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Sanlúcar en su Historia XCIII
 
 
 
 
   
 
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12 de Octubre de 2014
Nociones generales II 
Manuel Jesús Parodi.-Tras el Ocaso de la Antigüedad, que provocó un milenio de oscuridad en las tierras que una vez fueron romanas (y no es una mera opinión: excepción hecha de algunos espacios del entorno mediterráneo, como la antigua Baetica romana, mutada en el Meridión de Al-Andalus, los estándares de vida romanos -incluso los tardorromanos- no volverían a recuperarse en Europa hasta el siglo XVIII), por las tierras de este entorno, por las tierras que hoy son de Sanlúcar, habrían de pasar vikingos, emires de varias Casas y señores de Occidente…
Andando los siglos, del “Templo del Lucero” de la Antigüedad (ese espacio sagrado romano y anterior a la presencia de las águilas de Roma en el Sur peninsular) pasaríamos (manteniendo ese espíritu de sacralidad que caracteriza a este territorio desde los más remotos tiempos hasta el momento presente) al “Lugar Santo de la tierra firme entre marismas”, que tal cosa significa “Sanlúcar de Barrameda” (el “Sant Locar” de la “Bar-al-Meida”)…

Si Roma vino a ser a un mismo tiempo la clave y fin de la Antigüedad en el territorio hoy sanluqueño, los asaltos de los hombres del Norte (esto es, los normandos, los vikingos), a las tierras del interior del valle del viejo Baetis, donde acabarían llegando tan al interior como a la propia Sevilla a mediados del siglo IX d.C., nos sitúan ya en la Alta Edad Media.
 
Los tan famosos como violentos vikingos, a bordo de sus drakares, sus barcos-dragón, navegaron las aguas del Guadalquivir sólo para ir a morir a Sevilla (a fracasar en sus intentos de saqueo de la campiña y la capital hispalense, en fin de cuentas, en los años 844 y 859 de nuestra Era), y a su paso por estas aguas de seguro divisaron las laderas de la colina de Sanlúcar…
Una colina sobre su barranca, coronada por los muros del “Hisn”, el recinto amurallado de la Sanlúcar islámica, acodado al ribat que quizá los primeros emires Omeyas hicieron erigir para reforzar las defensas del núcleo sanluqueño, guarda y puerta del río…, un ribat que -como ya tan acertadamente señalara hace años la duquesa de Medinasidonia, Luisa Isabel Álvarez de Toledo- descansa bajo las estructuras del actual Palacio Ducal de Medinasidonia, sobre la barranca sanluqueña, asomado a las orillas del viejo río, a la orilla del mar de Sanlúcar…
 
A los emires Omeyas (los primeros Abderramán y Mohammed), impulsores de la creación del ribat y la estabilización del poblamiento en el actual Barrio Alto sanluqueño, verdadero embrión de la ciudad, les sucedieron los califas de Al-Andalus, también Omeyas, que como los emires de su Casa gobernaban la Península Ibérica desde la vieja capital romana de la Bética, Córdoba, y al poder cordobés habrían de seguirle en el tiempo, almorávides, almohades y taifas, hasta la llegada del poder castellano a estas tierras ya a mediados (en realidad, en la segunda mitad) del siglo XIII, de la mano de Alfonso X el Sabio, bajo cuyo reinado Castilla se apoderaría de las viejas taifas musulmanas de Jerez y de Niebla.
 
Pero antes de la llegada del poder cristiano a este Sur, la Sanlúcar medieval musulmana reforzaría con el pasar del tiempo su recinto murado (el “Hisn” que hemos mencionado con anterioridad), contemplaría desde las arcadas de su ribat y desde lo alto de sus mezquitas (nos atrevemos a escribirlo en plural, siguiendo lo que apuntan las fuentes medievales islámicas) el paso de los navegantes por el río, y serviría como cabeza de puente para la llegada hasta la Península Ibérica de almorávides y almohades desde el Norte de África, en los siglos XI al XIII.
 
