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16 de Febrero de 2014
Del nombre de Sanlúcar III
Manuel Jesús Parodi Álvarez.- Considerábamos en los dos textos anteriores diversas cuestiones relativas a la importancia del nombre de las cosas (y las personas). En lo relativo a Sanlúcar de Barrameda, queríamos acercarnos a la historia, al origen histórico de dicho nombre, del nombre de “Sanlúcar”, de la palabra “Sanlúcar”.
Como señalábamos en los párrafos precedentes (y como hemos tenido ocasión de observar en otros artículos muy anteriores a éste), en el nombre de “Sanlúcar” se resumen y reúnen algunas claves históricas, religiosas, que hacen que la sacralidad de este espacio de la desembocadura del Guadalquivir, de la conjunción (siempre azarosa e históricamente viva y cambiante) de río y océano, sea un elemento determinante a la hora de analizar y comprender la Historia del sitio, del entorno, de la comarca en realidad, desde los tiempos más antiguos hasta nuestros días.
Este cariz sacro del espacio, de estas costas y desembocadura, se reflejan en las expresiones de “Lugar Santo”, en el “Sanctus Locus”, en el “Sant Logar”, en el término “Sanlúcar”, que no sólo evoca sino que directa y llanamente recoge y refleja en sí mismo este carácter santo de un espacio que si bien ha contado con una fisonomía cambiante desde la Antigüedad, ha mostrado desde siempre trazas muy marcadas de una enorme vinculación con lo sagrado.

Estudiar el origen del nombre de “Sanlúcar” trasciende real y largamente de los fines (y el espacio) de estos párrafos. Tendremos más adelante sin duda ocasión y modo (en estas mismas páginas) de aproximarnos a dicho asunto (el de los orígenes y significado del nombre de “Sanlúcar”), y al de la doble realidad que se guarda en los dos términos unidos que forman el nombre de nuestra ciudad (“Sanlúcar” y “Barrameda”, que dan forma al nombre de la ciudad y su término, “Sanlúcar de Barrameda”, o “el Lugar Santo de la Tierra Firme entre Marismas”, como podría traducirse dicho nombre).
 
Igualmente apuntábamos en la dirección de los distintos nombres que este entorno (y los posibles núcleos humanos principales existentes en el mismo) han recibido a lo largo de la Historia, centrando nuestro interés (tras acercarnos someramente a la época antigua) en los tiempos medievales islámicos, en Al-Andalus.
 
Para aproximarnos a la Historia (en realidad tan poco y tan mal conocida aún) de la Sanlúcar medieval islámica es imprescindible (y así lo hemos hecho en anteriores textos) atender a las diferentes noticias conservadas acerca de la existencia entonces del que pudo ser un pequeño núcleo de población en pleno Barrio Alto sanluqueño, un núcleo habitado rodeado por una muralla que la tradición ha concedido el nombre de “Castillo de las Siete Torres”, denominación bajo la que con toda probabilidad subyace la memoria de la mencionada cerca de muralla que habría envuelto al hipotético núcleo principal del poblamiento de la Sanlúcar medieval musulmana, un núcleo al que la Historiografía tradicional ha mencionado bajo denominaciones como las de “Masagued” o la de “Almesquid” (o aún la de Xolúcar), tal y como nos transmiten las fuentes y reproduce la Historiografía local.
 
