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13 de Julio de 2014
Embarcaciones romanas por el Baetis XIII
Manuel Jesús Parodi Álvarez.- Otro tipo de embarcación fluvial menor es el que comprende la denominación de ratis (rates, en plural), un nombre que cubre diversos modelos de medios de transporte fluvial en época romana.
Bajo la denominación [múltiple] deratis, rataria, ratiaria (o incluso de schedia) encontramos una balsa compuesta por troncos ensamblados, una almadía (o armadía), que podría ser capaz de transportar tanto una carga de mercancías como un pasaje de personas, y que sería movida mediante el recurso de la pértiga, o a remo, o incluso mediante el empleo de la vela, y ello en función de factores tales como sus dimensiones y su desplazamiento (sin olvidar las características del curso fluvial en cuestión).Estas embarcaciones de muy escaso calado serían las responsables del tránsito fluvial donde esta actividad llegase a resultar impracticable incluso para el resto de las barcas ligeras, y ello sin perjuicio de su empleo en otras zonas de los ríos que sí resultasen practicables para embarcaciones ligeras y aun para naves mayores, ya que el empleo de estas almadías o balsas no tenía por qué estar reñido con el desenvolvimiento de botes menores e incluso de naves mayores en un contexto fluvial (en aguas interiores, dicho en términos más generales).

Hay que considerar que las dimensiones y la superficie de estas almadías debía ser algo a tener en cuenta, ya que las rates se verían imposibilitadas (por su misma naturaleza) para salvar algunos obstáculos, como pudieran ser tramos estrechos de los ríos o zonas con corrientes y revueltas, o meandros excesivamente pronunciados; en este sentido es de recordar que Plinio nos habla (en el siglo I d.C.) acerca de la sinuosidad de algunos ríos hispanos, los cuales, de acuerdo con lo que señala este autor antiguo, “...se acentúan o bien se rectifican” (Plinio el Viejo, Historia Natural, III.3.16).
 
Igualmente es de señalar que a las rates habría de resultar muy difícil remontar corrientes veloces. Factores como los deshielos, las inundaciones, los caudales demasiado fuertes y rápidos, las crecidas, habrían de resultar elementos, por lo general, insalvables para las rates; el descenso de los ríos en tramos estrechos con fuerte corriente podía asimismo resultar peligroso para una balsa de troncos; la mayor dificultad vendría al remontar esas corrientes, para lo que se haría probablemente necesario recurrir al mecanismo de la sirga de las rates desde los caminos de sirga dispuestos en las riberas.
 
Las rates podrían servir asimismo como elementos auxiliares a la hora de embarcar y desembarcar mercancías en barcos de mayor tamaño, los cuales no pudieran remontar las aguas de los ríos por sí solos, labor en la que las rates podrían emplearse como apoyo a otros tipos de barcas que igualmente podrían ayudar en el desarrollo de esas tareas.
 
Posiblemente las rates podrían rendir el máximo de su funcionalidad y capacidades en cauces suaves, en zonas lacustres con aguas calmas, o en los caños, canales y esteros que sabemos contaban con una gran relevancia en algunas zonas de la Península Ibérica, como en la Baetica, de acuerdo con Plinio (Historia Natural, III.11) y Estrabón (Geografía, III.2.4-5 y III.3.1), y muy especialmente en el ámbito del viejo lago Ligustino, la desembocadura y curso bajo del Guadalquivir y el contexto de la Bahía de Cádiz.
 
En el Baetis, las navesratiariae no sólo desplegarían su actividad hasta Corduba, la capital provincial, sino que actuarían como elementos vertebradores de la comunicación por sus aguas llegando hasta el que según Estrabón (Geografía, III.2.3) sería el límite absoluto para su navegación: las inmediaciones de Castulo (hoy Cazlona, en Fuente de Baños de la Encina, en la provincia de Jaén), muy al interior y río arriba de los 1200 estadios que las fuentes señalan como existentes entre la ciudad de Córdoba y las bocas del Baetis (1200 estadios romanos equivalen a 200 Km; a la hora de las equivalencias, en la medida de longitud romana, 1 kilómetro equivale a 6 estadios; para el griego Estrabón el stadium -en su valor griego igualmente- vendría a equivaler a unos 177'6 metros; de este modo, en el texto de Estrabón 1200 estadios serían equivalentes a 213 kilómetros).
 
Para entrar en consideración acerca de las múltiples formas y tipos que subyacen bajo unas denominaciones comunes a distintos ejemplos de naves y embarcaciones puede resultar ilustrativa la representación que ofrece de una“ratis” una obra clásica (a la par que monumental) como es el Dictionnaire des Antichités Grecques et Romaines de Ch. Daremberg y E. Saglio; en este caso concreto (véase P. Gauckler, en Daremberg-Saglio, voz ratis, fig. 5921), bajo la denominación de ratis no nos encontramos ante una balsa de troncos, tratándose más bien de un bote pequeño las formas de cuyo casco resultan claramente reconocibles: como podemos ver, bajo una misma denominación subyacen tipos y modelos diferentes (en este caso, de embarcaciones), lo cual no contribuye precisamente -cabe señalar- a despejar o facilitar el panorama de la interpretación y estudio de este particular.
 
La diferencia esencial de la ratis con el linter (al tiempo que en sus formas, en el caso de la ratis entendida como balsa o almadía) debía residir en las dimensiones de ambos tipos de embarcaciones, menores en un caso que en el otro; podemos entender que bajo la denominación común de rates se encuentran a la vez tanto un tipo de barquilla construida como tal y bien definida en sus formas (de acuerdo con la interpretación de Gauckler en el Daremberg-Saglio) como la almadía o balsa de troncos ensamblados. 
 
Una ulterior definición igualmente válida para la ratis (ymás próxima a la almadía de troncos) es la que se tiene que ver con el tren de madera, el tren organizado de troncos que descendería flotando por los ríos bajo la conducción de especialistas en su guía (en griego, dendrophoroi, literalmente, “los que conducen la madera”) de cuya actividad regular y profesional en la Península Ibérica tenemos noticia hasta mediados del pasado siglo XX).
 
Estos especialistas madereros cabalgarían sobre los troncos llevándolos por los ríos proporcionando madera para distintos fines (en función de las calidades de la misma, por ejemplo), tales como la construcción (el fin esencial) e incluso para servir como combustible para las instalaciones que lo demandasen (como los baños públicos) y sirviendo a las ciudades ribereñas que no contasen con tal materia prima suficiente en sus proximidades.
 
Como hemos podido contemplar, bajo la denominación común de ratis se encuentran realidades distintas, desde la almadía de troncos atados a la pequeña barca de maderas ensambladas, hasta la más compleja de las mismas, esto es, la relativa al tren de troncos que navegan aguas abajo de los ríos cabalgados por especialistas y que eran poco más que un cargamento de madera (en sí mismo) en desplazamiento (por sí mismo). En este último caso no se trata de un medio de transporte destinado al desplazamiento de personas y carga comercial, sino a una carga comercial en sí misma que se desplaza por sus propios medios sobre los lomos plateados de los cursos fluviales hasta alcanzar su destino aguas abajo.
 
Estas rates, en sus tres aspectos considerados, debían igualmente formar parte del paisaje del río Guadalquivir en tiempos romanos, prestando su contribución al desenvolvimiento de las actividades comerciales en el curso del mismo.
 
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