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Apuntes de Historia XXIX
 
 
 
 
 
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21 de Julio de 2013
La Diosa de La Algaida" (II)”
Manuel Parodi.-.Hemos venido dedicando los últimos párrafos de esta serie al Santuario de La Algaida, al “lucus” o bosque sagrado que existiera en este espacio natural hace un par de milenios y al santuario dedicado a una divinidad de naturaleza femenina que hoy es el yacimiento arqueológico de La Algaida; en el texto que precede a éste centrábamos nuestro interés en la figura de la Diosa de La Algaida, una imagen aparecida en el seno de este antiguo espacio sagrado, hoy perteneciente al término municipal sanluqueño, de la Punta del Monte.

Volveremos más adelante a abordar el tema, siempre interesante, del yacimiento de La Algaida, su relación con el “castellum Eborae” de las fuentes, y el posible rol desempeñado por ambos lugares en el marco general de las relaciones entre fenopúnicos y turdetanos, lo que es decir, entre los territorios de la actual provincia gaditana (y aún más allá de ésta) articulados en torno a dos núcleos de poder en la Antigüedad prerromana: la ciudad fenicia de Gadiry la indígena Hasta Regia(o Asta Regia, en el moderno término municipal de Jerez de la Frontera), en el límite de cuyas respectivas áreas de influencia y control podrían encontrarse tanto el santuario algaideño (quizá adscrito al ámbito territorial gadirita) como la “pólis” o “castellum” de Évora, donde podría contemplarse quizá un núcleo de control situado en la zona limítrofe entre ambas zonas de influencia (la fenogaditana y la indígena hastense), o quizá un núcleo de control del territorio hastense en el Occidente de las tierras controladas por la referida ciudad de Hasta, como en el ámbito oriental de dicho “limes hastensis”, de dichas fronteras del territorio hastense, por así decirlo, pudiera haber sido la Turris Lascutana,).
 
Abordar la relación entre el santuario de La Algaida y Évora, en realidad, es abordar la cuestión de la relación entre los espacios de influencia fenogaditano e indígena-hastense en los momentos en los que Hasta se consolida como un poder con vocación de centralidad en tierras de la actual provincia gaditana (si se nos permite el salto cronológico), mientras la vinculación de la ya entonces vieja ciudad tiria de Gadircon el nuevo poder cartaginés se ve reforzada merced a la intensificación de la presencia púnica en el Suroeste de la actual Andalucía a caballo entre los siglos IV y III a.C.
 
Tendremos sin duda modo y ocasión de volver sobre todos estos temas en próximas ediciones de esta serie; en el capítulo que hoy nos ocupa retomaremos el asunto que comenzamos a abordar la pasada semana: la figurilla de la Diosa de La Algaida, ese hipotético botón de muestra del culto que pudiera haber recibido en este espacio sagrado una divinidad femenina, de naturaleza protectora y especial vinculación con la mar y la navegación.
 
Como es sabido, bajo las diversasdenominaciones de “Fósforo”, “Lux Dubia” o “Lucero”, empleadas por las fuentes antiguaspara referirse a dicha presencia divina de naturalezafemenina,en época romana encontramos a la diosa Venus comoprotectora de navegantesymarinos. Esta Venus Marina habría reinado sobre las arenas y aguas de la marisma (tan diferente entonces dehoy día) hace dos mil años.
En estas tierras hallamos, así pues, una presencia divina femenina, entre cuyas virtudes estarían las apotropaicas, la protección y cuidado de la vida humana. De esta divinidad femenina se conservado una imagen procedente del yacimiento arqueológico de La Algaida, el original de la cual está en el Museo Provincial de Cádiz, mientras en Sanlúcar existe una copia, una gran desconocida que se conserva en “La Fábrica de Hielo”, Centro de Visitantes del Parque Natural de Doñana sito en el sanluqueño barrio marinero de Bajo de Guía.
 
Como señalábamos la semana pasada, la “Diosade La Algaida”esuna figurilla cerámica, cuyas dimensiones son unos 21 cm. de altura por unos 8,5 cm. de anchura máxima, que representa una figura femenina vestida, joven,y quesostiene en sus brazos a una figura infantilque se presenta de frente y desnuda, conuna simbologíasugerente y recurrentedesde la Antigüedad.Esta terracota ha sido interpretada como la representación de una divinidad de naturaleza protectora a la que podría haber estado dedicado el santuario de La Algaida, como la diosa de la Luz.
 
