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Sanlúcar en su Historia CLXLV
 
 
 
 
   
 
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28 de Febrero de 2016
Sanlúcar en Pigafetta (IV)
Manuel Jesús Parodi Álvarez.-A la hora de seguir considerando el tema que venimos tratando en estos más recientes artículos, el de la presencia y menciones de Sanlúcar de Barrameda (bajo distintos aspectos, globales o parciales) en los párrafos de Antonio Pigafetta y su Crónica de la Primera Vuelta al Mundo (1519-1522), un viaje cuyos protagonistas se hicieron a la mar en Sanlúcar de Barrameda, concluyendo su periplo asimismo en nuestra ciudad, tres años después de su partida, hora será de recapitular y detenernos a relacionar las diferentes formas bajo las cuales nuestra ciudad aparece mencionada en el ya referido texto de Pigafetta.
De este modo, y como hemos visto en los párrafos anteriores de esta misma serie (en los artículos que hemos venido publicando en las semanas inmediatamente anteriores a ésta), entre los términos en cuestión cabe citar algunos como el de “San Lúcar”, que es la forma del nombre de la ciudad que emplea Pigafetta en lugar de “Sanlúcar”, o el de “Barrameda”, término que Pigafetta menciona en su faceta de advocación mariana, referido a una Virgen de la localidad (“Nuestra Señora de Barrameda”).
Otro de los conceptos manejados por el italiano Pigafetta en su texto es el de “Bahía”, término que emplea el referido Pigafetta (inserto en el cuerpo de la expresión “bahía de San Lúcar”, más precisamente) para referirse al litoral sanluqueño, a la ensenada natural que forma el río en Sanlúcar y que se refleja, por ejemplo, en la imagen de Sanlúcar creada por Anton van Wyngaerde (en 1567), como ya mencionásemos con anterioridad.

Tal “bahía” ya inexistente, se habría ido paulatinamente colmatando merced a la acción del río y del Océano a lo largo de los siglos, siendo que buena parte del Barrio Bajo de Sanlúcar de Barrameda ocupa, justamente, ese espacio que en la época de Magallanes, de Elcano y de Wyngaerde conformaba la antedicha “bahía” de Sanlúcar, en la orilla izquierda del río, al pie de la Barranca sanluqueña.
Otro de los términos que aparecen en la Crónica de Pigafetta es el de “Medina Sidonia” (esto es, “duque de Medina Sidonia”), en clara alusión a la Casa Ducal de Medina Sidonia, tan estrechamente relacionada con la Historia de nuestra ciudad; en este sentido no huelga señalar que los Guzmán, titulares de la Casa Ducal hasta el siglo XVIII (cuando pasa a sus parientes los Álvarez de Toledo por extinción de la rama principal de la Casa), ostentaron el Señorío de Sanlúcar entre 1297 (fecha de concesión del Señorío por la Corona de Castilla a Alonso Pérez de Guzmán El Bueno, fundador histórico de la Casa de Guzmán, y 1645.
 
Igualmente aparece la mención al “Castillo”: como señalábamos en un precedente artículo de esta misma serie, con esta mención (en general y por extensión) Pigafetta se refiere al conjunto del recinto amurallado de Sanlúcar; el autor se refiere a Sanlúcar llamándola “castillo”, en relación con su naturaleza de plaza fuerte y su recinto amurallado; no se refiere específicamente al castillo de Santiago, como pudiera parecer, sino al conjunto y cuerpo general de la villa -por entonces amurallada- de Sanlúcar de Barrameda.
Asimismo aparecen (no podía ser de otro modo) las citas del Guadalquivir (mención del río con su nombre moderno) y del “Betis” (esto es, la mención del río bajo su denominación latina).
 
En lo que se refiere a la ubicación y la frecuencia de las menciones de los términos de interés en las ediciones de Pigafetta que venimos utilizando (y que como hemos venido señalando son las de Benito Caetano de 2012 y de nuestro paisano Francisco Pacheco Isla, de 2015), cabe señalar que “San Lúcar” cuenta con un total de cinco menciones en el texto de Caetano, y de seis en el de Pacheco; respecto a su ubicación, estas menciones se encuentran en las páginas 12 y 146 de la edición de Benito Caetano, y en las páginas 98, 99 y 221 de la edición de Francisco Pacheco Isla, respectivamente.
 
En lo que toca al vocablo “Barrameda”, el término aparece mencionado una única vez, constando en la página 12 de la edición de Benito Caetano y en la página 99 de la edición de Francisco Pacheco (con un cariz más religioso que de topónimo).
De otra parte, la noción de “bahía” cuenta con un total de dos menciones, apareciendo en la página 146 de Caetano y en la página 221 de Pacheco (con sendas menciones en cada uno de los casos considerados, a su vez).
 El término “Medina Sidonia” (directamente alusivo en este caso a la Casa Ducal) tiene una sola mención, en la página 12 de la edición de Benito Caetano, de una parte, y en la página 98 de la edición de Pacheco Isla, de otra.
 
Con una sola mención igualmente cuenta el término “castillo” (que como decíamos no se refiere en este caso al castillo de Santiago en particular, sino al conjunto amurallado de la ciudad histórica, en el Barrio Alto; este término de “castillo” aparece recogido asimismo en el mismo pasaje “pigafettiano” centrado en nuestro entorno inmediato y reflejado (entre otras) en las varias veces citadas páginas 12 y 98 de las ediciones de Caetano y Pacheco, respectivamente.
Otro tanto de lo mismo que venimos observando sucede con el término “Guadalquivir”, el nombre moderno del gran río, el cual aparece en el mismo pasaje de Antonio Pigafetta en relación con nuestra ciudad, y es recogido en las ya citadas páginas 12 de B. Caetano y 98 de F. Pacheco.
 
De otra parte e igualmente, el río, nuestro río, bajo su denominación latina, clásica, de “Betis” -y también en relación con Sanlúcar de Barrameda- cuenta con dos menciones, localizadas en las [que cabe calificar de] fructíferas páginas 12 de Caetano y 98 de Pacheco (en lo que atañe a la información que brindan sobre nuestra ciudad).
 
Entraremos en los próximos párrafos de esta serie, en los siguientes artículos, a considerar en mayor profundidad el sentido, forma, fondo y calado de los términos (esos mismos que hemos recogido en este artículo) que componen las (no precisamente pocas) menciones “sanluqueñas” que se muestran en el texto de la Crónica del Viaje de Magallanes-Elcano, una Crónica redactada como es de sobra conocido por el marino y cronista italiano Antonio Pigafetta en el transcurso de la expedición de la Primera Vuelta al Mundo, hace casi quinientos años.
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