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Apuntes de Historia CXXXIII
 
 
 
 
   
 
Apuntes de Historia CXXXIII PDF Imprimir E-mail
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18 de Julio de 2015
750 años  I
Manuel Jesús Parodi Álvarez.-En la historia de toda ciudad existen momentos esenciales, efemérides y circunstancias históricas especialmente imbricadas en el pasado de dicha comunidad humana, eventos y acontecimientos que han servido de manera especial para ir forjando el carácter y la identidad de cada grupo humano, de cada comunidad, de cada pueblo o ciudad.
En algunos casos se trata del momento en que dicha comunidad “aparece” en la Historia, el momento “fundacional” de un grupo humano que se sabe tal y que se reconoce como tal, desde sus primeros “balbuceos” históricos.
En otros casos se trata de una fecha de marcada relevancia en el pasado de dicha comunidad, de un hito (o unos hitos) que ha servido para forjar y conformar el carácter de dicha ciudad, dando forma asimismo a sus señas de identidad, a su naturaleza, a los elementos que tal comunidad reconoce como propios a lo largo del tiempo.

En un contexto tan rico y complejo (desde el punto de vista de la Historia) como es el de la Baja Andalucía (en realidad, en toda Andalucía, por no decir en el conjunto del Mediterráneo), es difícil que el pasado más remoto no aflore, en la forma de yacimientos arqueológicos, en los términos municipales (que son, es de recordar, unidades administrativas modernas, no siempre ni necesariamente relacionados con el pasado histórico de las tierras sobre los que se asientan).
De este modo, la realidad histórica se ve superponiendo a modo de capas, como una suerte de “piel de cebolla”, desde la tan lejana Prehistoria hasta el momento presente en no pocos casos y sitios, de manera que el tiempo se convierte en poco más que el hilo conductor por el que transitan siglos (cuando no milenios), sociedades, modos de vida, desde el Paleolítico hasta nuestros mismos días, como, por ejemplo y sin ir más lejos, sucede en el contexto de las tierras que componen el moderno término municipal de Sanlúcar de Barrameda.
 
El término municipal de Sanlúcar, pese a la mala (o nula, por así decirlo, en lo que atañe a conservación, investigación, protección y -casi- divulgación) situación del conjunto de su Patrimonio Arqueológico, conoce un desarrollo histórico que abarca -cronológicamente hablando- desde la Prehistoria hasta hoy, con una continuidad cuando menos llamativa, desde hitos como el desaparecido Dolmen del Agostado hasta nuestros mismos días, pasando por lo romano, lo medieval (islámico, normando y cristiano) y los hitos monumentales de épocas moderna y contemporánea, elementos igualmente sustanciales de nuestro Patrimonio Histórico…
 
Si el pasado más remoto se asoma a nuestra Historiografía en la forma de relato mítico, un relato en el que los dioses de la Antigüedad campan a sus anchas (por así decirlo) por nuestros entornos más inmediatos, los restos (sí, restos) de nuestro Patrimonio Monumental pugnan por sobrevivir entre la incuria y la desidia, entre la ignorancia y el tiempo perdido…
Así, Zeus es acunado por los Curetes en estas remotas tierras de Occidente, Apolo baña cada atardecer sus caballos en las olas del Océano agreste, y el Jardín de las Hespérides guarda sus manzanas doradas al refugio del Ocaso, mientras Hércules se enfrenta, una y otra vez, a las furias de un Gerión condenado de antemano, antes o después -que no es de recordar aquí y ahora, para no perdernos en menudencias- de tratar de limpiar los establos, siempre caóticos, de Augías.
 
La Luz Dudosa titila en las tinieblas del Poniente, al amparo de su Santuario, mientras Astarté y la Venus de los Mares se toman de la mano para sucederse en el tiempo protegiendo a pescadores, marineros, mariscadores y demás gentes de la mar y la playa, en las riberas de un río siempre Grande, desde Gárgoris hasta Guzmán el Bueno, héroes (en un sentido clásico, histórico y literario) fundadores de los haberes y haceres humanos -y por tanto culturales- de estas tierras, orillas y playas de un Mar hecho Océano, padre de Gigantes, Cíclopes y Titanes desde Homero hasta Juan de la Cruz...
 
