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Apuntes de Historia CLXIV
 
 
 
 
   
 
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21 de Febrero de 2016
Sanlúcar en Pigafetta  (III)
Manuel Jesús Parodi Álvarez.- Seguimos en estos párrafos considerando las menciones que en su texto lleva a cabo el italiano Antonio Pigafetta sobre nuestra ciudad; como sabemos, Pigafetta es el cronista de la Expedición de Magallanes-Elcano, la que culminó (entre septiembre de 1519 y septiembre de 1522) el Primer Viaje de  Circunnavegación de la Tierra, o, dicho de otro modo, la Primera Vuelta al Mundo conocida, una expedición que tuvo su punto de partida al mar y de regreso tras los avatares del viaje precisamente en Sanlúcar de Barrameda.
Nos dedicábamos en los capítulos precedentes de esta serie a considerar los diferentes modos en que Pigafetta en sus páginas menciona a nuestra ciudad, los términos que emplea, y las referencias de las que se sirve a la hora de hacer mención, bajo distintos prismas y perspectivas, de Sanlúcar de Barrameda en el transcurso de su histórico relato.
Empleábamos para tales fines las ediciones más recientes que existen (en lengua castellana) del texto de Antonio Pigafetta, que son la de Benito Caetano y la del sanluqueño Francisco Pacheco (unas ediciones que datan de 2012 y 2015, respectivamente).
De este modo, y como ya señalásemos hace unas semanas al dar comienzo a estos últimos artículos, apuntábamos en nuestros precedentes textos que la edición de Benito Caetano está disponible en internet en formato pdf (gratis) (en la web http://civiliter.es/libreria/).

Así, y de otra parte, señalábamos igualmente que la edición que realiza nuestro paisano Francisco Pacheco Isla ha sido publicada por la Fundación Puerta de América en agosto de 2015 (como señala el Laus Libris del volumen), por Santa Teresa Industrias Gráficas, S.A., en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz (su referencia completa: Francisco Pacheco Isla, En Busca de las Especias. La Primera Vuelta al Mundo. Fundación Puerta de América. Sanlúcar de Barrameda, 2015; D.L. CA 282-2015; ISBN 978-84-606-9532-5; número de páginas, 299; ilustraciones en color; mapa del Viaje -desplegable- al final y fuera de paginación); cuenta el volumen de la edición de Pacheco con un total de 299 páginas, e incluye otros contenidos relacionados con la Expedición Magallanes-Elcano más allá del texto de Pigafetta (que ocupa las páginas 91 a 223 del volumen), de los que nos hemos ocupado en precedentes párrafos de esta misma serie.
En los anteriores artículos recogíamos algunos de los términos bajo los cuales aparecen las menciones a Sanlúcar de Barrameda (siempre dando fe de su ubicación en las ediciones de Caetano y Pacheco, respectivamente), unos términos tales como “San Lucar” o “Barrameda”, por citar algunos de los principales.
Además, es de señalar que Junto a los referidos vocablos de “San Lúcar” y de “Barrameda”, Pigafetta utiliza asimismo otros términos alusivos a la ciudad, tal y como hará al hablar en sus párrafos de “castillo”, de “duque de Medina Sidonia” o de “bahía” (“de Sanlúcar”, como veíamos en el artículo anterior a éste).
 
Finalmente, y junto a estos términos que recogemos, encontraremos asimismo en una ocasión el empleo del término “castillo” en referencia a nuestra ciudad, que viene a ser una mención (en general y por extensión) del recinto amurallado de Sanlúcar de Barrameda (y no sólo ha de entenderse que se refiere exclusivamente al castillo de Santiago, perfectamente visible para Pigafetta y los demás navegantes de la Expedición Magallanes-Elcano y de la época).
 
En realidad, el autor se refiere a Sanlúcar llamándola “castillo” en relación con su naturaleza de plaza fuerte y su recinto amurallado; no se refiere específica y exclusivamente al castillo de Santiago, sino que con dicha denominación engloba y hace referencia a la villa amurallada de Sanlúcar de Barrameda, que es lo que se guarda bajo dicha denominación de “castillo” empleada por el piloto italiano en este caso (castillo: Caetano, 12; Pacheco, 98).
 
Otros dos términos de interés de entre los empleados por Pigafetta que se han considerado también son los que recogen la mención del río; así, el italiano utiliza dos denominaciones para este curso fluvial, que son las de “Guadalquivir” y las de “Betis”; la primera aparece en la página 12 de la edición de Caetanoy en la página 98 de la edición de Pacheco (“Guadalquivir”: Caetano, 12; Pacheco 98), en referencia a los restos de un puente (dos pilares) a la altura de San Juan de Alfarache (esto es, la localidad de San Juan de Aznalfarache), aguas abajo de Sevilla.
 
Estos restos de estructuras debieron pertenecer bien a un paso firme de escasa duración (o frustrado), bien a una estructura que combinase un hipotético paso firme parcial con un paso mediante barcas, pues sabemos que hasta a construcción del Puente de Isabel II (o de Triana, como es más popularmente conocido), al paso del río por la ciudad de Sevilla, no existía ningún paso firme sobre las aguas del Guadalquivir aguas abajo de Córdoba, cuyo puente romano constituía el paso firme situadomás al sur en el río, siendo el puente de barcas de Sevilla el paso estable más meridional en términos absolutos (existiendo diversos pasos con barcas aguas abajo de la capital sevillana, pero no ningún puente ya fuera de barcas o firme, estructural) sobre las aguas del viejo Baetis de los romanos.
Señala Pigafetta, en cualquier caso, que la existencia de dichos dos pilares se encuentran sumergidos, hacen difícil la navegación y exige que el paso por dicha zona se lleve a cabo con especial cuidado, contando con pilotos expertos que conozcan bien el lugar y efectuándolo aprovechando la marea alta, referencia con la que el italiano deja constancia del efecto y acción de las mareas en el río Guadalquivir tierra adentro (fenómeno conocido históricamente), poniendo de manifiesto el carácter marino de la navegación interior (incluso muchos kilómetros tierra adentro) por el gran río andaluz.
 
De otra parte, el término “Betis” es utilizado por Antonio Pigafetta en dos ocasiones (ambas localizadas en la página 12 de la edición de Caetano e igualmente localizado dos veces en la página 98 de la edición de Pacheco; “Betis”: Caetano, 12; Pacheco, 98); se trata de dos menciones del río sirviéndose el autor del nombre latino del mismo (Baetis o Betis), una con referencia al mismo en su curso medio (a la altura de San Juan de Aznalfarache, citado como Alfarache por el autor) y la otra en la desembocadura, en Sanlúcar de Barrameda, cuando habla de la bahía de Sanlúcar, desde donde partieron en 1519, haciéndose a la mar, y a donde regresaron en 1522 culminando así la proeza de la Primera Vuelta al Mundo.
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