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Martín Miguel
 
 
 
 
   
 
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10 de Julio de 2010

En primer plano y detrás de la carretera, parcelas sin urbanizar en Martín MiguelMartín Miguel: El mortecino languidecer de una urbanización

Muchos son ya los años que empezó el sueño alfonsino de un príncipe germano-español que se rindió a los encantos que desde los pequeños hachos de albariza se divisaban en el azul  Atlántico sanluqueño y el verde parque nacional desde su entrada, así al menos lo promociona esta ciudad: "Sanlúcar puerta de Doñana".Los políticos de entonces, y los de ahora, que solo piensan en el bien de sus administrados no dudaron en afirmar que Martín Miguel sería la salida natural a la siempre deprimida Sanlúcar, aportando miles de puestos de trabajo.
La nefasta gestión que los responsables privados y públicos han hecho de este enclave urbano situado en el pre-parque de Doñana es más que evidente en los resultados desde sus comienzos y como llueve sobre mojado la crisis ha enterrado definitivamente el desarrollo de una urbanización que tenía todo lo necesario para que entre unos y otros no la arruinaran.

La inmensa urbanización se encuentra actualmente con los mismos accesos que cuando se construyó, camino rurales semiasfaltados en el que las posibilidades de accidentes por el estado de las vías pecuarias o el tránsito de animales, son importantes si se desconoce ese dato y la zona, a la que los sanluqueños ignoran, al igual que ellos fueron ignorados cuando promotores y especuladores creyeron atar los perros con longanizas con las suculentas y presuntas riquezas aportadas por la venta de parcelas y casas, cerrando a cal y canto la urbanización a los lugareños.

Cientos de parcelas duermen el sueño de los justos llenas de cardos borriqueros y otras hierbas en las que afortunadamente la liebre, el lirón careto, el lagarto, serpientes  y aves siguen encontrando el cobijo que siempre tuvieron en este ecosistema.

Los caracoles, abudantísimos ellos, son rebuscados y  recolectados por algunos sanluqueños que ven a este gasterópodo como otra fuente de proteína para llevarse a la boca o venderlos en los muchos bares de la ciudad, sin importar mucho las fumigaciones de herbicidas realizadas en la zona por la empresa gestora de este macro invento urbanístico.

De las viviendas construidas solo una pequeña parte están habitadas y en su mayoría por foráneos enamorados de Sanlúcar que tienen aquí su segunda residencia, mientras que los sanluqueños somos rara avis en nuestro lugar de nacimiento. Las calles de Martín Miguel se encuentran generalmente bien adecentadas, menos mal que al no estar recepcionada “aún” el mantenimiento de ellas lo realiza la Junta de compensación de los vecinos que últimamente se han cambiado a Entidad urbanística colaboradora, otro invento para seguir siendo urbanización privada a la fuerza con una pequeña tutela del ayuntamiento.

Difícilmente sus habitantes, pocos, se ven por sus calles y solo la presencia de vehículos estacionados en sus calles nos alertan que efectivamente esto parece una urbanización fantasma, pero no lo es, alguien vive por aquí.

Los golfistas venidos de otros lugares, principalmente los domingos, ponen un toque humano con el trasiego de sus carritos eléctricos a uno y otro lado de la alfombra verde y cuidada del césped del campo de golf, pelín incívicos un número importante de ellos con sus grandes autos ocupando el acerado y la principal rotonda de la Avenida Principe Alfonso  junto a un desierto parking que los organizadores y responsables del campo ponen a su disposición, justo enfrente.

Los negocios, salvo el bar frecuentado por estos deportistas, no existen, a lo sumo otros dos bares de copas a la entrada de la urbanización con escasa clientela y con algún pasado tumultuoso y escandaloso que los vecinos, después de mucho, han conseguido “normalizar” ya que las molestias eran muchas y continúas.

Ningún emprendedor con dos dedos de frente pone una peseta en Martín Miguel, porque las posibilidades de fracasar son altas y no está la cosa para tirar el dinero en un lugar, el más tranquilo de Sanlúcar, eso sí, que intenta remozar nuevamente su glamoroso “look” con los vigilantes de seguridad a la entrada de la zona y con el cierre de una cancela que solo permitirá la entrada y salida por la Carretera del Práctico a los usuarios y propietarios de las casas o parcelas.

Cree Tenfa, la promotora, y algunos propietarios, que esa apariencia de seguridad mejorará la maltrecha imagen que  tienen de la urbanización los inversores, porque la mayoría de los sanluqueños solo revalidarán lo que ya pensaban de antes: “Eso está muy lejos, y ahí solo viven acaudalados y pijos”.

Los vecinos, que somos los verdaderos protagonistas de esta historia, seguimos siendo vistos como ciudadanos de segunda por la misma Tenfa y algún que otro trabajador, para el que prima más su dependencia laboral con sus jefes que la atención que debe de darle a los vecinos, mostrándose desconsiderado en el trato con los que al fin y al cabo pagan también una parte de su suculento sueldo.

El abandono de esta urbanización no solo es achacable a la administración local, las pasadas y la presente, sino que alcanza a otras administraciones estatales, tal es el caso de correos.

Los aledaños de Martín Miguel están llenos de casas ilegales en zonas rurales, a saber Camino de Sevilla y Callejón de la Paja, hasta donde los funcionarios públicos de esa administración arriban sin dificultad para acercar el correo, mientras que en esta urbanización los vecinos debemos de desplazarnos hasta las dependencias de esta administración en la Calle Correo para retirar nuestra correspondencia.

Mientras todas esas cosas sigan acaeciendo en este rincón de Sanlúcar, y nos tememos que seguirán, todos los esfuerzos que no estén encaminados en solucionar estos handicaps terminarán en un estrepitoso fracaso como lo sigue siendo hasta ahora la que estaba llamada a ser la joya de la corona de la ciudad de Sanlúcar que languidece en un crepúsculo interminable, sin que en el horizonte se oteen soluciones ni a corto ni a medio plazo.

En Martín Miguel los derechos legalmente reconocidos en materia urbanística o fiscal, por el pago de impuestos, siguen siendo una declaración de intenciones, algo que soporta el contribuyente para que se financien servicios a aquellos que dolosamente  no aportan nada al erario público, asegurándose el político de turno con su desidia el cautivo voto de estos ciudadanos.

En Martín Miguel la incidencia electoral en las municipales es casi nula al estar casi toda su población censada fuera de Sanlúcar. 

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