacer crecer esa nueva villa sin obviar el viejo núcleo del Hisn islámico (el recinto amurallado, protegido por la vieja cerca de muro de tapial que aún se conserva embutida en algunos de los edificios de los espacios  antedichos de nuestro Barrio Alto).
 
De hecho, este núcleo islámico precedente, que ha quedado fosilizado en nuestro imaginario histórico colectivo (y en nuestra Historiografía tradicional) bajo la forma (y denominación) del así llamado “Alcázar (o Castillo) de las Siete Torres” (un nombre literario que viene a simbolizar a la “fortaleza perfecta” en las fuentes árabes), de las crónicas medievales pasaría a quedar precisamente “embutido” (por así decirlo) en el seno y corazón de la nueva villa cristiana que surge a partir de principios del siglo XIV, de la mano de los guzmanes, pero no dejaría de existir como espacio urbano, pasando a formar parte de la nueva realidad de la villa sanluqueña, de esa “villa nueva” de la que venimos hablando desde hace ya unos artículos.
 
La Sanlúcar medieval cristiana en sus primeros momentos, que sigue siendo la misma realidad identitaria desde sus primeros pasos, desde cuando se manifiesta como una realidad, como un conjunto, como una entidad en el espacio, tendría en la segunda mitad del siglo XIII un momento “bisagra”, un momento crucial de transición, en el que se va gestando una realidad nueva, una realidad nueva que se fundiría con lo anterior mediante un proceso histórico que se materializaría en una conjunto de transformaciones estructurales -esenciales- siendo una de las más fácilmente contrastables la expansión de su casco urbano amurallado trascendiendo la realidad, más modesta, si queremos, y más reducida en el espacio, de época precedente.
 
No insistiremos bastante en señalar que Sanlúcar de Barrameda, como venimos apuntando, protagoniza un momento de cambio, de evolución, desde la conquista castellana en 1264 (de lo que se cumplieron en 2014 los 750 años), un momento de “bisagra” (material, cultural…) que se desarrollaría y plasmaría a lo largo del siglo XIV, lo que -como ya señalásemos en párrafos anteriores- vendría a representar un muy particular “renacimiento” (al italiano modo), que llevaría a nuestra ciudad a experimentar unos profundos cambios protagonizados por los nuevos moradores de la villa así como por la voluntad y decisiones de sus nuevos señores, los guzmanes.
Estos cambios no sólo tienen que ver con cuestiones y aspectos materiales, estéticos, reflejados en la evolución urbana (y urbanística) de la villa sanluqueña, ni en el arte, ni en los modelos de los edificios y construcciones por venir desde estos nuevos momentos históricos ya cristianos.
 
No se trata tan sólo de que un recinto, el reducido espacio del Hisn islámico, se viera superado por la nueva (y mucho más extensa) cerca de muralla de la Sanlúcar cristiana, castellana, guzmana, ni de que una cerca de tapial (un estilo constructivo tan propio -si bien en absoluto exclusivo- del mundo islámico) fuera sustituida por una muralla en la que la piedra fuera la protagonista.
Tampoco se trata simplemente de que la o las mezquitas y demás edificios de naturaleza religiosa musulmana (como sería el caso del viejo ribat del Barrio Alto, ése que se esconde bajo los perfiles del Palacio Ducal de Medinasidonia, hoy sede de la Fundación Cultural Casa de Medina Sidonia) fueran sustituidos por edificios de naturaleza cristiana, unos edificios (iglesias, capillas, conventos…) construidos en los estilos artísticos llegados hasta estas tierras de la desembocadura del Guadalquivir a mediados del siglo XIII desde el norte, desde el septentrión castellano.
 
No se trata, no, como estamos señalando, de cuestiones de carácter exclusivamente (o esencialmente) formal y estético: ello no representa la esencia del cambio, sino la manifestación externa (esencial también) de las cuestiones profundas, estructurales, de los cambios que nuestra ciudad experimentaría en los momentos de transición al período histórico que convencionalmente viene siendo denominado como la Baja Edad Media que contemplamos.
 
En este sentido, y buscando la posible raíz de los cambios estructurales que estamos apuntando en estos párrafos, es de señalar que Sanlúcar desde mediados del siglo XIII, y merced a la conquista alfonsí de estas tierras del Bajo Guadalquivir y del Golfo de Cádiz (lo que como hemos señalado, se produciría en el año 1264) entró a formar parte de un circuito (en lo cultural, lo político, lo religioso, lo social, lo económico, lo estético, lo artístico, lo intelectual…) muy distinto de aquél del que había formado parte con anterioridad (unos circuitos, el nuevo y el antiguo, en absoluto estancos ni aislados entre sí, todo lo contrario, aunque distintos e independientes el uno del otro).
 
 Sanlúcar, desde 1264, entraría a formar parte del mundo del norte del mediterráneo, un mundo -cristiano- que busca algunas de sus señas de identidad mayores en el pasado clásico, en el pasado clásico, en la romanidad, y sale del mundo del meridión mediterráneo,el mundo musulmán, un mundo que de largo había roto sus lazos -ideológica, cultural, estéticamente- con el pasado clásico, grecorromano, del viejo “Mare Nostrum” de los romanos.
 
De este modo Sanlúcar de Barrameda desarrollaría a partir de su integración en la órbita europea (con su incorporación a la Corona de Castilla a través del reino de Sevilla), desde los siglos XIII-XIV, una realidad nueva, que partiendo de las bases preexistentes en un plano material, habría de sentar las nuevas bases del que sería su posterior desarrollo en lo urbano, en lo material, en lo cultural, en lo histórico…
 
Cambios en lo material que son reflejo de los cambios en lo intelectual, en lo cultural, en lo ideológico, y que formarían parte del “todo” que se engloba en las palabras “Sanlúcar de Barrameda” y que tiene algunos de sus “botones de muestra” en su recinto amurallado, sus templos medievales, su Palacio Ducal de Medinasidonia, su castillo de Santiago, sus Puertas medievales, sus arrabales, como el de la Ribera, y sus zonas de expansión por el Barrio Bajo, de las que hemos hablado y de las que volveremos a hablar en nuestros próximos párrafos de esta serie.
 
 Y todo ello es Sanlúcar de Barrameda.                                                
 
 
   
 
     
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