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Apuntes de Historia CLXXXI
 
 
 
 
   
 
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19 de Junio de 2016
Expansión urbana medieval crisitiana VII
Manuel Jesús Parodi.-Judería (hipotética), Hisn medieval del Barrio Alto, con su cerca de muralla de tapial, el ribat que duerme bajo los solemnes perfiles del Palacio Ducal de Medinasidonia, la Sanlúcar medieval islámica, la villa vieja de Sanlúcar, conocerían, como venimos contemplando, un momento de inflexión a principios del siglo XIV.
La villa vieja daría paso a una suerte de “Dídime”, a una nueva villa que brotaría en el corazón barrialteño de la mano de los señores cristianos de Sanlúcar, para acabar expandiéndose definitivamente fuera de los límites de ese Barrio Alto en distintas direcciones, un crecimiento que conocería una especial intensidad en el caso de la falda de la Barranca que se dirigía hacia el mar, hacia el río.
Hemos venido considerando en los párrafos anteriores la posible existencia de una zona destinada a albergar a la comunidad judía de la Sanlúcar medieval anterior a la incorporación a la Corona de Castilla (que, como sabemos, se produce en 1264, hace ahora 750 años –algo acerca de lo cual hemos escrito varios artículos en esta serie, de forma precedente).
              

Esta posible judería habría podido estar emplazada -de acuerdo con la tradición, con los fósiles de la toponimia urbana y con lo señalado por diversos historiadores- en el entorno de la calle Baños (o del Baño), de la Escalerilla de los Perros, en dirección hacia la cuesta del Ganado (la calle Ganado).

Este “barrio” (este “ghetto” hipotético) habría podido ser un embrión del desarrollo, del crecimiento urbano en el actual Barrio Bajo sanluqueño, un precedente, quizás, de lo que andando el tiempo habría de resultar la expansión posterior de la villa “extramoenia”, fuera de las murallas.
 
Los arrabales de la ciudad medieval cristiana (los que se desarrollaron de forma inmediata al recinto amurallado de la misma, y sobre los cuales la arqueología tendría -tendrá- mucho que decir) cuentan con varios puntos distintos en torno al mencionado recinto murado cristiano sanluqueño en los cuales van “aflorando”, se van conformando y consolidando con el paso del tiempo.
El espacio exterior de las puertas de la ciudad, caso de la Puerta de Jerez o el Arquillo de Rota, por ejemplo, serán entornos privilegiados para la aparición de dichos arrabales extramuros.
 
Ello, un fenómeno no extraordinario y que en Sanlúcar se produciría igualmente, llevaría a la consolidación paulatina de espacios urbanos (dicho sea con cierta licencia) a través de los cuales, poco a poco, se produciría la expansión del casco de la villa fuera del recinto de la muralla guzmana de la misma.
Las zonas de la Fuente Vieja, del Pozo Amarguillo, las revueltas de la zona de San Borondón, o la calle Gitanos, serían algunos de los espacios, de las islas de población, que se generarían fuera de los muros con los que la Casa de Guzmán guarecería la joya de su corona, por así decirlo, la villa sanluqueña, capital de sus estados y verdadero eje vertebrador de sus dominios señoriales en el reino de Castilla.
 
Hay que imaginar -para aproximarnos a la idea, a la visión, del casco de la villa sanluqueña en el siglo XIV (y de acuerdo tanto con la Historiografía tradicional como con los trazos magistrales de la XXI duquesa de Medinasidonia, Luisa Isabel Álvarez de Toledo, sobre el ribat barrialteño, como con lo señalado por historiadores también contemporáneos, caso de Narciso Climent en el espléndido volumen que dedica a las calles y plazas de Sanlúcar de Barrameda), un entorno amurallado que aún enmarcaría el recinto del Barrio Alto de la villa sanluqueña.
 
Este recinto murario, al que hemos venido haciendo referencia en anteriores párrafos de esta serie, constituía una ampliación del viejo relicario del Hisn (de la cerca de muralla de tapial islámica, de origen quizá almorávide -sabemos que en su fábrica se presentan restos cerámicos adscritos a los siglos XI-XII, por ejemplo), que habría quedado englobado en el interior, en el corazón, de la nueva villa murada sanluqueña (que lo habría rebasado notablemente).
 
