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07 de Diciembre de 2014
Perfiles de Indias   I
Manuel Jesús Parodi Álvarez.-Hemos destinado dos precedentes artículos de esta serie dedicada a “Sanlúcar en su Historia” (los números 98 y 99 de la misma) a considerar, cierto que a vuelapluma, como el espacio y la ocasión requieren y permiten, algunos de los elementos y características de más peso en el marco de los perfiles medievales de esta Sanlúcar, tan hermosa como antigua, que desde sus alturas se asoma a las aguas del Océano y del Gran Río (pues tal es el significado del nombre “Guadalquivir” en árabe, como es sabido) hoy como hace siglos y siglos…
Uno de los “momentos estelares de la Humanidad”, parafraseando al gran escritor austríaco de principios del siglo pasado Stefan Zweig y a una de sus más conocidas obras, fue sin duda aquél en el que el Mundo conocido (desde la perspectiva europea) se “abrió”, en un momento (los finales del siglo XV y los balbuceos del XVI) en el que de la mano de exploradores ibéricos (lusos e hispanos) se navegaron mares nuevos, se descubrieron tierras nuevas y los perfiles del Planeta se redondearon, de la mano de los exploradores y navegantes lusos e hispanos de las postrimerías del siglo XV y los principios del XVI.

Y en ese “momento estelar de la Humanidad” que tuvo en Colón, Magallanes y Elcano a tres de sus principales actores, a tres de sus principales protagonistas, Sanlúcar de Barrameda contó con un más que destacado (y nada casual) papel: sus aguas, riberas, casco urbano, y su entorno todo, tuvieron mucho que ver con ese momento de nuestra Historia, cuando Sanlúcar, como en varias ocasiones hemos insistido (e insistiremos) era el “cosmódromo” de la Modernidad, el “Cabo Cañaveral” o el “Baikonur” de la Europa de la transición entre la Edad Media y la Época Moderna, entre los siglos XV y XVI, una definición que debemos a nuestro desaparecido amigo el profesor Franco Bazzanti, florentino, como Pigafetta, hombre de ciencias, como Pigafetta, navegante, como Pigafetta, y como Antonio Pigafetta, buen conocedor de estas aguas, de este río-mar que baña las faldas de la Barranca de Sanlúcar.
 
El lector interesado por la Historia de Sanlúcar, o bien la persona que se acerque a Sanlúcar y se deje llevar por la fuerza de sus paisajes urbanos históricos (pese a los estragos de los últimos años), podrá sin duda, y a poco que quiera leer la Historia de este entorno en los edificios monumentales sanluqueños…, podrá, decíamos, sentirse parte de aquellos singularísimos momentos de nuestra Historia con mayúsculas, de la Historia de la Humanidad, ya que desde Sanlúcar de Barrameda zarparon la mayor parte de las expediciones de exploración y descubrimiento que la Corona de Castilla mandó en los albores de la Modernidad al “espacio exterior” de la época: los mares inciertos y los Mundos Nuevos que esperaban a los navegantes allende las olas.
 
Sanlúcar, como hemos señalado hace un momento, era la “Cabo Cañaveral” o la “Baikonur” de las postrimerías del siglo XV: desde aquí “despegaban” las “naves espaciales” de la época: carabelas, cocas, naos, carracas, negras y panzudas naves redondas en cuyas tablas viajaban los anhelos y esperanza de tantas personas cuyas vidas quedarían irremisiblemente ligadas a las tierras que alcanzaron en el Continente Americano, o a las aguas saladas que se convertirían, en su caso, en su definitiva morada.
 
Desde Sanlúcar de Barrameda, como es sabido, partiría Cristóbal Colón en su Tercer Viaje al Nuevo Mundo en mayo de 1498, para descubrir la Tierra Firme de ese Nuevo Mundo (en la actual Venezuela), y Sanlúcar sería asimismo protagonista del Cuarto Viaje (que habría de ser el último) del Almirante Colón: por aquí pasaría a su partida en dicha última expedición (que zarpó desde Sevilla y que se abrió al océano en la Barra sanluqueña), y, además, Sanlúcar sería el puerto de arribada de Colón a su retorno de este Cuarto Viaje, en noviembre de 1502: la epopeya colombina (la epopeya personal del Almirante, si se quiere replantear el aserto) se cierra, pues, en aguas de Sanlúcar.
 
Del mismo modo, Sanlúcar de Barrameda sería el puerto de partida y de retorno de la expedición de Magallanes-Elcano, que entre 1519 y 1522 protagonizaría la Primera Vuelta al Mundo conocida en Europa, la Primera Circunnavegación del Globo Terráqueo ejecutada por Occidente…, y que en unos años será objeto de su conmemoración.
 
Y la ciudad de la Barranca, con su arrabal de la Ribera, con ese Barrio Alto medieval al que hemos dedicado párrafos precedentes (y al que dedicaremos más párrafos por venir, sin lugar a dudas), ese Barrio Alto que merece ser redescubierto gracias al pasear por las callejas de este destacado jalón del casco antiguo sanluqueño, la ciudad de la Barranca, decíamos, fue protagonista absoluta, junto con ciudades atlánticas hermanas como Lisboa, Sevilla o Cádiz, de esos momentos históricos, de aquella gran aventura de la Historia, del momento en el que la Humanidad ensanchó sus horizontes gracias a los aventureros, expedicionarios, oficiales del estado, emprendedores y demás osados viajeros que se lanzaron a las ondas del Atlántico desde las orillas sanluqueñas, desde los muelles sanluqueños, desde las riberas sanluqueñas.
 
Los caminos americanos se hacen presentes en Sanlúcar de Barrameda bajo los perfiles de no pocos de sus edificios históricos, cuyas fachadas, torres, balcones, zaguanes, patios y miradores nos hablan de tiempos de viajes a Ultramar, de galeras y maderas embreadas, de descubridores y exploradores, de comercio, de galeones y Flotas de Indias, en un baile pétreo que abarca desde finales de la Edad Media con el Palacio de Medinasidonia o el Castillo de Santiago, a través del esplendor del Barroco, con las iglesias y conventos sanluqueñas, y hasta el Siglo de las Luces, cuando las Casas-Palacio se convierten en islas y testimonio de la prosperidad del comercio indiano.
 
Quien quiera disfrutar de estas esencias americanas locales podrá iniciar su camino en el viejo Palacio de Medinasidonia, guardián de la Barranca, balcón sobre el río al que vigila y contempla desde su atalaya blanca, y que tanto y tanto tuvo que ver con las navegaciones atlánticas castellanas, con el impulso de un Mundo que se expandía desbordando sus límites tradicionales, con el comercio por el río, con los grandes Descubrimientos geográficos de los siglos XV y XVI.
 
 En sus inmediaciones, en el ángulo de la Plaza de los Condes de Niebla enfrentado a la torre de la iglesia de La O, se localiza la Casa del Cabildillo, que fuera sede de las Casas Consistoriales entre los siglos XVI y XVIII, ejemplo de arquitectura prebarroca en la localidad.
Y en la calle Luis de Eguílaz, que lleva el nombre de un destacado escritor y dramaturgo sanluqueño del siglo XIX, enmarcadas en un collar de Bodegas Históricas, se encuentran algunos ejemplos singulares de tiempos de la Colonia como la antigua Casa y Convento de los Jesuitas o la Casa de La Cilla, notables muestras del esplendor arquitectónico de la Sanlúcar del XVII y XVIII: ambas casas abrirán al viajero sus zaguanes y le ofrecerán el frescor de sus patios en la canícula veraniega, entre aromas de Manzanillas y Olorosos.

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