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Apuntes de Historia CLXVIII
 
 
 
 
   
 
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20 de Marzo de 2016
 “Sanlúcar en Pigafetta (VII)”
Manuel Jesús Parodi Álvarez.-En el anterior artículo hablábamos (en el discurso general que venimos construyendo desde hace algunas semanas en este medio sobre la presencia de Sanlúcar de Barrameda, rica y abundante, en el texto de Pigafetta, la crónica que este navegante italiano redacta sobre el Viaje de la Primera Circunnavegación de la Tierra) de otra de las denominaciones, de otro de los términos con los que el cronista de la Expedición de Magallanes-Elcano va construyendo la estética de la presencia de nuestra ciudad en sus párrafos.
Este término era el de Barrameda, y veíamos en nuestro anterior trabajo de esta modesta serie cómo el mismo aparecía recogido en la página 12 de la edición de Benito Caetano (2012) sobre la obra de Antonio Pigafetta (una de las dos que venimos utilizando, siendo la otra edición que estamos manejando la del sanluqueño Francisco Pacheco Isla).
En la edición de Pacheco, “Barrameda” aparece en la página 99, y en dicho lugar se recoge que “Todas las mañanas se bajaba a tierra para oír misa en la Iglesia de Nuestra Señora de Barrameda, y antes de partir, el Capitán general (sic) determinó que toda la tripulación se confesase, como precaución prudente se había prohibido que embarcase mujer alguna en la escuadra”.

Son varios los apuntes que pueden hacerse a partir de este fragmento, como lo relativo al carácter religioso con el que aparece envuelto el término “Barrameda” (y de lo que ya tratamos en el artículo precedente), ya que se habla de la iglesia de “Nuestra Señora de Barrameda” en el texto pigafettiano, amén lo relativo a la identificación de dicha advocación mariana y el propio templo en sí, sobre cuya ubicación volveremos más adelante en esta serie. 
 
Otro de los términos con los que, como estamos viendo, Pigafetta va dibujando la presencia de Sanlúcar de Barrameda en su crónica era el de “Bahía” (y cabe señalar que sobre este concepto -en relación con Sanlúcar y la orilla sanluqueña- hemos hablado ya alguna vez con anterioridad).
El término de “bahía” es empleado por Antonio Pigafetta (mediante el uso de la expresión “bahía de San Lúcar”) en referencia al litoral sanluqueño, a la ensenada natural que crea el Guadalquivir en Sanlúcar, a la orilla izquierda del río, y que podemos encontrar reflejada, por ejemplo, en la imagen de Sanlúcar de Anton van Wyngaerde (o “Antón/Antonio de las Viñas”) datada en 1567, esto es, tan sólo unas escasas décadas más tarde de la culminación exitosa del Viaje de Magallanes-Elcano de la Primera Circunnavegación.
 
Puede considerarse que esta imagen de Sanlúcar trazada por Wyngaerde (con su relativa y conocida distorsión de la perspectiva, propia del autor, que no la invalida en absoluto) debe reproducir con bastante cercanía a la realidad del momento el paisaje de dicha ensenada, de dicha curva del río a su paso por Sanlúcar, a la que, como vemos, el itálico Pigafetta no duda en calificar de “bahía” (“bahía de San Lúcar”, es la expresión que utiliza el italiano, como hemos visto).
 
Dicha mención de esta “bahía” aparece una sola vez, ya en los párrafos finales del relato del viaje, en la página 146 de la edición de B. Caetano que venimos manejando (así, “bahía”, en Caetano, 146), al rendir cuentas Antonio Pigafetta de la vuelta a Sanlúcar de la nao Victoria con los 18 supervivientes de la tan larga como azarosa travesía.
De este modo se señala en dicho pasaje del texto que: “Gracias a la Providencia, el sábado 6 de septiembre entramos en la bahía de San Lúcar y de los sesenta hombres que formaban la tripulación cuando partimos de las islas Molucas, no éramos más que dieciocho, y éstos en su mayor parte estaban enfermos. Otros desertaron en la isla de Timor; otros fueron condenados a muerte por delitos, y otros, en fin, perecieron de hambre”.
 
De otra parte, en las páginas 221 y 222 de la edición de Francisco Pacheco se recoge la cita de esta “bahía” de la siguiente manera (página 221): “En fin, gracias a la Providencia, el sábado 6 de septiembre de 1522 dimos fondo en la bahía de San Lúcar y de los sesenta hombres que formaban la tripulación de La Victoria, cuando partimos de las islas del Maluco, llegamos a España dieciocho, estando enferma la mayor parte. Los demás, unos murieron de hambre, otros escaparon en la isla de Timor y otros fueron condenados a muerte por sus crímenes”.
 
Y continúa la edición de Pacheco (páginas 221-222) señalando que: “Desde que habíamos partido de la bahía de San Lúcar hasta que regresamos a ella, recorrimos según nuestra cuenta, más de 14.460 leguas, dando la vuelta completa al mundo, navegando siempre de E. a O.”
Junto a la reflexión sobre las múltiples penalidades experimentadas por los marinos de la nao Victoria que surge al calor de las palabras de Pigafetta, queda detenernos en esa “bahía” de Sanlúcar que menciona el texto, que hemos señalado existía y como tal era recogida por algunas fuentes de la época (fuentes de naturaleza diversa, textuales o gráficas, visuales), su presencia, su ubicación, su naturaleza, su desaparición…
 
 No hemos de pensar en nada extraño a la hora de considerar qué era y dónde estaba dicha “bahía de San Lúcar”, pues en realidad a lo que se está refiriendo Antonio Pigafetta (y lo que está recogiendo en su panorámica el norteño Wyngaerde un poco más tarde) es a la ensenada natural que formaba el río en su orilla izquierda a su paso por Sanlúcar, a la ensenada natural que se conformaba al pie de la Barranca hasta el siglo XVI (cuando menos) y que la propia evolución del litoral (sin lugar a dudas influida por la presión antrópica) fue colmatando, dando forma al ámbito de expansión de nuestro Barrio Bajo, desde la actual plaza de San Roque en dirección hacia la actual disposición de la orilla del río a su paso por nuestro casco urbano en el corazón de su espacio central.
 
La orilla sanluqueña, como es sabido, se ha desplazado en tiempos históricos (y no sólo en un único sentido -como bien recoge el libro “La Broa”, de Ginés Sáez Hernández), siendo que desde tiempos medievales hasta hoy la ciudad ha ido creciendo ocupando el espacio de esa “bahía” a la que se refiere Pigafetta en sus párrafos, y que ha de buscarse hoy bajo los perfiles del viario del Barrio Bajo sanluqueño.
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