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Apuntes de Historia XXXVII
 
 
 
 
 
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14 de Septiembre de 2013
Sanlúcar islámica. Apuntes (I)
Manuel Jesús Parodi Álvarez.-Si el discurso histórico de Sanlúcar de Barrameda fluye con relativa naturalidad desde el siglo XIII, desde la llegada de Castilla a estas tierras y la cesión del señorío de la ciudad a la Casa de Guzmán, en 1297 (en lo que viene considerándose como una suerte de “año Cero” para la localidad), no sucede ni mucho menos lo mismo con los siglos anteriores a dichos momentos “fundacionales”.
Sin detenernos, puesto que en esta ocasión trascienden sobradamente de los objetivos que nos ocupan hoy, a tratar las épocas prehistórica, protohistórica y antigua en nuestro término, diremos que en lo relativo a la época medieval precristiana, al período de tiempo comprendido entre los siglos VIII y XIII d.C. está presidido por una enorme laguna de información, en términos generales, de la que sólo sobresalen, a modo de islotes, ciertos flashes que, en no pocas ocasiones, se repiten a modo de tópoi, de lugares comunes recurrentes en las páginas de nuestra historiografía local.

Trataremos de aproximarnos en esta ocasión a dicho medio milenio marcado por la presencia islámica en Sanlúcar de Barrameda, a las huellas que dicha presencia pudo dejar en nuestro espacio urbano, así como a la profunda relación que tan largo período de tiempo guarda con el mismo origen de Sanlúcar tal y como la conocemos, y con las esencias del espacio nuclear de la ciudad, el Barrio Alto, corazón e inicio de la vida urbana en Sanlúcar de Barrameda.
 
Nos hemos acercado previamente en varias ocasiones (en éste y otros medios y formatos) a la que podía ser la realidad de la Sanlúcar medieval preguzmana, a la situación, con los pocos datos que manejamos, de la población que se asomaba, entonces como hoy, a la desembocadura del río Guadalquivir, y hemos de insistir en que a falta de la información que pudieran proporcionar las fuentes históricas textuales deberá ser la ciencia arqueológica la que sirva para completar el panorama de este capítulo de la Historia de Sanlúcar de Barrameda.
 
La existencia de un núcleo poblacional en época islámica en el Barrio Alto de Sanlúcar parece estar fuera de toda duda, estando este núcleo de reducidas dimensiones en el fondo de la donación por la Corona de Castilla de Sanlúcar a la Casa de Guzmán, a fines del siglo XIII (el Privilegio Rodado por el que la Corona cede Sanlúcar a Alonso Pérez de Guzmán “El Bueno” data de 1297, siendo la confirmación por escrito de la previa concesión verbal de dicho señorío dos años antes, en 1295).
 
La tradición nos habla del “Castillo de las Siete Torres” (o “Alcázar de las Siete Torres”), nombre tradicional (debido a las fuentes, esencialmente las cristianas medievales) del perímetro amurallado de la villa medieval islámica, cuya cerca enmarcaba un área concreta y no demasiado extensa, los límites de la cual no pueden determinarse con precisión aún hoy, pero que debía encontrarse articulada en torno a las actuales plazas de los Condes de Niebla, de la Paz y -quizá- de Manuel Romero Pazos, enel Barrio Alto.
 
No entraremos a considerar el detalle de la traza del referido e hipotético “Castillo de las Siete Torres”, de algunas de las cuales torres la tradición señala que se conservarían restos en la torre de la iglesia de Nuestra Señora de La O y bajo el edificio del “Cabildillo” (que subyace en la torre superviviente -aunque en estado fragmentario, incompleta- en el tramo de la cerca murada islámica conservado en la calle Escuelas), pero sí apuntaremos que algunos -si bien escasos- vestigios de la cerca amurallada medieval musulmana se conservan “embutidos” entre algunos edificios del casco del Barrio Alto, en patios interiores y traseras de casas, confundidos (también tradicionalmente) con la muralla guzmana, con la ampliación de la cerca amurallada de la Sanlúcar medieval que llevaron a cabo los nuevos señores cristianos de la villa a partir de hacerse efectivo su dominio, a caballo entre los siglos XIII y XIV. 
 
