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El orgullo de ser ciudadanos de primera
 
 
 
 
   
 
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24 de Junio de 2016
¿Y el 26J qué me pongo?
Pepe Fernández.-Hasta hace poco el bipartidismo había convertido la respuesta a esta sencilla pregunta con una respuesta bicolor, principalmente gracias a  una injusta y nada equitativa Ley electoral que a falta de mayorías absolutas buscaba siempre el apoyo de los nacionalismos periféricos y de esos polvos vinieron esos lodos.
Como cualquiera debe saber ya a estas alturas, el desequilibrio cromático de los rojos y azules ha sido solo el descontento de generaciones de españoles que no aceptan de ninguna de las maneras la prepotencia y abandono de los que gobernaron España en las últimas décadas. Todos proceden del movimiento 15M, la semilla que germinó gracias a los recortes y despropósitos de un gobierno, que aún hoy, se enroca en su gestión económica anunciando que el no haberlo hecho solo habría traído a España el rescate y las mismas penurias que ahora sufre el pueblo griego aunque en realidad el rescate fue a la banca española, contagiada al igual que nuestros gobernantes de esa soberbia que les insufla “coraje” para ser rescatado con dinero público y a continuación dar consejos para que desde el Gobierno se insista y persevere en las “reformas”.

Otra vuelta de tuerca a un lenguaje malvado que hace del eufemismo una herramienta eficaz y capaz de convencer a la ciudadanía que es lo mejor para no descarrilarse de la senda de la creación de empleo, crecimiento económico, etc. y todo a pesar  que la tercera parte de la población española está al límite de la pobreza. El apoyo a las privatizaciones en detrimento del estado del bienestar para que el dinero público fluya en aquella dirección y no en la otra, el miedo a lo que pueda venir y el pánico a perder el poder, además de las continuas mentiras e incumplimientos electorales, sazonado con el inestimable apoyo de las instituciones del estado para infundir miedo al adversario político al que pretende alejar de las opciones independentistas, son las bazas de un Partido Popular que según los últimos sondeos volverá a ganar las elecciones el 26J.
 
Frente a ellos, un exhausto e irreconocible PSOE que elección tras elección suelta el lastre ideológico por el  que apostaron los españoles  en varias ocasiones, hoy inerme, roto y desorientado  por el probable adelanto por las izquierda de otras fuerzas políticas, motivos más que suficientes para encontrarse atados de pies y manos ante unos hipotéticos pactos en los que serían meros figurantes si las encuestas, aquí también, se acercan minimamente a lo previsible, el sorpasso.
 
No están acostumbrados a pactar con fuerzas progresista, se agarrarán a un clavo ardiendo y pactarán, si los números se lo permiten, con  la descafeinada derecha ahora, como lo hicieran en el pasado con nacionalistas vascos o catalanes, siempre con la derecha, el atajo natural para buscar sus apoyos parlamentarios. La opción de forzar las terceras elecciones se baraja ya en Ferraz.
 
La marca Ciudadanos, la familia catalana del PP, el postureo y la telegenia, a lo que habría que añadir la suma de los retales patrios de advenedizos de partidos locales abocados al fracaso, otrora “independientes”, alentados por la llamada del poder para seguir viviendo de “esto” mientras dure, algo que se vislumbra improbable a medio plazo, repetirán en numero de  votos, también según las últimas y principales encuestas de este país.
El líder catalán  mantiene el pulso a todos por la derecha y por la seudo izquierda, pero sin posibilidades reales para imponer sus políticas que en nada difieren de las ya ejecutadas por el PP. Se amoldarán a lo que diga el “otro”, algo bien aprendido en Sevilla o en Sanlúcar, política habitual de paniaguados y arrivistas.
 
Finalmente, el frente popular de izquierdas entre Podemos y sus confluencias más el millón de votos que representa a Izquierda Unida, sumarán lo suficiente para que Pablo Iglesias tenga la mayoría que le permita formar un gobierno progresista al que con toda seguridad los socialistas les negarán su apoyo culpando a la nueva izquierda de cualquier consecuencia ó ecuación en donde la principal incógnita a despejar el camino hacia la Moncloa no sea el chamuscado Pedro Sánchez que más pronto que tarde será engullido por la realidad política de su propio partido.
La abstención sería suficiente para que gobernara la opción más votada con el apoyo de políticos titiriteros muy cómodos en sillones que siempre les vienen de perlas sea quien fuere el que se los ofreciera.
 
Si Tamayo y compañía en las autonómicas de 2003 se negaron a dejar la educación de sus hijos en manos de los comunistas, excusa a una presunta corrupción y traición política- y sirvió en bandeja  el poder en Madrid al PP, después de forzar unas nuevas elecciones, cualquier movimiento socialista será con toda seguridad beneficioso para la  derecha antes que someterse a la humillación de ver  a otro Pablo Iglesias enmendándoles el cuarto de la derrota ideológica forjada en más de cien años de Historia.
 
La vieja oxidada guardia, vestigios remanentes de Suresnes, y la ambiciosa Susana Díaz no les dará otra opción que beneficie a España y a los españoles apoyando a un gobierno progresistas en el que su líder, Sánchez, no llevara las riendas del caballo ganador.
 
Los españoles tendrán que elegir el próximo domingo a los que quieren revalidarse en su inoperancia y corrupción, a los que les cae grande la tan manida socialdemocracia y les sobra la misma corrupción y a los que creen firmemente que esta oportunidad podría llevarlos en volandas a La Moncloa o caer dignamente en el empeño de devolver a los españoles el orgullo de ser ciudadanos de primera.
 
 
   
 
     
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