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Apuntes de Historia LXXXIII
 
 
 
 
 
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03 de Agosto de 2014
Embarcaciones romanas por el Baetis (XVI)
Manuel Jesús Parodi.-En el elenco de las naves de reducido tamaño que habrían sembrado el paisaje del antiguo Guadalquivir en época romana y junto a las ya consideradas (como la “scapha”, el “linter”, la “ratis”, la “stlatta”, la “vegeiia” o la “placida”)es posible señalar además a la “scaphula”, una suerte de "hermana menor" de la “scapha” (de hecho, “scaphula” es un diminutivo de “scapha”, viniendo a significar precisamente “pequeña scapha”).
Junto a su uso en los cursos fluviales y los lagos, la“scaphula”habría de servir (como sucediera con su “hermana mayor”, la scapha) como auxiliar de las naves mayores, como bote salvavidas que podría (merced a sus escasas dimensiones) no sólo ser remolcada desde las naves mayores sino también izada a bordo de los mismos navíos.
En este sentido, quizá habría que entender más como una “scaphula” que como una “scapha” el tipo de bote salvavidas que llevaba la nave de San Pablo en su travesía hasta Roma (episodio que recogimos en un capítulo anterior de esta serie), ya que este pequeño esquife fue izado a bordo del barcoprincipal, según el texto que nos narra el episodio (Hechos de los Apóstoles, XXVII, 16-17), algo propio de las“scaphulae” frente a otros tipos de embarcaciones auxiliares, que serían arrastradas por los barcos principales a los que servían y acompañaban (más que ser cargadas sobre éstos).

En Hechos de los Apóstoles (XXVII, 16-17) se narra cómo una vez controlado el bote salvavidas del barco zozobrante en el que viajaba San Pablo hacia su cautiverio romano (y su muerte), fue izado a bordo del navío, como hemos visto; otra noticia sobre las “scaphae” la proporciona el comediógrafo Plauto después de la Segunda Guerra Púnica (siglo III a.C.): entre los tipos de vasos mencionados por uno de sus personajes, el esclavo Stichus, como propios de los ajuares domésticos de las casas pudientes romanas aparecen los “canthares”, las “bathioques” y -lo que resulta más de nuestro interés- las “scaphies”; de acuerdo con J. Heurgon (en su libro La vida cotidiana de los Etruscos, publicado en Madrid, en 1994, pg. 264), en lo relativo a este último tipo de vasos, se trataría de sofisticadas y lujosas copas en forma de barca (de ahí el nombre de “scaphies”), todo un ejemplo de refinamiento y de lujo (Plauto, “Stichus”, 694-ss.).
Continuando con este corolario de perfiles náuticos, de embarcaciones que habrían surcado las aguas del Guadalquivir y que habrían podido servir a los nativos de estas mismas tierras hace dos milenios, podemos citar otras naves también presentes en el mosaico de Althiburus (quizá el mayor muestrario de embarcaciones menores de época romana) y destinadas fundamentalmente a la navegación interior.
 
Se trata de la “claudiuata”, el “catascopiscus”, el “myoparo” o la “prosumia”, todas dotadas de vela y remos, lo que (junto a sus dimensiones) hace suponer que no habrían de necesitar con un arrastre auxiliar, ni por el sistema de la sirga ni mediante otras embarcaciones tanto para maniobrar como para remontar los ríos (gracias a la autonomía que les brindarían sus remos).
Otras naves representadas asimismo en el mosaico de Althiburus son las “tesserariae” (de la que allí aparecen dos modelos con la misma denominación), la “celes”, el “musculus”, el “cydarium”, la “horeia”, la “celox”, la “celsa”, o el “paro” y la “aperta” (la representación de estas dos últimas está gravemente mutilada en el mosaico de Althiburus, hasta el punto de que de la “aperta” sólo se vislumbran la proa y el nombre).
 
Se trata de embarcaciones similares entre sí, movidas principalmente a remo, y todas, excepción hecha de alguna en concreto, como el paro, con dimensiones muy discretas.
De nuevo señalaremos que albergamos reservas ante la multitud de nombres encontrados; no es posible sostener con seguridad que estos nombres designasen tipos diferentes de barcos; así como encontramos dos barcas de un tipo parecido aunque no igual bajo la denominación de “tesseraria” (una más redondeada en sus formas, con una menor diferencia entre proa y popa, la otra con unas formas más claramente marcadas, con popa menos redondeada y proa acabada en espolón), cabe pensar que bajo una misma denominación pueden subyacer modelos diferentes, y viceversa: bajo nombres distintos pueden encontrarse embarcaciones de un mismo tipo (como en el caso de la “celes” y el “celox”, morfológicamente muy similares, o incluso entre la “vegeiia” y la “stlatta”).
Un último tipo de embarcación a considerar es el del así llamado “hippago”, una nave con proa y popa altas, representada en Althiburus con tres caballos a bordo (y de ahí su nombre: se trataría de un transporte capaz de albergar caballos) y con tres remos; es una embarcación de mayor desplazamiento, que bien podría estar destinada al transporte de animales vivos, y que necesitaría un más elevado número de remos y remeros.
 
Se trata -en el conjunto de los casos considerados- de embarcaciones que tendrían su lugar de desenvolvimiento habitual y natural en los medios acuáticos interiores (ríos, lagos, esteros, estuarios, lagunas, marismas), y que servirían como vehículos de comunicación y para transportar personas y enseres por las arterias interiores de la Romanidad, una de las más importantes de las cuales es precisamente el río Guadalquivir.
Con independencia de su adscripción a un tipo concreto y que responda en mayor o menor medida a un determinado modelo representado en algún mosaico romano, hemos de señalar que las embarcaciones que realmente supusieron la espina dorsal y el cuerpo central de la comunicación en la mayor parte del entramado de las vías acuáticas interiores romanas (como en el caso del antiguo Baetis) debían contar con unas dimensiones reducidas, para adaptarse mejor a las vías que debían encarar.
 
En un contexto fluvial romano, y el Guadalquivir, el antiguo Baetis, representa un verdadero paradigma de ello, podríamos imaginar un auténtico enjambre de barcas navegando y desenvolviéndose por unas corrientes que, en algunos casos, hoy no podríamos surcar.
Ríos como el Rin, el Nilo, el Ródano o el Guadalquivir no reflejan por sí solos la realidad global de la situación: si incluso pequeños tributarios eran susceptibles de ser empleados como vías de comunicación, ello se debía no al uso de grandes naves, sino al empleo sistemático y más que abundante de los botes y balsas más modestos en la mayor parte de los casos, tanto debido a las características de los ríos como a las potencialidades económicas de los usuarios habituales de los cursos fluviales, los habitantes de las riberas.
 
En el caso del antiguo Baetis, las naves que hemos recogido en este muestrario podrían muy bien, tanto las mayores como las menores, haber surcado las aguas del río que conformaban el paisaje del territorium antiguo de la actual Sanlúcar de Barrameda; habrían constituido la realidad cotidiana de los pescadores, de los comerciantes, de los agricultores dispuestos a transportar sus productos para comerciar con ellos, de los habitantes de la zona que encontrarían en el río una verdadera “autopista” de la Antigüedad, al tiempo que las grandes naves mercantes (y militares) habrían surcado, hace dos mil años como hace quinientos y como hoy día la superficie del río en su navegar desde el interior de la Bética hacia el Imperio Romano, como en los siglos XVI, XVII y XVIII lo harían desde el interior de Andalucía hacia el Nuevo Mundo, hacia esa América cuya puerta en Europa se encontraba entre Sanlúcar, Sevilla y Cádiz. 
 

 
 
 
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