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Apuntes de Historia XCVI
 
 
 
 
 
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02 de Noviembre de 2014
Nociones generales V
Manuel Jesús Parodi.-En estos últimos textos presentados en el seno de esta serie de Historia que desde hace ya bastantes meses venimos sacando a la luz con una perspectiva divulgativa, hemos centrado nuestro interés en traer a colación unas nociones generales sobre nuestra Historia local, sobre determinados aspectos de nuestro pasado que resultan esenciales por elementales de cara a tener un conocimiento tan somero como imprescindible de nuestro pasado.
Hablábamos en los anteriores artículos de épocas más pretéritas de nuestro pasado, de cuestiones, aspectos y materias que desde la zona umbrosa de los más remotos tiempos han ido conformando los perfiles de nuestra personalidad como comunidad en el espacio, como grupo humano identitario…
Y entre otros asuntos capitales, nos acercábamos a la época medieval, islámica primero y cristiana después, cuando Sanlúcar -hace ya más de un milenio- emerge como espacio urbano (o protourbano) en su corona del Barrio Alto, en lo alto de la Barranca, mirando al río, y llamándose “Sanlúcar” desde hace, mal contados, nada menos que diez siglos, un milenio…

La Casa de Guzmán, el Alcázar de las Siete Torres, las razzias vikingas, los emires Omeyas, los califas, las taifas, los almorávides, almohades, meriníes, benimerines…, todo se mezcla en nuestro ADN cultural, en nuestros “memes” (el equivalente, desde la perspectiva histórica y cultural, a lo que son los “genes” desde el punto de vista biológico).
Y andando el tiempo y los párrafos, llegábamos a los albores de la Modernidad, a las expediciones atlánticas, al Nuevo Mundo, a la Circunnavegación (¿alguien ha hablado del V Centenario de la Circunnavegación…?), a los momentos en los que nuestra ciudad era el “Cabo Cañaveral” de Europa…, uno de los ejes, junto con Lisboa, Sagres, Sevilla o Cádiz, desde donde partían las expediciones que hicieron el Mundo más grande…
 
Si los siglos comprendidos entre el XIV y el XVI (en realidad, hasta la primera mitad del XVII) verían el ascenso y consolidación de la Casa de Guzmán y de Sanlúcar como capital de sus estados, el siglo XVII contemplaría la pérdida del Señorío de los Guzmanes sobre Sanlúcar.Ciertamente en el XVII continuaría el programa constructivo de la Casa de Guzmán en la ciudad, pese a los vientos de crisis y ruptura con la Corona. Así, las iglesias de San Francisco y La Merced, el Convento de Capuchinos (de frailes) o los conventos femeninos de Regina Coeli y Madre de Dios (que cuenta con una datación más antigua), entre otros, son fruto de dicho impulso (un impulso que cuenta con orígenes incluso anteriores, materializado en otros edificios monumentales).
Pese a todo, rivalidades por el control del ámbito del río en su desembocadura, y la necesidad del Estado de eliminar trabas al propio poder y limitar los poderes de esta Casa nobiliaria de los Medinasidonia en este extenso territorio del Sur llevarían a la pérdida de la ciudad: la Casa de Guzmán, en la persona del IX duque,  Gaspar Alonso Pérez de Guzmán y Sandoval, vería cómo Felipe IV y el conde-duque de Olivares (también un Guzmán él mismo) se hacían con el control de la ciudad a mediados del siglo XVII: el Reino sustituía al Señorío, el Estado a los duques.
 
Tras los avatares de la segunda mitad del Seiscientos, y una vez restaurado el papel y peso de la Casa de Guzmán en la Corte de Madrid, Sanlúcar de Barrameda asistiría, un siglo (plus minus) después de la famosa visita de Felipe IV a estos entonces estados de los Medinasidonia, la visita a la localidad del nuevo rey Felipe V, el primero de la Dinastía Borbón en España, a principios del siglo XVIII.
 
