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Apuntes de Historia LXXXI
 
 
 
 
 
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20 de Julio de 2014
Embarcaciones romanas por el Baetis XIV
Manuel Jesús Parodi.-Continuaremos en el presente texto el argumento sobre las embarcaciones menores que, en época romana, podían surcar las aguas del río Guadalquivir contribuyendo con su presencia, sus perfiles y su actividad a dar forma al paisaje cotidiano de las riberas de su curso, sin exclusión del ámbito directamente interesado por la actual Sanlúcar de Barrameda.
Junto a las “rates” y a los “lintres” (o “lyntres”), ya considerados previamente (en párrafos anteriores), otro tipo de embarcación menor a considerar es la “scapha”, cuya presencia en el Baetis menciona nuestro ya conocido Estrabón (en su tantas veces citada obra, la “Geografía” -III.2.3). Se trata de una barca de remos, con casco redondeado y popa alta, tipo de bote al cual encontramos representado así en testimonios pictóricos de la ciudad romana de Herculano, destruida por la erupción del Vesubio el año 79 d.C.).

Sobre las “scaphae”, su naturaleza y desenvolvimiento, contamos con no pocas referencias en las fuentes antiguas; de este modo, el historiador Tácito (en sus Annales, XIV.8) habla -en el siglo I de nuestra Era- de las “scaphae” y su presencia y empleo en un ámbito costero; por su parte, e igualmente, el biógrafo Suetonio (Vida de los Doce Césares. Claudio, 38) señala su uso en el italiano río Tíber en época altoimperial (siglos I-II d.C.); asimismo, el grecolatino Estrabón (Geografía, III.2.3) las sitúa directamente en el viejo río Baetis; también el mismo Estrabón (Geografía, III.2.4) señala el uso de las “scaphae” en otros ríos (además del antiguo Guadalquivir) y en esteros de la provincia Baetica.
Este pequeño tipo de embarcación podía ser empleada tanto para el transporte de ánforas, de un reducido número de las mismas o de su equivalente -en peso y volumen- en otras mercancías (sobre el transporte de mercancías en las “scaphae” nos informa uno de los repertorios legales romano por excelencia el Digesto, XIV.2.4), o de pasajeros (para el transporte de personas en las “scaphae”, puede consultarse la obra de Suetonio, Vida de los Doce Césares. Claudio, 38) por el seno de los cauces fluviales romanos.
Sin embargo las “scaphae” concentran una doble condición en sí mismas, como sucedía con los barcos mayores, ya que no sólo eran aptas para navegar por aguas costeras e interiores (o mansas) como las de ríos, lagos, caños, canales, estuarios y esteros, sino que podían servir como embarcaciones auxiliares de los barcos mayores (tanto de mercantes como de guerra).
Servirían igualmente como enlace entre estas embarcaciones de más desplazamiento y la costa, especialmente en los puntos del ámbito costero vedados a los navíos mayores por su calado, así como en los puertos. Las “scaphae” podrían ser empleadas asimismo como botes salvavidas para las unidades mayores, registrándose tanto la pervivencia de dicho uso como su propio nombre en castellano: son los “esquifes” (naves auxiliares de otros buques mayores).
Un caso conocido del empleo de estas pequeñas “scapha” como salvavidas en la Antigüedad es el del viaje de San Pablo a Roma (recogido en los “Hechos de los Apóstoles”, XXVII, 16 y 30-32); en su viaje a Roma (como cautivo), Pablo de Tarso sufre una dura travesía, corriendo riesgo de naufragio el barco que le llevaba, momento en el cual los soldados que le custodiaban (puesto que había sido detenido y se encontraba en el arranque del proceso que acabaría, a la postre, costándole la vida) cortaron las amarras del bote salvavidas, un esquife, al correr el peligro de verse abandonados por la tripulación del navío, que habría intentado apoderarse por la fuerza de dicho bote auxiliar para abandonar el buque (y con ello a los pasajeros) ante el riesgo de naufragio del mismo.
Junto a su empleo como salvavidas y como botes de enlace, las “scaphae” servirían también como buques de escolta para unidades mayores de combate, siendo utilizadas asimismo como exploradores en operaciones de avanzadilla y descubierta por las escuadras militares. En el desarrollo de estas operaciones, cada unidad  mayor podría ser auxiliada por varias “scaphae”.
En el contexto de estas funciones militares, los romanos se servirían de un tipo de “scapha”ligeramente distinto al empleado en el contexto de la navegación interior, dotada de una eslora mayor, más sólida en su obra y con mejores dotes de maniobrabilidad, al tener que ser capaz de enfrentarse a las adversidades de las aguas marinas; estas “scaphae” de mayores dimensiones podrían contar con un número de hasta veinte remeros para su servicio.
Un ejemplo de este uso mixto de embarcaciones análogas a las “scaphae”como salvavidas y como auxiliares en misiones bélicas en el Mediterráneo Odiental, en un contexto cronológico medieval pero de tradición romana, nos lo ofrece la princesa bizantina Ana Comneno (hija primogénita -y nacida “en la Púrpura”, es decir, “porfirogéneta”- del fundador de su Dinastía, el emperador Alejo I Comneno, protagonista de la obra de su hija, que dedica su trabajo a su padre) en su obra histórica La Alexíada al narrar los acontecimientos de la Primera Cruzada (en el siglo XI de la Era Cristiana) y las difíciles relaciones de los cruzados occidentales con Bizancio (el Imperio Romano de Oriente).
Al describir el paso de algunas fuerzas latinas desde la costa occidental a la oriental del Adriático meridional y al tratar sobre la fallida travesía del conde de Prebentza, señala la princesa Ana Comneno cómo este noble occidental se procuró una “... gran nave pirata de tres mástiles (...), en la que había doscientos remeros y tres botes que la seguían a remolque...” (Ana Comneno, Alexíada, X.VIII.2): en estos botes podemos ver las “scaphae” del siglo XI.
Otra función de las mismas “scaphae” sería la de servir como auxiliares de las naves mayores en el transcurso de sus maniobras por aguas interiores; tal y como en la actualidad los barcos necesitan el apoyo de remolcadores (sic) para maniobras como el atraque  y desatraque en los ámbitos portuarios, a las naves mayores romanas (tanto de guerra como comerciales: las ya previamente consideradas“onerariae”, “corbitae”, “codicariae”, “pontones”, “liburnae”, “trieres”, “quinquerremes”...) les resultaría necesario el concurso de estas  embarcaciones de cara a sus maniobras portuarias y al remontar los ríos.
Hemos contemplado el fenómeno de la sirga en textos precedentes de esta misma serie; en este sentido hay que señalar que habría de resultar harto difícil halar naves del porte de las pesadascorbitae (por ejemplo) mediante la sirga, muy especialmente en la desembocadura de los grandes ríos, mientras el peso de estas naves y la misma naturaleza de algunos tramos de los propios cursos acuáticos interiores podrían hacer más efectivo el remolque de dichas grandes naves desde embarcaciones menores (como las “scaphae”), mientras la sirga serviría quizá mejor para su empleo con otros buques mayores pero de menor porte que las “corbitae”, talescomo  las “codicariae”, adaptadas además a la sirga (gracias a su mástil proel emplazado a tal fin). 
Como hemos podido comprobar, desde botes de transporte (y recreo) en ámbito fluvial, a embarcaciones auxiliares y botes salvavidas en marcos mayores, pasando por sus diversos usos militares y sus nada desdeñables funciones como auxiliares y remolcadores, todos estos espacios de uso eran ocupados por las “scaphae”, los antecesores de los esquifes modernos.
 
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