De este modo, es de señalar que los mencionados nombres de “Masagued” o de “Almesquid” hacen referencia (y no casualmente) a las “mezquitas” -empleando, y es de hacer hincapié en ello, el plural- que habrían podido existir en dicho núcleo poblacional (o en su entorno); de una parte se encontraría la mezquita del núcleo habitado (nos resistimos a llamarlo -en este estadío del conocimiento general sobre el tema, tan elemental- “ciudad”: creemos que sería cometer un exceso), mientras el plural de los términos empleados podría estar haciendo referencia al ribat, un espacio de naturaleza a la vez religiosa y defensiva que habría podido contar con su propia mezquita.
El posible ribat barrioalteño (que reposa bajo el Palacio Ducal de Medinasidonia y que a veces se deja ver entre estructuras de dicho monumento, pertenecientes a épocas históricas, sí, pero más recientes) es un espacio edificado de naturaleza mixta, religiosa y defensiva, al cual venimos dedicando nuestra atención en los últimos años y a cuyas estructuras (como apuntábamos hace un momento) es posible seguirles la pista por los recovecos del Palacio Ducal de Medinasidonia: en algunos casos parece hacerse de todo punto palpable su existencia, mostrándose de un modo diríase que evidente (como en los arcos de la galería exterior que corona la barranca y se asoma al Barrio Bajo de la ciudad, y de la cafetería).
 
Este ribat, que consideramos existía en el Barrio Alto (y no somos los primeros en decirlo: ya Luisa Isabel Álvarez de Toledo escribió del tema hace treinta años), habría podido tener origen en un momento tan lejano respecto a nosotros como el siglo IX (en época emiral Omeya), y habría podido encontrarse quizá anejo  a la cerca amurallada (por el exterior de la misma) del legendario “Castillo de las Siete Torres” (o “Torres de Sanlúcar”), en los límites de la Barranca, en el punto en el que las faldas de la barranca se deshacían en camino hacia el río y la ribera.
 
Hemos abordado en artículos anteriores a éste cuestiones que atañen al carácter y la naturaleza, a la forma y el espíritu que podría haber tenido el entorno (y el pequeño núcleo urbano) de Sanlúcar en época medieval islámica. Es de sobras sabido que la población ya existía antes de que los poderes cristianos llegasen desde (por el río) a estos territorios, allá por el siglo XIII.
 
Algunas fuentes literarias, como es el caso de El Idrissi (notorio geógrafo ceutí del siglo XII) mencionan la existencia de un núcleo poblacional en este entorno (que, insistimos, bien podría haber ocupado -en parte- el solar del actual Barrio Alto sanluqueño), otorgando al mismo la denominación de “Las Mezquitas”, Almesquid o Massagued (término que, como señalábamos) ha gozado de un relativo éxito en la tradición historiográfica local); es de mencionar asimismo que el mismo texto de la donación del señorío a Alonso Pérez de Guzmán (en 1297) así lo indica. No entraremos ahora a considerar lo relativo a las fuentes sobre la Sanlúcar medieval (islámica y cristiana), objetivo que sobrepasaría los límites de espacio y contenido del artículo (reservaremos esta materia para próximos trabajos).
 
Pero aún, en el siglo IX, en la época del ribat barrialteño, no encontramos mención (al menos en el estado actual de la investigación) al nombre de Sanlúcar. De hecho, Idrissi, que escribe en el siglo XII, nos proporciona otros nombres para este núcleo habitado, nombres que vuelven a hacer referencia a lo sagrado (“Las Mezquitas”), si bien no contamos tampoco ahí con la referencia explícita al nombre de  “Sanlúcar”, a la palabra “Sanlúcar”.
 
 ¿De cuándo datan, pues, los primeros testimonios históricos (que es decir escritos) del término y vocablo “Sanlúcar”, como nombre de la ciudad?
Hay varias fuentes que nos hacen referencia a dicho vocablo, ubicándolo en el tiempo. De una parte, sabemos que Sanlúcar ya es Sanlúcar (ya aparece con dicho nombre) en 1297, en el documento de cesión del Señorío de la ciudad a la Casa de Guzmán en la persona de D. Alonso Pérez de Guzmán “El Bueno”. De otra, es igualmente conocida la mención de de Sanlúcar y de Barrameda (de ambos términos) se hace en una de las Cantigas de Alfonso X el Sabio (la número 371), lo que permite retrotraer la datación unas décadas, hasta mediados del mismo siglo XIII. Pero hay menciones con una datación aún más antigua, lo que nos lleva hasta el siglo XI…

Y de todo ello trataremos en el próximo artículo.


 
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