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Apuntes de Historia CLXXX
 
 
 
 
   
 
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11 de Junio de 2016
Expansión urbana medieval cristiana VI
Manuel Jesús Parodi.- La Sanlúcar medieval cristiana trascendería -como venimos recordando- de los límites de la vieja villa islámica, y tal y como sabemos, lo haría de la mano de los nuevos señores castellanos -cristianos- de la población, los Guzmán, quienes ampliaron los horizontes de la localidad (y no es una frase hecha), lo que se tradujo igualmente en un notable impulso a su realidad urbana.
Si hasta las postrimerías del siglo XIII el “núcleo duro” de la población sanluqueña estaba localizado en el corazón del actual Barrio Alto, desde esos entonces la villa rebasaría el corsé de la cerca muraria islámica, el Hisn, para extenderse hacia el mar, hacia el río, hacia la playa, conformando desde esos entonces y ya con solidez el arrabal de la ribera, esto es, el Barrio Bajo…
Sabemos igualmente que, de todas formas, el Barrio Bajo sanluqueño habría ya podido dar sus primeros pasos de vida histórica como tal realidad quizá con anterioridad a estos primeros momentos guzmanos, y a ello precisamente hemos dedicado algunos párrafos con anterioridad.

De este modo (y no casualmente, a decir verdad), hablábamos en el precedente capítulo de esta pequeña serie acerca de la judería sanluqueña, que habría podido existir en el entorno de nuestro Barrio Bajo, justo donde la toponimia urbana -la fosilizada toponimia urbana, que tantas veces guarda secretos olvidados por la memoria consciente, por el dato histórico, no sólo en Sanlúcar de Barrameda- presenta nombres de espacios públicos que podrían (siempre, y aún, en condicional) albergar las trazas de este desaparecido “ghetto” medieval sanluqueño (desaparecido en cualquier caso hace más de medio milenio, cabe señalar, pero no por tanto tiempo perdido menos posible, menos probable, como tantas otras cosas y realidades, perdidas en las arenas del tiempo pero que una vez fueron reales, fueron ciertas).
 
Entre esos nombres se encuentran, como es sabido, la Escalerilla de los Perros (nombre despectivo que hace alusión  a los hijos de David en el imaginario medieval cristiano) y la calle Baños (o del Baño)…
Esta judería sanluqueña (que, como decíamos en los párrafos precedentes, es hoy una hipótesis de trabajo) habría podido existir ya en época medieval islámica, desarrollándose al pie de la Barranca, y por tanto al pie del Hisn, del espacio de la ciudadela musulmana medieval amurallada: al pie del “Castillo de las Siete Torres” de nuestra Historiografía tradicional, por ende.
 
Los ámbitos de convivencia de las comunidades musulmana y judía de la Sanlúcar de Barrameda anterior a la conquista cristiana, así pues, habrían podido desarrollarse de manera paralela en el espacio, pero independientemente el uno del otro: la población islámica recogida dentro del Hisn (de la viejísima -¿milenaria?- cerca de muralla de tapial musulmana algunos de cuyos restos se conservan, pocos y mal, en el Barrio Alto, en el entorno de la Plaza de la Paz y la Calle Escuelas por ejemplo), mientras la comunidad davídica tendría su espacio propio extramuros del referido Hisn -“extramoenia”, que diría un latino- al pie de la Barranca, al pie del Hisn…, junto al mismo (en realidad), pero con una separación material en vertical que redoblaba la distancia al tiempo que no eliminaba la inmediatez: juego físico y emocional que (si se nos permite apuntarlo) permite la distancia en altura, ciertamente diferente de la distancia en horizontal.
 
