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Cartas de una sombra
 
 
 
 
   
 
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01 de Mayo de 2016
La que me parió
José Antonio Córdoba.-Nunca podré cantarte madre, cantar las nanas con las que deleitabas mis horas de llanto, de sueño, de amor.
Madre nunca podré secar las lágrimas que aquellos hijos de la grandísima te provocaron cuando nos arrebataron de tus brazos.
Madre nunca podré saber lo que es verte envejecer, tener frente a mi tu rostro arrugado por el tiempo, esos ojos que aún cansados por los avatares de la vida, siempre tienen una sonrisa para mi.
Madre, de tus brazos me arrancaron, me negaron el latir acompasado de tu corazón provocándome un silencio en el alma que hoy, a mis 46 años, ¡Madre! duele, necesito de tu cálido sentir, de tu sosegado cariño, de tu paciencia de otro mundo.
Se que nunca nos veremos, pues aún en mi muerte Dios no me permitirá el acceso al jardín donde tú pasearás. Pero aún en mi calvario, Madre, ¡Madre! tú recuerdo ilumina mi sendero.

Madre, no puedo decirte más pues las lágrimas empañan mis ojos, de mis dedos temblorosos mi pluma cae rodando sobre una hoja de papel plagada de diminutos charcos de salados recuerdos del alma.
Madre, ¡perdoname!, por no ser lo que esperabas de tu hijo. Madre, ante ti no puedo presentarme sin cumplir la promesa que a tus ojos hice, y la cual el destino me niega de cumplir, pero no se si será en esta u otra vida, pero soy Caballero y a mi promesa me debo.
Madre, que tus noches solitarias se acompañen de mi promesa, pues mi vida en reunir a tus tres hijos en ello se me vaya. Aunque Madre siento que el tiempo de los humanos se me hace extremadamente corto para tan eterna promesa.
Madre, descansa tu anciana cabeza sobre la cálida almohada de tu cama sabiendo que tu hijo guarda los tesoros de tu corazón, las bellas semillas de un amor de juventud.
 
La vida y el destino cuanto menos son rebuscados, irónicos y muchas veces crueles. Hijos arrebatados a sus madres, en mi caso a los diecisiete años mi madre adoptiva dejó este mundo entre mis manos, dura batalla de unos segundos eternos con la Muerte que me sonrió sabiéndose más sabia que aquel joven cachorro humano, y por tanto, que ganaría y ganó la lucha, arrebatándome lo poquito de Humanidad que me quedaba.
 
Pero la vida sigue, sigue para luchar, para caer y levantarte. Pero desde este humilde rincón mis palabras van para las Madres que hoy siguen buscando a sus hijos, que siguen luchando contra la hipocresía de esta sociedad, donde con una mano arrebatan a un hijo y con la otra lo vende.
Estas letras van para las Madres que a diario se levantan solas en la cama luchando por sus hijos.
Estas letras van para recordar a esos hijos que hoy se quejan de sus madres, que las usan para obtener una puta paga, que una madre es más que una paguita a final de mes, que para ella hasta su muerte, TÚ, eres todo su mundo.
Feliz Día de la Madre.
Por cierto, si festejas este día es que no entiendes que una madre no es solo un día al año.
 
 
   
 
     
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