Sanlúcar cuenta con no pocos hitos si no fundacionales sí merecedores de la consideración de esenciales; desde el pasado mítico de sus tierras y orillas, elevado a una categoría trascendente por su propia naturaleza y sus íntimas conexiones con nuestras raíces culturales clásicas, hasta ese mundo ya histórico plasmado en las estructuras de yacimientos  arqueológicos (tan relevantes como descuidados) como los de La Algaida o Évora, por citar (una vez más) los dos más profundamente arraigados en nuestro acervo cultural e identitario local, así como en los elementos muebles producidos por dichos yacimientos, unos elementos tales como las figurillas de bronce conservadas en el Museo Arqueológico Provincial de Cádiz (entre las que destaca el fauno, de marcado carácter etrusco), así como la Diosa (o Dama) de La Algaida, cuyo original se conserva igualmente en el antedicho Museo gaditano mientras su copia se muestra en nuestra localidad, en el Centro de Visitantes de Doñana “La Fábrica de Hielo”, en Bajo de Guía.   
 
Realmente no muchos lugares pueden preciarse de tener al padre de los dioses y los hombres (Zeus pater andronte theonte) entre sus hijos adoptivos…, ni tampoco de ser el mirador de los vuelos de Apolo, el Flechador, y sus caballos del Ocaso… Pero, mitos aparte (como si se pudiera dejar aparte los mitos…), las tierras que hoy conforman los contornos de Sanlúcar de Barrameda cuentan en su haber con hitos históricos de gran envergadura en el contexto de la Historia de Europa y aun de la Humanidad, fruto y reflejo del privilegiado emplazamiento de esta ciudad.
 
Y en lo que respecta, toca y atañe a la Historia estricta y esencialmente local de Sanlúcar, sucede igualmente que algunos de dichos hitos generales son inseparables de la propia evolución y crecimiento (histórico) de la localidad, trascendiendo éstos de lo local y fundiéndose con la Historia general de la especie humana.
Pero el título de este texto es “750 Años”, y ello obedece a unas razones, y a unas intenciones…
Quizá, hablando de hitos fundacionales (en -y de- Sanlúcar de Barrameda), la fecha de 1297 sea definitoria; lo es, especialmente, por cuanto ha calado felizmente (esto es, con éxito) en el imaginario colectivo; la fecha corresponde a la donación del Señorío de Sanlúcar a Alonso Pérez de Guzmán “el Bueno” por parte de la Corona de Castilla (que confirmaría por escrito en tal año lo que se prometió en 1295).
 
Desde 1297, y hasta mediados del siglo XVII (esto es, durante unos 350 años, grosso modo), la ciudad sería propiedad (por así decirlo) de la Casa de Guzmán, forjándose una indeleble (y durante siglos, indisoluble) unión, alianza y relación entre la referida Casa nobiliaria castellana (andaluza, esencial pero no solamente) y la sede, capital y cabeza de sus estados, Sanlúcar de Barrameda.
 
Tal fecha, la del referido año de 1297, ha venido apareciendo para muchos como una suerte de “año cero” para la Historia de Sanlúcar de Barrameda, pero ello es matizable. Altamente matizable.
 
Sanlúcar es ya “Sanlúcar”, con dicho nombre, que sepamos, desde finales del siglo XI, como muestran las amonedaciones almorávides que hemos traído a colación en textos anteriores de esta serie de artículos, de una parte (con lo que ello conlleva de cara a la identidad del núcleo poblacional desde entonces hasta nuestros días, esto es, a la continuidad de dicha identidad desde hace, plus minus, un milenio).
 
Y de otra parte, de cara a la evolución histórica de nuestra ciudad y a la conformación de sus señas de identidad, ya antes de esos momentos de finales del siglo XIII (con la llegada de los Guzmanes) hay un hito precedente, que resulta determinante para lo que Sanlúcar de Barrameda habría de ser en el tiempo (desde entonces hasta hoy, sin entrar en valoraciones, pues la Historia no las conoce), un hito del que el pasado año 2014 se cumplieron los 750 años del título de estos párrafos: la incorporación de Sanlúcar de Barrameda a la Corona de Castilla, en 1264, de la mano de Alfonso X “el Sabio”. Y de ello seguiremos hablando…
 
 
   
 
     
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