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Cartas de una sombra
 
 
 
 
   
 
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22 de Mayo de 2016
Gitana II
José Antonio Córdoba.La situación se alargaba, pero cuando Bencomo observó a los gitanos viejos abrir sus facas, entendió que aquella situación acabaría allí y en ese preciso momento. Uno de los gitanos viejo se acercó al Templario y pidió combatieran en igualdad de condiciones, él afirmó con la cabeza envainando su cabeza, y para sorpresa de los gitanos sacó de su blusa una faca, de esas que usaban los gitanos dejando a los presentes un poco sorprendidos, puesto que sabían que los payos de la zona no eran diestros en esa arma,entre tanto la mujer salía del círculo que a una distancia prudente se cerraba sombre el gitano y Bencomo, éste se deshizo de todo aquello que le molestara en la lucha, miró a su alrededor, y viendo a un gitanillo le indicó con gesto se hiciera cargo de sus pertenencias, el infante miró al gitano del centro y este le dio el visto bueno para que se acercar y tomase las pertenencias del hombre. Bencomo se descalzó el sombrero de ala ancha que le cubría el rostro por completo y se lo calzó a gitanillo, quien de vuelta a su lugar, caminaba altaneramente arrancando sonrisas burlonas entre los suyos.

Bencomo cabizbajo se acercó al centro de aquel improvisado círculo, acarició la faca, como si no deseara abrirla, el gitano miraba con cierta intriga a aquel extraño, un hombre que debía rondar los cuarenta años, un rostro blanco con claras huellas de estar curtido por el sol, su mentón y mejillasestaban cubiertos por una barba tupida pero cuidada, sin embargo su caballera estaba rasurada y se podía apreciar como las gotas de agua de la lluvia fina que caía en aquel momento se deslizabanperfectamente hasta su rostro. Entonces se escuchó el clic del tope de la faca, el templario se había armado por fin, alzó la ojos mirando a su contrincante y buscó con la mirada a la mujer que permanecía de espaldas a la pelea fuera del círculo cobijada de la lluvia bajo el dintel de una casa puerta,diciéndole, ─¡Gitana, gitana! dudo que conocieras templario alguno, pues si así fuese recordarías ─hizo un silencio intencionado al cual la mujer se giró y se acercó a la espalda de uno de los suyos y contempló al templario ─ no quiero más rosas que los pétalos de tus aterciopelados labios, pero sabes que no pueden ser míos, ─en ese momento la gitana se desvaneció, y los gitanos excepto el viejo que estaba frete a Bencomo acudieron a ella, la apartaron, mientras gitano y templario se dieron a las facas. El gitano pese a su edad combatía como un gato, algo que arrancó una sonrisa al templario, mientras se sucedían ese cruce de navajas, la gitana iba recuperándose, miraba aquella pelea, como si estuviese a una legua, algo había en su interior, algo que la oprimía y no alcanzaba a saber qué. De pronto, como si de un golpe seco se tratase, todo tomó sentido. Aquella frase es la que le decía su joven templario cuando los hermanos mayores no le escuchaban, pero, pero la faca, es la que ella le regaló al joven cuando partió para Jerusalén, fue la última vez que supo de él. ─¡No puede ser!, ─se dijo y se incorporó de golpe, sorprendiendo a los hombres, ─¡parad, parad, parad, gitanos paradlos!, ─estos se miraban sin entender, y ella volvía a chillarles ─¡paradlos, que paren, no quiero la sangre del extranjero!, ─pero los dos hombres que se batían estaban ajenos a los gritos de ella, el resto empezaron a creer que el desmayo la había trastornado. La gitana viendo que no le hacían caso se abalanzó sobre los combatientes, pero fue agarrada, entonces se calmó y llorando hondamente como solo una gitana sabía hacerlo por su hombre, miró a los suyos y le dijo con un tono de suplica y honda pena ─¡¡paradlos, paradlos por la Virgen, él es un Caballero de Cristo!!, ─pero los gitanos no le hacían caso, entonces ella les gritó ─¡¡Es un Templario, es un Templario, parad la pelea!!, casi la soltaron en el aire y se acercaron a los hombres que se batían estos se habían distanciado un poco para tomar impulso, ─¡parad la pelea!, ─gritó uno de los gitanos a los dos hombres que combatían.─¡¡Curro, Curro para, para, es un Templario!!, cuando Bencomo lo escuchó, alzó sus brazos en señal de no seguir combatiendo, pero Curro no puedo evitar la estocada en el costado del templario, perdiendo este el equilibrio y ambos hombres acabaron en el suelo. Los demás se acercaron y separaron a los hombres, sobre el suelo yacía el templario con sus ropas ensangrentadas, Curro lo miraba con sorpresa a la vez que pedía perdón al herido y a sus amigos. La gitana se le acercó hincándose de rodillas junto a él se sacó de su pecho un paño con una cruz templaria grabada, se lo enseñó al herido y le dijo, ─te acuerdas Benco, dije que siempre lo llevaría pegado a mi corazón, hoy secará tu herida, ─besó el paño y taponó la herida del templario. Él solo pudo asentir con la mirada e intentó disimular su mueca de dolor, con una sonriza, pero apenas fue algo perceptible.
Mientras lo incorporaban, le pidió a la gitana, ─¡Mujer debo salir de la ciudad, estos…! ─Ella le acarició la mejilla y diciéndole, ─¡Tranquilo Benco, tranquilo!, nosotros te esperábamos, bueno, no a ti, sabíamos que teníamos que sacar a un hombre de la ciudad en una de nuestras barcas de contrabando. Aguanta, queda poco, en la barca te podremos curar.
Él se detuvo y mirándola le dijo, ─¡Gitana, no quiero más rosas que los pétalos de tus aterciopelados labios, pero sabes que ahora son míos!… En el preciso momento que él fue a decir su nombre ella le puso suavemente sus dedos en los labios diciéndole, ─¡Aún no Benco, aún no!.
Entonces él levantó la mirada y estaba solo, por entre las calles de aquella Sevilla de 1519, él hombre se encontraba en medio de una encrucijada de calles, aquel lugar donde en otro tiempo se batió a duelo y ella le salvó la vida.
Ambos estaban condenados, eran viajeros del tiempo, con los recuerdos justos para buscarse el uno al otro, pero pronto se encontraban, volvían a trasladarse a otra época y vuelta a empezar. Ahora el destino o quien lo manejase les subía nuevamente el listón.
Ya a caballo, tomo el camino de Jerez y de allí debería de viajar a la villa de Sanlúcar, para embarcar hacia el Nuevo Mundo...
 
 
   
 
     
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