Señalábamos en los párrafos del anterior artículo algunas referencias bibliográficas básicas en el tema de la Diosa de La Algaida (del profesor y arqueólogo Ramón Corzo, excavador del yacimiento en los años 70-80 del siglo pasado, fundamentalmente), mencionando igualmente que a la misma dedicamos nuestra atención en sendas conferencias pronunciadas en Cádiz (Museo Arqueológico) y Sanlúcar de Barrameda (Biblioteca Municipal “Rafael Pablos”), en 2010 y 2011 respectivamente.
 
Lo singular de esta pequeña imagen estriba en que si bien su iconografía (la diosa-madre con niño en brazos) puede remontarse a modelos ideológicos varios milenios más antiguos que ella misma, sumándose a una tradición del Próximo Oriente, Egipto y Mesopotamia (recordemos al respecto sólo a la diosa-madre egipcia Isis, que sostiene en sus brazos al niño-dios Horus, la estética de la figurilla de La Algaida, su constitución formal, nos lleva hasta Grecia, hasta las tanagras beocias del siglo IV a.C., estatuillas funerarias de esta región del centro de la Hélade continental europea (Beocia) contemporáneas (grosso modo) de la Diosa de la Algaida y con las que se compenetra esta última plenamente en lo formal.
 
La que conocemos como época helenística, que formalmente se extiende entre la muerte de Alejandro Magno y el ascenso de la República romana a la hegemonía en el Mediterráneo (esto es, entre los siglos IV y II-I a.C.), constituye un momento de fusión cultural, de plasmación y cristalización de lo que algunos se atreverían a calificar como “fusión cultural” en el ámbito mediterráneo y próximo oriental, en el que mundos originalmente distintos culturalmente como el fenopúnico, el heleno y el romano, por ejemplo, comienzan a mostrar elementos estéticos comunes en mayor medida, unos elementos comunes que se desarrollan bajo el barniz del helenismo, de una cultura griega postclásica que ha trascendido sus límites físicos e intelectuales para convertirse en una “cultura franca”, que impregna -con mayor o menor fortuna- el ámbito geográfico que venimos mencionando.
 
En este contexto cultural helenístico, en el que se mezclan las raíces púnicas e indígenas con  los barnices helenos aparece la Diosa de La Algaida, respondiendo a todas estas premisas. Y no aparece sola Junto al ejemplar de Sanlúcar, que se pensó fuera un “unicum” contamos con diversas estatuillas de la misma naturaleza formal, estética e ideológica aparecidas en el Sur de la Península Ibérica; así, de una parte, la figurilla de La Algaida, y los fragmentos de las dos figuritas de Cádiz (descubiertas recientemente en San Severiano y en la Barriada de Andalucía y estudiadas por la profesora Ana Niveau, de la Universidad de Cádiz), la conservada en el Museo de Jaén (de procedencia incierta) y la del valle de Abdalajís (Málaga), hallada en el siglo XIX y conservada en el Museo Arqueológico de Sevilla.
 
Estas circunstancias han llevado a pensar, en relación con las figurillas como la Diosa de La Algaida y las restantes mencionadas, en una producción estandarizada mediante el uso de diferentes moldes con características comunes, e incluso en la existencia de un taller occidental de figuras femeninas estantes con niños (con las piezas de La Algaida y Cádiz como fruto de dicho “taller”), un taller que habría podido existir en Cádiz (Gadir) desde donde las figurillas se habrían extendido geográficamente.
 
Como vemos, será necesario reconsiderar la singularidad de la Diosa de La Algaida a la luz de su puesta en relación con otros ejemplos andaluces, especialmente en el caso de los fragmentos gaditanos estudiados por la profesora Niveau (a cuya amabilidad debemos las referencias relativas a los mismos). Evidente el barniz helenístico, el parentesco con las tanagras beocias, y su herencia ancestral, que hunde sus raíces en las diosas madres antiguas. Abundaremos en ello próximamente.
 
 
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