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Los macarras, los asesinos
 
 
 
 
   
 
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18 de Junio de 2010

GallardoskiVeremos a los asesinos entrar en el garito, pedir bebida dura y cara, los veremos matar con su mirada la inocencia del borracho solitario, de la joven seductora. Veremos a los asesinos ser más fuertes y más crueles cada día, soportaremos la mueca del asesino, la fuerza con que impone su dialéctica de navajas, pistolas y sangre.

Gallardoski.-Nosotros no hemos nacido para eso, no hemos crecido para pelear hasta la muerte por cualquier nimiedad, por cualquier anécdota nocturna elevada a trágica categoría. Veremos, de hecho lo hemos visto, al asesino partir contra el suelo una botella y dirigirse con los ojos inyectados de un odio incompresible a asesinar a un hombre desvalido, los veremos patear el cuerpo del que ha caído tras un puñetazo traidor, tras un botellazo cobarde.

Veremos a los asesinos seguir consumiendo la noche y sus substancias psicotrópicas, riendo sin que asome la conciencia tras el dolor infringido a cualquier pobre muchacho que haya podido caer en las fauces de ese monstruo insaciable de violencia y odio.

Veremos a los asesinos jaleados por la grey que les acompaña, veremos sus dedos anillados manchados de la sangre inocente del joven educado para la paz, la diversión, el juego.

Veremos a los asesinos en automóviles enormes y carísimos, imponiendo su ley del escándalo por la madrugada, los veremos embestir salvajemente con sus carísimos y enormes artefactos contra cualquiera que les censure su conducción, su tumulto, su mala educación.

Nosotros no hemos leído, cantando, escrito, viajado, para eso. Para morir en un semáforo porque los asesinos no aceptan que censuremos su espantosa ordinariez.

Nosotros hemos criado a nuestros hijos para que nos besen, para que sean besados, para que conozcan cada día la hermosa legitimidad moral de la caricia, para que cuando alguna cosa nos salga bien podamos abrazarnos sin pudores.

Veremos a los asesinos perseguir a algún chiquillo aterrado por las desoladas plazas de la noche, veremos a los asesinos incapaces de asumir el rechazo de sus novias, veremos a los asesinos pegar a sus mujeres, follarlas como trozos de carne, someterlas al imperio repugnante de la brutalidad y el horror.

Los asesinos crecerán tras una singladura de trapicheos, de engaños, de palizas, de odio y derramada bilis. Habrá una parte del mundo habitada exclusivamente por los asesinos, una parte del mundo colmada de arañazos y bofetadas, una parte del mundo en las que los asesinos sigan siendo cobardes y traidores. Una parte del mundo en la que los asesinos se sientan reconfortados frente a la fascinada muchacha que ha buscado al cafre más abrupto de la manada para sentirse poseída como una cabra, segura entre los musculosos brazos del asesino.

Nosotros no queremos vivir en esa parte del mundo. Venimos del mismo sitio, del mismo arroyo pero queremos vivir para crear una alegría, para sentarnos a mirar el crepúsculo algunas tardes, para pasear con muy poco dinero y disfrutar de los días por amargos que sean los tiempos.

Nosotros no somos asesinos.

 
 
   
 
     
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