Tampoco queremos ahora entrar a abordar en detalle la realidad del sistema defensivo murario perteneciente ya a la refacción y ampliación llevada a cabo en los primeros momentos de la época guzmana, que es de entender se habría apoyado en la precedente cerca islámica en algunos tramos, unos restos de la muralla guzmana (ya cristiana) que se asoman, por así decirlo, por entre los recodos de la trama urbana barrioalteña, superando los límites de la cerca medieval islámica (y, con ella, ampliando los límites del espacio amurallado de la Sanlúcar medieval musulmana), y mezclándose con los escasos restos conservados de la referida cerca de muralla musulmana en el imaginario colectivo de la ciudad, formando un “todo” ambas cercas (la islámica, más antigua y reducida, y la cristiana, más amplia, más reciente, y “rematada” por la gran obra defensiva guzmana de Sanlúcar: el Castillo de Santiago.
 
Es bien sabido que algunos tramos conservados de la muralla guzmana se encuentran en el recinto del colegio Albaicín, en las proximidades del ya mencionado Castillo de Santiago, señalando estas estructuras los que debieron ser los límites de la Sanlúcar medieval cristiana (o al menos, de su ciudadela amurallada) en dirección a Jerez de la Frontera y a Sevilla, en el Camino de Sevilla. Otros restos de esta muralla cristiana de origen guzmano se dejan ver, insertos en el casco histórico de la ciudad (y objeto, en mayor o menor medida de algunas reformas) como en el caso del Arquillo de Rota, o la zona de la Fuente Vieja y la esquina de San Borondón, dejando huella en la toponimia urbana sanluqueña, como en el caso del Muro Bajo, o en el entorno de la iglesia de San Miguel, junto a la Puerta de Jerez.
 
La extensión del perímetro de la Sanlúcar medieval musulmana (el “hisn” sanluqueño) es, aún hoy, difícil de definir (habiendo sido abordada por no muchos investigadores, como L. Dahlmann o J.Mª. Hermoso, por citar algunos).En este espacio cercado, cuyo eje y espacio principal ha de encontrarse en la actual plaza de la Paz, la población islámica habría contado con mezquita propia (quizá se encuentre bajo la parroquia de La O) y, fuera de la cerca de muralla (pero quizá con cerca propia), o anejo a la misma (como en el caso de Vélez-Málaga), o incluso (aunque menos probablemente) dentro de la misma cerca, pero con espacio propio, habría existido un “ribat” (sobre cuya naturaleza y carácter trataremos en próximos párrafos), como afirman algunos estudiosos (como el profesor Juan Abellán, de la UCA) y se muestra en la web de la Fundación Casa Medina Sidonia (y como quien suscribe ha apuntado asimismo en diversas ocasiones, como -por ejemplo- en algunos artículos precedentes de esta misma serie), un ribat que probablemente se habría encontrado esquinado respecto al “hisn” o cerca amurallada de la ciudad, encontrándose situado (como decíamos con anterioridad) externo o frontero a la propia cerca amurallada, si no formando parte de la misma, en las inmediaciones de la actual Cuesta de Belén, sobre uno de los caminos de acceso a la población, no casualmente sobre el que se acercaba a la Sanlúcar medieval desde la ribera y la playa.
 
De esta forma, bajo la silueta del Palacio de Medina Sidonia e insertos en las que sin duda son algunas de las más viejas estructuras del gran edificio, hallaremos los vestigios del antiguo ribat (un edificio de naturaleza mixta, religiosa y defensiva, y de estructura bastante compleja y articulada en sí mismo), de forma que el monumento palacial que conocemos conserva su espíritu como núcleo de poder, primero islámico y después cristiano (de la mano de los señores cristianos de Sanlúcar de Barrameda, los Guzmanes). Algunos de estos vestigios se muestran de manera evidente, como las puertas con arcos apuntados, que pueden datar de los siglos XI-XII, y que todos conocemos, pero otros, como las estructuras constructivas en las que se insertan dichas puertas (hoy galería y cafetería del Palacio) pueden albergar algunas de las claves esenciales del antiguo ribat, del que habrían (en una u otra medida) podido formar parte (sin menoscabo de la existencia de una alcazaba -más que un alcázar- en el entorno y las inmediaciones del “hisn”, una alcazaba que pudiera haberse desarrollado sobre, o junto a, las estructuras del viejo ribat).
 
Del mismo modo, y bajo la estructura de la parroquia de Nuestra Señora de La O, en su seno y aledaños y en los espacios que la enmarcan y envuelven (como los patios, su atrio, y sus zonas anejas), podría hallarse el “fantasma” de lo que fuera la mezquita de la ciudad. Ambos edificios, ribat y mezquita (amén de la posible alcazaba posterior al ribat), siguen hoy como hace mil años, fundidos en un sólido abrazo: sus estructuras se abrazan en una suerte de danza de piedra que no se ha detenido en cientos de años, dando forma a una de las esencias de la identidad de este “Santo Lugar” que, como es sabido, hunde sus raíces en un pasado tan brumoso como remoto.
  
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