 Los soberanos almorávides, como sería el caso de su primer emir, Yusuf Ibn Tassufin, a finales del siglo XI y principios del XII, dejaron constancia en sus monedas de oro y plata -acuñadas no casualmente en Sanlúcar- del peso y papel estratégico que la vieja ciudad de la barranca jugaba de cara al control de la navegación por el río Guadalquivir en su desembocadura, como punto de llegada a estas tierras y como mecanismo de acceso al interior del valle del río, hasta Isbiliyya (Sevilla) e incluso más allá de la ciudad hispalense.
 
Tras la batalla de las Navas de Tolosa, acaecida en tierras de la actual provincia de Jaén en 1212 (saldada con una victoria de las armas cristianas que terminó por decidir la definitiva irrupción de los castellanos al Sur de Despeñaperros), sería cuestión de tiempo que los estandartes cristianos alcanzasen las orillas de las playas sanluqueñas: si las fuentes islámicas nos hablan de la tierra de “Las Mezquitas” al referirse a esta comarca, las fuentes cristianas nos hablaran del “Castillo de las Siete Torres”, la fortaleza que los cronistas castellanos contaban que coronaba la barranca sanluqueña, en clara alusión al viejo “Hisn” islámico, la cerca de muralla ribeteada de torres alguna de las cuales aún se asoma a los perfiles del Barrio Alto de la ciudad, transmutada en torre de iglesia cristiana, como en el caso de la parroquia de La O.
 
Las “Cantigas” del rey Alfonso X también mencionan a Sanlúcar de Barrameda en sus versos, al narrar uno de los milagros de Nuestra Señora… (como bien ha estudiado el historiador sanluqueño Antonio Romero Dorado), y a su vez las crónicas castellanas relatan cómo tras la conquista cristiana de este rincón de la actual provincia de Cádiz, el ya entonces viejo castillo sanluqueño (el que las fuentes cristianas llaman “Castillo de las Siete Torres”) fue asaltado e incendiado a fines del siglo XIII por los magrebíes (en el curso de sus expediciones de saqueo por las tierras del Suroeste gaditano y sevillano, con las que trataban de desestabilizar el dominio cristiano, aún muy reciente, sobre estas tierras), algo que habría de resultar determinante para el porvenir de la ciudad, ya que acabaría por determinar el futuro de Sanlúcar para los siguientes doscientos cincuenta años.
 
De este modo, los mencionados asaltos musulmanes a la Sanlúcar de finales del Doscientos y la necesidad de asegurar la guarda del río llevaron a la Corona de Castilla a entregar el Señorío de la entonces villa a la Casa de Guzmán, en la persona del fundador de dicho linaje, Alonso Pérez de Guzmán “El Bueno”, defensor de Tarifa, que sacrificó a uno de sus hijos por lealtad al rey…
 
Tan a finales del siglo XIII como en 1297 Guzmán “El Bueno” recibe el Señorío de Sanlúcar (refrendo por escrito de una promesa previa en este sentido, hecha inicialmente en 1295), y con este hecho histórico comienza una nueva era para la localidad… En ese año de 1297, como es bien sabido,se produce la donación del Señorío de Sanlúcar por la Corona de Castilla a Alonso Pérez de Guzmán “El Bueno”, de lo que da fe el Privilegio Rodado conservado en el Archivo Medinasidonia.
 
La vieja población de la barranca, Sanlúcar de Barrameda, de este modo, habría de convertirse en el corazón, la capital y el centro de los Estados de la Casa de Guzmán, quienes desde mediados del siglo XV ostentarían además el título de duques de Medinasidonia.
A partir del siglo XIV (y a lo largo del siglo XV) la Casa de Guzmán ampliaría el recinto amurallado de Sanlúcar, y daría comienzo a un programa de construcción de edificios monumentales civiles y religiosos -para su mayor gloria y la de Sanlúcar- entre los que podríamos destacar algunos como el Palacio de Medinasidonia (erigido sobre el viejo ribat de la barranca), el Castillo de Santiago (construido en la segunda mitad del siglo XV), la iglesia de Nuestra Señora de La O, las Atarazanas ducales (las nuevas, y las viejas) y la Chanca.
 
 
   
 
     
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