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27 de Julio de 2014
Embarcaciones romanas por el Baetis (XV)
Manuel Jesús Parodi.-Abordábamos en los precedentes párrafos la cuestión de la funcionalidad y usos de las scaphae en ámbitos costeros marinos y fluviales (en aguas interiores, dicho en términos más generales) hace dos milenios.
Uno de los usos de este tipo de embarcaciones menores romanas era el de servir como auxiliares a otros buques mayores; otra de sus posibles funciones era la de ser utilizadas como remolcadores (en el contexto de la Antigüedad) en ámbitos fluviales (una vez más: en aguas interiores).
Precisamente esta funcionalidad y empleo como remolcadores fluviales parecerían tener las embarcaciones usadas por los barqueros (los scapharii) de Hispalis (la antigua Sevilla) que dedicaron varias inscripciones a los emperadores Antonino Pío y Marco Aurelio (en un contexto cronológico del siglo II d.C.), así como a dos altos funcionarios de la administración imperial cuyas responsabilidades se centraban en la gestión en el ámbito del río.

Nos referimos a cuatro inscripciones encontradas en el contexto de la ciudad de Sevilla (en uno de sus ámbitos portuarios antiguos) y sobradamente conocidas. En la clasificación del Corpus Inscriptionum Latinarum (el gran repertorio epigráfico latino, conocido por su abreviatura, CIL) se trata de: CIL II, 1168 (la dedicada a Antonino Pío); CIL II, 1169 (en homenaje al emperador Marco Aurelio); CIL II, 1180 (quizá la más conocida, dedicada a Sextus Iulius Possessor) y CIL II, 1183 (que tiene como destinatario a otro notable personaje de la administración imperial en la Bética en el ámbito del río Guadalquivir, Lucius CastriciusHonoratus).
Estas inscripciones se encuentran conservadas embutidas en la estructura de La Giralda, reutilizadas como material de construcción al tiempo que como elemento simbólico de supremacía de los nuevos señores de Al-Andalus (y de la fe mahometana) respecto a los señores preislámicos -romanos- de la vieja Baetica, en un ejemplo de propaganda estatal musulmana: el viejo poder, caduco y extinto, de Roma, y sus “documentos para la posteridad” -las inscripciones- quedan reducidos a la condición de simples materiales de obra, piedras para la construcción de los símbolos estéticos (e ideológicos) del nuevo poder sobre la Tierra, el Islam.
 
Volviendo al argumento sobre los scapharii, los barqueros y armadores en ámbito fluvial en Roma, contamos con diversos ejemplos de tipos de barqueros, navieros y armadores romanos, entre los que encontramos a los caudicarii (CIL II, 260), los utricularii (CIL XIII, 1960), los ratiarii (CIL XII, 2597), los ya contemplados scapharii (CIL II, 1180), los lintrarii (CIL II, 1182) y los lenuncularii (CIL X, 4144).
Abundando en el tema de la diversidad de tipos de embarcaciones (especialmente en lo que respecta a las de menor envergadura) y el uso común de denominaciones para algunos de ellos, podemos (en el ámbito del antiguo Guadalquivir) traer a colación los barquitos votivos encontrados en Alcolea del Río, la romana Canama a la que ya hiciéramos referencia al hablar, en párrafos anteriores, de los barqueros canamenses, de los cuales tenemos conocimiento -y de su actividad en el viejo Baetis- gracias a las fuentes antiguas.
 
Estos pequeños barquitos votivos, en un número total de ocho, dos de los cuales presentan una inscripción y  cuyas  medidas  totales  oscilan entre 11'5 y 14'5 cm. de longitud y 4'5 y 7'5  cm. de anchura  fueron adquiridos y estudiados ya a fines del siglo XIX por A. Engel (“Les barques votives d'Alcolée”,R.A., 1890); han sido interpretados de diversa forma: si bien R. Thouvenot (en su libro Essai sur la province romaine de Betique. París, 1940, pg. 267) sostiene que se trataría de scaphae, otros investigadores consideran que pueden ser interpretados de  forma distinta, como lintres, por ejemplo.
 
En cualquier caso, es de señalar que se trata de la representación de unas embarcaciones -sea el que sea en fin de cuentas su tipo, si es que realmente se corresponden con un modelo real- de carácter y naturaleza fluvial; en lo personal albergamos, eso sí, nuestras reservas sobre la expresa y manifiesta intencionalidad del artista para representar un modelo claro y determinado de barca, un modelo que pudiera resultar coincidente, además, con las denominaciones que nosotros empleamos habitualmente para los barcos romanos.
Retomando el discurso general que venimos manteniendo, señalaremos que el repertorio de modelos de embarcaciones romanas destinadas a navegar las aguas de los cursos interiores -como nuestro río Guadalquivir- no se limita a los tipos mencionados (la scapha, el linter, la ratis…); además de los modelos señalados, conservamos representaciones o menciones de otras embarcaciones que surcaban las aguas romanas; podemos citar algunas aún.
 
Así, la stlatta (o stalatta) es un pequeño transporte, una suerte de chalana destinada esencialmente a medios acuáticos interiores (P. Gauckler, en Daremberg-Saglio, voz stlatta, fig. 6640); contaba con casco redondeado, con fondo plano y unas proporciones medianas; sus características estructurales la harían muy conveniente para las aguas interiores.
 
Impulsada por el motor humano mediante remos, podría remontar por sí misma las corrientes, por lo que (dado su escaso calado, su movilidad e independencia respecto al remolque), la stlatta habría de resultar muy eficaz para transportar mercancías y pasajeros por un ámbito fluvial o de aguas interiores; esta pequeña embarcación podía servir además como transporte militar, como sucediera con otros barcos (como las scaphae) que a sus usos de naturaleza civil podían, en caso necesario u oportuno sumar un uso militar.
 
Un modelo más de barca fluvial de época romana es el que representa laplacida (véase P. Gauckler, en Daremberg-Saglio, voz placida, fig. 5761), un tipo de nave de reducidas dimensiones destinada (como su propio nombre parecería indicar) a usos lúdicos y de recreo en aguas interiores; una fuente de información sobre este tipo de embarcaciones de recreo es la obra Noches Áticas (Cap. X.24), del autor romano Aulo Gelio.
Destacando en su apariencia su marcado espolón y su elevada popa (muy características de las representaciones de la época), laplacida recuerda en sus formas (y en su esencia) a otro modelo de embarcación romana igualmente de reducidas dimensiones, lavegeiia.
 
Esta vegeiia (ver Daremberg-Saglio, voz vegeiia, fig. 7341) sería una nave pequeña y movida a remos -como la ya contemplada placida- pero dotada de un número quizá superior de los mismos, lo que podría contribuir a justificar su fama de ser ligera y veloz; así, la vegeiia podría albergar entre tres y cuatro remeros, mientras la placida podría contener -fiando en la representación clásica de este tipo de bote contenida en el norteafricano mosaico de Althiburus- tan sólo dos pasajeros (dos remeros).
 
 Tanto la stlatta como la placida y la vegeiia tendrían sus amuras (sus costados) reforzadas por un larguero, un tablón  horizontal que sobresalía bien por la popa, bien la proa, bien por ambos extremos de la embarcación, elemento éste que habría de potenciar su consistencia y su solidez.
Como vemos, no son precisamente pocos los modelos y tipos de embarcaciones menores romanas que adornarían los paisajes del Guadalquivir hace dos mil años.

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