Los duques de Medinasidonia del siglo XVIII, y especialmente el XIV duque, el ilustrado Pedro de Alcántara Pérez de Guzmán y Pacheco (traductor de la “Enciclopedia” y protector del trabajo intelectual de la época,  como en el caso de la obra del padre Martín Sarmiento), un intelectual, una figura excepcional en el panorama de la España de la época, se insertan plenamente en el horizonte intelectual de la Ilustración, y contribuyen grandemente al resurgir de su Casa tras unos años precedentes que resultaron más oscuros para los Guzmanes y quizá también para la ciudad de Sanlúcar.
 
En este sentido, una muestra de un cierto resurgir de la ciudad sería la creación de la provincia marítima de Sanlúcar, en 1804 (un espacio administrativo que se extendía por el litoral de la actual provincia de Huelva y parte de la costa gaditana), una de las consecuencias de la especial atención y la “protección” dispensada a la misma por el valido de Carlos IV, Manuel Godoy, quien contó con una casa en el Barrio Alto de la ciudad y quien fomentó la agricultura y la Botánica, creándose por las mismas fechas el primer Jardín Botánico de Sanlúcar.
 
Una huella histórica de la estrecha relación entre Godoy y Sanlúcar no será tan sólo el hecho de que este controvertido estadista de finales del Setecientos y principios del Ochocientos cuente con una avenida a su nombre en la localidad, sino -además de lo anterior- la circunstancia de que en el corazón del Barrio Alto, de la ciudad vieja de Sanlúcar, el espacio axial de este “núcleo duro” de la ciudad histórica recibiera el nombre de Plaza de la Paz, un nombre puesto a dicho espacio como homenaje a Godoy, quien recibiera el título de “Príncipe de la Paz” tras la breve guerra que España sostuvo con Portugal en 1801 (la así llamada “Guerra de las Naranjas”) y que se saldó con la victoria de las armas españolas y la anexión a España de la ciudad de Olivenza, hoy en la provincia de Badajoz y hasta aquellas fechas, portuguesa.
 
Junto a lo señalado, la visita de Goya a la ciudad sería uno de los hitos históricos que habrían de marcar, además del hecho fundamental de la invasión francesa y la subsiguiente ocupación napoleónica de la ciudad, los ritmos de la transición entre los siglos XVIII y XIX. Es de señalar que la Guerra de la Independencia y la ocupación francesa devastarían la ciudad.
 
Perdidas las colonias continentales americanas, el otrora floreciente comercio decaería notablemente. La recuperación vendría, paulatinamente, de la mano de la viña y el vino: la Manzanilla, flor exclusiva de las bodegas sanluqueñas, revitalizaría la ciudad, que asistiría a la llegada de capitales e inversiones extranjeros.
 
Entre los personajes ilustres de esta Sanlúcar decimonónica y romántica, cabe destacar a los duques de Montpensier, Antonio María de Orleáns-Borbón, hijo del último rey de Francia, Luis Felipe, y su esposa, María Luisa Fernanda de Borbón, hermana menor de la reina de España, Isabel II.
 
Los jóvenes esposos, asentados en la ciudad de Sevilla (en su majestuoso Palacio de San Telmo) tras su matrimonio (tras ser derrocado Luis Felipe, perdiendo el trono de Francia en 1848, lo que obligó a la familia real francesa a encarar el exilio), edificaron un Palacio de Verano en Sanlúcar, el Palacio de Orleáns (hoy sede del Consistorio local), estableciendo sólidas relaciones con nuestra ciudad. La finca “El Botánico” y las Caballerizas de Palacio (sitas en la calle Baños) son otros de los edificios y sitios monumentales debidos al impulso de la Casa de Orleáns.
 
De este modo, a partir de mediados del siglo XIX, los infantes-duques de Montpensier establecerían su residencia de verano aquí, en Sanlúcar de Barrameda, y de ese modo comenzaría la tan estrecha vinculación de la Casa de Orleáns-Borbón con la ciudad, existente desde entonces y que aún perdura en nuestros días, ya en pleno siglo XXI.
 
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