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Apuntes de Historia LVIII
 
 
 
 
   
 
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09 de Febrero de 2014
Del nombre de Sanlúcar  Parte 2ª
Manuel Jesús Parodi Álvarez.-En el precedente artículo de esta serie abordábamos el argumento del nombre de Sanlúcar), realizando una suerte de “prólogo” al tema en cuestión que acabaría por extenderse a lo largo de todo el referido artículo de la pasada edición de esta modesta serie de textos históricos sobre Sanlúcar de Barrameda y su territorio.
Hablábamos en el texto anterior acerca del papel y la relevancia del nombre de las cosas como elemento “calificador” de las mismas, y mostrábamos distintos ejemplos de ello, fundamentalmente procedentes de la Antigüedad mediterránea, de nuestras raíces culturales más remotas, o más profundas, según se mire.
El nombre de las cosas es esencial para la configuración de la identidad de las mismas: la resume, la concentra, y es capaz de servir como vehículo de transmisión del conocimiento de las cosas (y de los sitios y los elementos naturales y culturales, así como de las divinidades y las personas).

Y el objeto de nuestro interés en este texto, en el precedente y en los sucesivos (en los inmediatamente sucesivos, al menos) será el nombre de Sanlúcar, la palabra “Sanlúcar” como nombre de la ciudad y su territorio, la antigüedad de la misma y los primeros testimonios de su aparición y existencia.
 
No entraremos ahora a abordar por extenso el tan interesante argumento de los nombres de Sanlúcar a lo largo de la Historia. La ciudad y su territorio (aunque sería casi más acertado invertir el orden de los factores: este territorio, incluso antes de la existencia de Sanlúcar de Barrameda tal y como la conocemos históricamente, esto es, desde el siglo XIII de nuestra Era, poco antes de la presencia de la Casa de Guzmán en estas tierras y del establecimiento de su señorío sobre las mismas, en los muy postreros años del Doscientos) han conocido diversas denominaciones -a cual más dispar de las demás, al menos en los aspectos formales de la materia- a lo largo de los siglos, desde la Antigüedad (desde la presencia romana, si no desde antes incluso) hasta el dominio musulmán…, a lo largo de no pocos siglos (e incluso cabe decir que de un par de milenios de tiempo histórico).
 
El tiempo, la sucesión de los siglos, así como los diferentes horizontes culturales que se han sucedido en estas tierras (generados en este paisaje -como los elementos culturales tartésicos- o llegados a estas riberas desde más o menos lejanas procedencias, caso de los fenicios, los púnicos o los romanos, por ejemplo) han dejado su huella en las diversas denominaciones que este paisaje ha conocido a lo largo de su Historia, de las cuales no contamos -con casi total certeza- sino con reducidos ejemplos: es ilusorio pensar que se conserve recuerdo de todos los nombres con los que los humanos han bautizado este marco geográfico a lo largo de milenios.
El asunto de los nombres históricos que ha tenido Sanlúcar (entendido el concepto “Sanlúcar” como una realidad dual, conformada por el núcleo poblacional así como por este territorio a lo largo del tiempo), pues, habrá de ocupar otro espacio en esta serie: queremos ahora acercarnos a la palabra “Sanlúcar”, a su aparición y a su antigüedad.
 