En este esfuerzo imaginativo podremos seguir el contorno de esta muralla cristiana si seguimos algunos elementos clave como son el perfil de la Barranca que marca el Palacio Ducal y otros interesantes (e inevitables) puntos de referencia tales como el Arquillo de Rota, las calles Muro Alto y Muro Bajo, la zona de San Borondón, la iglesia de San Miguel, la Puerta de Jerez, la calle San Agustín, la plazuela escondida, imperceptible, de la calle Gitanos (que paree marcar otro espacio de tránsito entre los espacios intra y extramuros, o la calle Albaicín con su tan conocido lienzo de muralla, hoy en parte integrado en el centro de enseñanza del mismo nombre.
 
 
Trazadas estas líneas generales, podremos (si seguimos con ese pequeño esfuerzo de nuestra imaginación) contemplar un recinto murado cristiano en torno al Barrio Alto, que contendría otro recinto interior más pequeño y más antiguo (la cerca del Hisn medieval islámico), el cual a su vez habría de acabar siendo progresivamente desmantelado con el paso del tiempo y de acuerdo con las necesidades de crecimiento de la villa nueva cristiana, hasta el punto de que la memoria colectiva de la ciudad acabaría perdiendo el recuerdo de su existencia, noticias del cual nos llegarían a través de algunos historiadores (y visitantes) de la localidad, tales como el sempiterno -por tan seguido y citado- Juan Pedro Velázquez Gaztelu o el conde de Maule (quienes escriben -como es sabido- en los siglos XVIII y XIX, respectivamente, lejos de nosotros, pero igualmente lejos de los momentos que venimos considerando en estos párrafos).   
 
Con ello habremos podido imaginar cómo pudieron ser las trazas generales de los límites de la Sanlúcar medieval cristiana en la primera mitad del siglo XIV: una ciudadela con otra más pequeña (y condenada a la desaparición, a la integración en una entidad mayor y distinta) dentro.
Y esta ciudadela cristiana tendría asimismo en su derredor algunos de los primeros arrabales, quizá en estado embrionario, que constituirían los primeros pasos de la posterior evolución del casco urbano sanluqueño.
 
Estos arrabales embrionarios (existentes y desarrollándose en los entornos que hemos mencionado en líneas anteriores en este mismo artículo), podrían a su vez contar con un precedente significativo: el de la hipotética judería sanluqueña, que, de existir (de ser más que una hipótesis, de haber existido), habría podido remontar sus orígenes a los tiempos medievales islámicos, a los momentos (a los siglos) anteriores a la conquista castellana (con Alfonso X “El Sabio”).
 
Entre estos arrabales medievales de época ya cristiana existirían algunos que se generarían en el ámbito del Barrio Alto, mientras que otros, como el generado en el entorno del Arquillo (o Puerta) de Rota, por ejemplo, ya se orientarían hacia el (futuro) Barrio Bajo de la villa nueva.
Y este último ejemplo no habría de ser el único, ni quizá el principal, en lo que toca y atañe al paulatino desarrollo del Barrio Bajo sanluqueño como espacio urbano consolidado y con entidad e identidad.
La Sanlúcar del siglo XIV cuenta (amén de con otros espacios igualmente interesantes y no directamente conectados con el casco urbano principal de la localidad, caso del entorno de Bonanza…), pues, con un cuerpo principal y con unos aledaños inmediatos y conectados con el mismo, uno de cuyos brazos crecería hacia la playa, hacia el mar, hacia el río, cabalgando la sierpe de la Cuesta de Belén, y, quizá, dando encuentro a esa hipotética judería que venimos mencionando.
 
El siglo XIV, pues, habría podido representar para Sanlúcar de Barrameda un momento de consolidación y posible crecimiento urbano, al amparo y calor de la nueva muralla, y bajo el manto protector de los nuevos señores cristianos de la población, los Guzmán.
Y a partir del siglo XV los cambios habrían sido aún mayores…
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