Así, el sanluqueño Alcázar de las Siete Torres (espacio que es de presumir mucho más “magnífico” en el contexto de nuestra Historiografía de lo que reamente lo fuera en su día en lo material) contemplaría desde sus alturas de la Corona de la Barranca (baste para imaginar el paisaje de la época alzar hoy día los ojos desde la Calle Bretones hacia el Palacio Ducal de Medinasidonia…) no sólo las orillas del río (mucho más próximas a las faldas de la ladera de lo que están hoy, como sabemos y nos cuenta la memoria oral de la ciudad, esos “memes”, equivalente cultural de los genes, de los que tan poco se habla todavía y a los que dedicaremos algunos párrafos más adelante), y las olas del mar, sino el espacio (que podríamos suponer recoleto, abigarrado…) de la judería sanluqueña, de esa comunidad que formaría parte de la Sanlúcar medieval de tiempos islámicos y que contaría con un ámbito propio (embrión, si lo pensamos bien) del Barrio Bajo de nuestra ciudad, anexo a los espacios del Hisn y el ribat del actual Barrio Alto.
 
El Barrio Alto conocería, con la llegada de la Casa de Guzmán al Señorío de la localidad, en 1297, la expansión del casco urbano con la creación del nuevo recinto de murallas erigido por los nuevos señores de Sanlúcar.
                El Hisn quedaría “embutido” en el interior del nuevo entorno amurallado, cuyos contornos -los de la nueva cerca de muralla cristiana- discurrirían paralelos a la Barranca, cerrando su perfil por el entorno de las calles Muro Alto y Muro Bajo, con la puerta de Rota (el Arquillo de Rota), remontando la calle San Agustín, con la Puerta de Jerez, en la zona en que aún hoy se conserva dicho nombre (incrustado en nuestra toponimia urbana) hasta el Albaicín y la calle homónima (donde aún se contempla un retazo nada desdeñable de la muralla…), entorno en el que se encontraría la Puerta de Sevilla (¿su orientación…?), y donde se encontraría, finalmente, con el flamante castillo de Santiago, construido por la Casa de Guzmán en la segunda mitad del siglo XV, siglo y medio (largo) después de la construcción de las murallas guzmanas de Sanlúcar de Barrameda.
 
El cerco del Barrio Alto se vería, de este modo, notablemente ampliado gracias a la intervención guzmana, y en dicha ampliación hemos de contemplar la reforma de la villa, su crecimiento demográfico y su nuevo papel como sede de los estados de la Casa de Guzmán y como eje articulador del gobierno de dichos estados y de la guarda de las costas y del río Guadalquivir.
 
Y a los pies de la Barranca, el Barrio Bajo comenzaría a conformarse como espacio urbano quizá de la mano de la Judería, en época medieval islámica, creciendo desde los aledaños de la que sería más tarde la calle de los Bretones y en dirección hacia la actual calle del Ganado, en paralelo a los mencionados pies de la Barranca, en un entorno muy transformado por la evolución histórica de la ciudad y bien jalonado a su vez de edificios históricos entre los que destacan la iglesia y convento de Madre de Dios y las Caballerizas del Palacio de Orleáns.
 
Así, este hipotético espacio de la Judería habría podido continuar su existencia tras la llegada de los castellanos, quizá sobreviviendo a la expulsión del dominio islámico, quedando  la confirmación de su propia existencia  y su posible existencia y continuidad en el tiempo posterior pendiente de la evolución de los estudios históricos y arqueológicos que permitan confirmar o desmentir su existencia.
 
El Barrio Alto, pues, conocería una notable expansión en época cristiana (en los primeros momentos del dominio castellano, cristiano, guzmano), en el interior de su relicario amurallado, mientras en el Barrio Bajo un entorno aún embrionario, un barrio en proceso de formación (que quizá hunde sus raíces en esta Judería medieval de tiempos islámicos), se iría consolidando paulatinamente desde –quizá- el mismo siglo XIV, para aparecer plenamente constituido ya en la segunda mitad del siglo XV.
 
Y de este tema seguiremos tratando en el próximo artículo de esta serie…
De iglesias, comerciantes (nativos y -sobre todo- foráneos), de duques, dragones, barcos, olas, río y mar… De chancas y atarazanas        , de espacios perdidos y entornos olvidados, de siglos que fueron y se fueron, de perfiles de una ciudad dormida bajo los cimientos de una ciudad -la actual- despierta y viva…
 
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