Por lo que respecta a los “otros” nombres de Sanlúcar, hoy nos ocuparemos sólo de proporcionar algunas pinceladas sobre el asunto. Sabemos que entre los nombres que, en todo o en parte, han adornado a estas tierras o que han guardado relación con ellas (insistimos: en todo o en parte) dando denominación a algún aspecto, a una u otra realidad histórica de las mismas, se encuentran algunos como los de “Luciferi Fanum” o “Lux Dubbia”: ninguno de los dos abarcaba de manera general la realidad completa de este territorio, haciendo más bien referencia a una cuestión de naturaleza religiosa y de volumen limitado (por así decirlo): el espacio sagrado de estas tierras habría tenido, como uno de sus elementos aglutinantes en la Antigüedad, a los templos (nos tomaremos la licencia de hablar en plural); el templo del Lucero, el santuario de la Luz Incierta, el templo de la Venus Marina, de la Estrella de la Tarde, son conceptos todos que giran en torno a las denominaciones latinas antes mencionadas, y resumen algunos de los aspectos de la sacralidad de este territorio (íntimamente relacionado con una presencia divina femenina de gran potencia, en la Antigüedad como hoy).
No conocemos el nombre que pudo tener el hipotético núcleo habitado antiguo (o los núcleos, sería más acertado apuntar) existente en el solar sanluqueño en época romana (si no incluso antes). Sabemos, eso sí, de la existencia de una “ciudad” llamada Évora (tradicionalmente considerada como coincidente con el yacimiento -y cortijo- homónimos), de la que nos hablan las fuentes clásicas.
Bajo el concepto y denominación de esta Évora, ya se tratase de una “pólis” (poco probable) o de una “turris” (un núcleo poblacional reducido, en la órbita de la ciudad de Asta Regia, algo de lo que ya hemos tenido ocasión de tratar en artículos anteriores), no habría que buscar una “Sanlúcar” antigua (como tal realidad mayor), sino un quizá pequeño núcleo de población sito en los límites de los territorios de la gran ciudad de Asta (en un contexto de los siglos V-IV a.C., cabe señalar).
 
Estos nombres procedentes de la antigüedad se refieren a sitios y elementos situados en el territorio sanluqueño, como es el caso del término “Lago Ligustino”, que nombra a una realidad natural (el enorme lago de la desembocadura del antiguo río Baetis mencionado por los tratadistas antiguos) también relacionada con estos territorios, como es el caso del nombre del propio río Baetis (y antes “Tertis” o “Tartessos”): otra realidad natural íntimamente vinculada con la Historia de Sanlúcar, otro nombre perteneciente al paisaje histórico de las tierras de Sanlúcar de Barrameda, pero igualmente otro nombre que no abarca al conjunto de estas tierras, paisajes, espacios y gentes.
 
Para acercarnos a la aparición de la palabra Sanlúcar, a las primeras menciones históricas del término “Sanlúcar”, y, con ello, a la antigüedad del nombre de Sanlúcar, habrá que dejar atrás el Mundo Antiguo, la Antigüedad romana y prerromana, y habremos de acercarnos a la época medieval, especialmente al horizonte cultural de Al-Andalus, tan extendido cronológica como geográficamente (y a efectos aclaratorios recordaremos como puntualización que “Al-Andalus” es no sólo la denominación de la actual Andalucía en época medieval: en época islámica, “Al-Andalus” es el nombre que recibía el conjunto de la Península Ibérica).
Si aún no sabemos si en la Antigüedad existía “Sanlúcar” como un núcleo poblacional definido (aunque el Barrio Alto bien podría resultar altamente revelador -su subsuelo, más bien- en este sentido…), y no conocemos tampoco ningún testimonio de la palabra “Sanlúcar” adscrito a dicha época, las cosas serían distintas en lo relativo al período medieval.
 
En otros trabajos presentados en esta serie con antelación, así como en otros lugares y publicaciones (de nuestra única autoría, o de autoría compartida, como en el caso de uno de los artículos más recientes, tan reciente como que data de este mismo verano de 2012: lo mencionaremos más adelante) hemos tenido ocasión de tratar sobre el tema de la Sanlúcar medieval islámica, sobre su realidad, y sobre las hipotéticas condiciones del que pudiera haber sido su principal núcleo habitado en el entorno de la Plaza de la Paz. También hemos tratado sobre el nombre de este pequeño núcleo habitado medieval islámico, que al menos desde el siglo XI, es precisamente el de “Sanlúcar”: Sanlúcar es Sanlúcar desde el siglo XI, al menos. Y podremos verlo, como hemos señalado, en los siguientes artículos de esta serie.
 
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